En una charla distendida, el presidente de la Cámara Baja repasó su pasado como emprendedor de «naranjú», reveló detalles de su dieta fitness, analizó la herencia de su padre Eduardo y su tío Carlos, y aseguró que ya trabaja como «el primer soldado» para la reelección de Javier Milei en 2027.
«No soy rosquero», dispara Martín Menem apenas pisa el set, aunque reconoce que convive en una «jungla» donde el diálogo es la única herramienta para sobrevivir. Con 51 años y una figura física que despierta suspiros y memes en las redes sociales, el presidente de la Cámara de Diputados se prestó a un mano a mano donde no esquivó ningún tema: desde su gastritis por el estrés político hasta su pasado vendiéndole revistas usadas a su propia madre en La Rioja.
Del «Naranjú» a la presidencia de la Cámara
Antes de ser la tercera autoridad en la línea sucesoria presidencial, Menem fue un «comerciante de raza». Recordó con nostalgia cómo en su infancia congelaba jugos «Naranjú» para venderlos en la puerta del colegio y cómo, por su sangre árabe-italiana, el emprendedurismo fue siempre su norte.
«Siempre quise ganar lo mío. De chico le vendía a mi vieja las revistas que ella misma compraba; se enojaba porque se las vendía antes de que terminara de leerlas», confesó entre risas. Ese espíritu lo llevó en 1998 a fundar su empresa de suplementos dietarios y barras de cereales (Ironbar), de la cual vive actualmente, ya que —según ratificó— sortea su sueldo de legislador entre los riojanos.
La herencia Menem y la «fiera» del gimnasio
Hijo de Eduardo Menem y sobrino del expresidente Carlos Saúl Menem, Martín asegura haber heredado la perseverancia y una regla de oro familiar: «No mirar el espejo retrovisor».
«Mi viejo es un tipo reeducado, impecable, nadie plancha las camisas como él. De ellos heredé el gusto por laburar mucho, sin mirar atrás. Si hay bronca, se da vuelta la página y se sigue», afirmó. Sin embargo, marcó una distancia con la política tradicional al recordar que él desembarcó en la gestión pública recién a los 47 años, casi por «casualidad», tras conocer a Javier Milei.
Sobre su estado físico, que suele ser tendencia en TikTok, Menem intentó desmitificar su rutina: «Voy al gimnasio una o dos veces por semana, no más. Es memoria muscular y alimentación sana. Desayuno huevos revueltos y a veces, por el ritmo del Congreso, almuerzo solo una barrita de cereales».
La batalla contra «la casta» y los empresarios «del zoológico»
Fiel al discurso libertario, Menem defendió a capa y espada la apertura económica del Gobierno. «Se terminaron los privilegios de los que cazaban adentro del zoológico», sentenció en referencia a los sectores empresarios que, según él, solo sobreviven gracias a las barreras arancelarias.
«Llegó la hora de competir. Los que nos dan consejos hoy son los mismos que chocaron la Argentina de frente. Queremos terminar con ese modelo donde la gente pagaba cuatro o cinco veces más por un celular para mantener a un grupito de vivos», sostuvo con firmeza.
Inflación, 2027 y un mensaje a la oposición
En el plano económico, Menem lanzó un pronóstico optimista: «La inflación de abril va a dar debajo de tres puntos y va en descenso». Para el riojano, Argentina está ante un «momento histórico» y comparó la situación previa del país con el destino de Cuba o Venezuela.
De cara al futuro político, no dudó en posicionarse: «Yo soy el primer soldado que va a militar la reelección de Javier Milei en 2027». Aunque aclaró que no tiene ambiciones personales de ser gobernador de La Rioja por el momento, admitió que el armado del partido a nivel nacional es su prioridad absoluta.
El «semáforo» de la rosca: de Lilia Lemoine a Marcela Pagano
Hacia el final de la entrevista, Menem se sometió a un juego de «roscas» para calificar a sus colegas:
- Lilia Lemoine: «Un 10. Incondicional, defiende las ideas como nadie».
- Miriam Bregman: «Un 5. Ideológicamente estamos a 250.000 kilómetros, pero el diálogo es razonable».
- Marcela Pagano: El silencio fue su respuesta. «No califica», sentenció, dejando en claro la tensión interna que marcó los últimos meses en el bloque oficialista.
Cerrando la tarde con una faceta inesperada, Menem se sentó al piano y demostró sus dotes artísticas interpretando una melodía ante la sorpresa de los presentes. Un hombre que prefiere «el sonido del silencio» pero que hoy, en el centro de la tormenta política, elige no callarse nada.
Frase destacada: «La inflación es como una anestesia: te dicen que el mes que viene te aumentan, pero cuando te llega, ya te superó. Nosotros vinimos a terminar con eso».