Inicio / Politica / De la desaparición al absurdo: el estremecedor relato de Jorge Yoma sobre su secuestro en La Rioja y el coraje de su madre para salvarlo

De la desaparición al absurdo: el estremecedor relato de Jorge Yoma sobre su secuestro en La Rioja y el coraje de su madre para salvarlo

A días de conmemorarse el 50° aniversario del 24 de marzo de 1976, el histórico dirigente peronista riojano reveló detalles inéditos de su detención en Chilecito. Los letales “errores” de los grupos de tareas, los 20 días incomunicado en un centro clandestino y la surrealista anécdota de cuando tuvo que presentarse ante Inteligencia armado con una ametralladora.

A escasas horas de que la Argentina conmemore el 50° aniversario del último golpe de Estado, la memoria histórica vuelve a abrirse paso desde el interior del país con testimonios que exponen, en partes iguales, la brutalidad sistemática, la impunidad y la alarmante torpeza del terrorismo de Estado. A través de un extenso y profundo hilo en su cuenta de X (antes Twitter), el ex legislador y embajador riojano Jorge Yoma relató el calvario que vivió a partir de la madrugada del 24 de marzo de 1976, en un testimonio centrado en su Chilecito natal que hoy resuena con fuerza a nivel nacional.

El relato de Yoma transita por la oscuridad de la desaparición forzada, el dolor por los crímenes impunes, y culmina con un rescate heroico protagonizado por su propia madre, trazando una radiografía perfecta del horror que se apoderó de La Rioja y de toda la Argentina hace exactamente medio siglo.

La irrupción, el secuestro y «los burros» del terror

La fatídica madrugada del 24 de marzo encontró a un joven Yoma participando de una actividad cotidiana para la Juventud Peronista de la época: una peña folclórica en el Club Newell’s Old Boys (NOB) de Chilecito, organizada para recaudar fondos y mercadería para las familias más humildes.

La interrupción de esa vida comunitaria fue brutal. «Tipo 8 hs una patota de Gendarmería irrumpió violentamente en mi casa», relata Yoma. Fue subido por la fuerza a un camión Unimog, iniciando un periplo de terror. El grupo de tareas iba a la caza de dos de sus compañeros: “Pupo” Ramos y el “Pato” Riquelme.

Es en el Escuadrón de Gendarmería donde el terrorismo de Estado dejó ver su faceta más inepta, una torpeza que en aquellos años costaba vidas. Yoma recuerda haber escuchado los gritos desde su celda: “-¡Pelotudos! ¡Se equivocaron de ‘Pupo’!”. Los gendarmes habían secuestrado a Raúl (el «Pupo» grande) en lugar de a su hermano Fredy, el «Pupo» chico.

Cuando finalmente Fredy fue llevado a la celda, la pregunta de sus compañeros fue inevitable: “¡Boludo! ¿Por qué no te escapaste?”. La respuesta resume la tragedia de la época: “Porque si no me encontraban a mí, se lo cargaban a mi hermano”. Para Yoma, el recuerdo de ese compañero es imborrable: «¡Un tipo entrañable! ¡Abrazo al cielo, querido PUPO! (Lo que tenían de perversos y asesinos, lo tenían de burros)».

El «error» que costó la vida de las hermanas Waquim

El dirigente riojano trazó un paralelismo nacional y expuso cómo estas «equivocaciones» de las fuerzas represivas derivaban en matanzas atroces. Así recordó el trágico destino de las hermanas Waquim, jóvenes de una tradicional familia de Chilecito.

Fueron secuestradas, torturadas y asesinadas «sin tener nada que ver». Yoma subraya que este crimen fue reconocido por los propios genocidas —específicamente la patota del represor Héctor Pedro Vergéz— como “el error más grande que cometimos”. Este brutal dato histórico fue validado en los juicios de lesa humanidad por el testimonio de Graciela «La Gringa» Geuna, sobreviviente del campo de concentración «La Perla» en Córdoba.

«Tanto se equivocaron, que asesinaron 30 mil compatriotas; manga de sociópatas», sentenció Yoma, reafirmando enfáticamente la cifra histórica de desaparecidos en medio de los debates negacionistas que esporádicamente resurgen en la política nacional.

El calvario en La Rioja y la furia de una madre

A los pocos días de su secuestro en Chilecito, Yoma fue trasladado a la capital de La Rioja. Allí comenzó la etapa más oscura: estuvo 20 días virtualmente desaparecido, en condición de incomunicado, en la sede de Inteligencia del Ejército.

Fue entonces cuando emergió la figura de su madre, Elvira Bestani de Yoma, quien se convirtió en su salvavidas. «Mi mamá me salvó la vida (y de varios compañeros). Con increíble coraje se enfrentó con policías, gendarmes y milicos» recordó.

En una odisea desgarradora y solitaria, doña Elvira recorrió comisarías y cuarteles derribando puertas al grito de “¡Dónde está mi hijo!”. Su tenacidad la llevó a irrumpir ante la máxima autoridad militar local, el Jefe del Ejército, Coronel Osvaldo Pérez Malagamba. Según relataría luego su madre en la primera visita carcelaria, no dudó en increpar e insultar duramente al alto mando militar.

«Tal escándalo armó, que al final nos ‘blanquearon'», narra el ex embajador. Yoma «apareció» oficialmente como detenido en la Cárcel de La Rioja. El primer día de su blanqueo, un soldado chileciteño le acercó de contrabando un regalo de su madre que le devolvió el alma al cuerpo: un cartón de cigarrillos “Particulares 30” y un poema que decía:

“Yo tuve orgullo en la adversidad /

Le dio firmes perfiles a mi acento / > Y tengo una tenaz sensualidad… /

Crecer, hasta llegar al Firmamento…”

La dictadura al desnudo: una ametralladora en la sala de Inteligencia

Tras tres meses de prisión ilegal, la incansable lucha de su madre logró que la dictadura le otorgara la figura de «Libertad Vigilada». Yoma no podía abandonar Chilecito y tenía la obligación de presentarse periódicamente ante la Guarnición Militar en La Rioja.

Sin embargo, el destino y la burocracia castrense lo llevarían a protagonizar una anécdota que expone lo absurdo e hilarante de la maquinaria dictatorial. En 1978, a pesar de ser un ex preso político bajo estricta vigilancia por considerarlo un «subversivo», el Ejército lo convocó para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio (la «Colimba»).

El clímax de esta historia casi cinematográfica ocurrió un día en que Yoma se encontraba de guardia en el Distrito Militar. Sonó el teléfono: era su madre, avisándole que ese mismo día vencía el plazo para reportarse y firmar su control de «libertad vigilada».

Ni lerdo ni perezoso, el conscripto Yoma caminó hasta el Destacamento de Inteligencia para reportarse ante los mismos militares que lo espiaban. ¿El detalle? Entró con la ametralladora PAM reglamentaria colgada al hombro, provista por el propio Ejército.

«Decidí ahí nomás reportarme, para exponerlos en su estupidez. La cara de boludos que pusieron esos milicos al verme fue una delicia», relató con ironía. Los agentes de inteligencia se encontraron cara a cara, dentro de su propia base, con un «supuesto terrorista subversivo, armado hasta los dientes y conviviendo con ellos». El ridículo fue tal que la orden de control se esfumó en ese mismo instante. «No me citaron más», concluyó.

A medio siglo del inicio de la noche más oscura de la Argentina, Yoma cerró su testimonio con un sentido homenaje a la mujer que enfrentó a los fusiles con la fuerza de la sangre: «MAMÁ ME DIO LA VIDA Y LA DEFENDIÓ CON AMOR Y CORAJE INCREÍBLES. Y en ella, a todas las Madres y Abuelas que aún luchan por saber de sus hijos y nietos».

Un grito de #NuncaMás que, a 50 años, resuena desde el polvo riojano hacia toda la Nación.

Descubre más desde Rioja Política

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo