Un relevamiento expuso la dura realidad que atraviesan los comerciantes en la capital riojana. Los altos costos de alquiler, la caída del consumo y el cambio de hábitos hacia polos comerciales periféricos configuran un escenario crítico que refleja la recesión a nivel nacional.
La recesión económica y la pérdida del poder adquisitivo continúan dejando su marca en el entramado comercial del país. Esta vez, la postal de la crisis llega desde la ciudad capital de La Rioja, donde un reciente relevamiento periodístico expuso un panorama desolador: 54 locales comerciales se encuentran completamente cerrados y vacíos en el microcentro de la ciudad.
El informe, realizado a lo largo de las principales arterias que conectan la Avenida Perón con la Avenida Gordillo, evidencia cómo la tradicional zona céntrica riojana está perdiendo su histórico vigor. El detalle calle por calle es contundente: vías clave como Pelagio B. Luna, San Nicolás de Bari y Rivadavia registran hasta 10 comercios cerrados cada una. Otras arterias como Vélez Sarsfield, Alberdi y Bazán y Bustos suman 7, 6 y 5 persianas bajas, respectivamente. Incluso en las peatonales, históricamente el corazón del consumo local, se reportaron locales vacíos en calles como 25 de Mayo y Joaquín V. González.
Las causas: alquileres asfixiantes y nuevos hábitos
Detrás de este éxodo comercial se esconde una combinación letal para los emprendedores. Por un lado, el costo de los alquileres, gestionados mayormente por inmobiliarias, se ha vuelto insostenible. Un dato que grafica la asfixia del sector es el testimonio de un comerciante que aseguró necesitar trabajar 18 días del mes exclusivamente para cubrir un alquiler de 5 millones de pesos, dejando un margen de rentabilidad mínimo para subsistir e invertir.
Además del factor estrictamente económico, el fenómeno también responde a una marcada descentralización del consumo. La incomodidad para estacionar en el centro y los horarios comerciales acotados impulsaron a los ciudadanos hacia nuevos «polos comerciales» en los barrios. Zonas del sur de la capital, como la Plaza Trento o avenidas como Ortiz de Ocampo y Homero Coronel Montes, han absorbido gran parte de la demanda, ofreciendo una amplia variedad de negocios sin la necesidad de trasladarse al casco histórico.
El termómetro de una crisis que resuena en todo el país
El panorama se agrava al observar que la tendencia no parece detenerse en los cierres ya consumados: el relevamiento detectó que otros cuatro comercios de la zona ya exhiben carteles de liquidación total de mercadería en sus vidrieras, el ineludible paso previo a bajar la persiana. Aunque algunos pocos locales han intentado reinventarse cambiando de rubro —como antiguas confiterías que hoy se transformaron en locales de ropa económica —, el balance general en el microcentro es de una circulación peatonal y vehicular notablemente baja.
La imagen de las peatonales riojanas con negocios vacíos no es un hecho aislado, sino un reflejo fiel de una problemática que escala a nivel nacional. El estancamiento del consumo y la brutal presión de los costos fijos están reconfigurando la geografía comercial argentina, donde las zonas céntricas tradicionales sufren el mayor impacto de la crisis.