La Casa Rosada mantiene pisado el adelanto de $85.000 millones. Si el Gobierno nacional decide destrabarlo, las condiciones de devolución en el segundo semestre y una tasa de interés del 15% licuarían el beneficio. El desplome del 21,1% en las ventas de supermercados expone la crudeza de la recesión en el Norte Grande.
El prolongado silencio de los despachos de la Casa Rosada ha terminado por transformar una necesidad financiera extrema en un sinsentido político. El expediente por el cual el Gobierno de La Rioja reclama el envío de $85.000 millones en concepto de adelanto de coparticipación federal sigue durmiendo el sueño de los justos en la Secretaría de Hacienda de la Nación. Hoy, ante la desconexión absoluta entre el Palacio de Gobierno riojano y Balcarce 50, en el entorno del gobernador Ricardo Quintela ya no solo asumen que los fondos difícilmente lleguen, sino que comenzaron a analizar el peor de los escenarios: que, bajo las condiciones de la administración libertaria, recibir ese dinero ya no tiene ningún beneficio práctico.
La matemática financiera que manejan los técnicos de la Casa de las Tejas es cruda. Si el trámite se destrabara, por caso, en el mes de junio, el desembolso de la Nación se ejecutaría en tres cuotas consecutivas (julio, agosto y septiembre). Sin embargo, la letra chica del sistema de adelantos obliga a las provincias a reintegrar los fondos dentro del mismo año fiscal.
El diseño del esquema de reintegro que impone Buenos Aires neutraliza cualquier impacto positivo:
- Asfixia en el corto plazo: La provincia debería devolver el total del dinero durante el último trimestre del año (octubre, noviembre y diciembre).
- El costo del dinero: La devolución no es a tasa cero; incluye un interés estimado del 15%, un porcentaje que, en un contexto de bolsillos flacos, obligaría a un ajuste inmediato sobre otras partidas provinciales.
«Hoy la verdad no sabemos si tiene sentido que lleguen los fondos. Los necesitábamos, pero nuevamente se está incumpliendo. Ponele que avance en junio el trámite, se pagaría en julio, agosto y septiembre y debería devolverse en octubre, noviembre y diciembre y con un 15% de interés, un sinsentido», confiesan con extrema crudeza desde los pasillos de la gobernación riojana.
La hipótesis de la asfixia electoral y el «frente interno» libertario
Para Quintela, la dilatación del envío de fondos excede los argumentos técnicos del equilibrio fiscal que declama el presidente Javier Milei; se trata de una estrategia de disciplinamiento político con la mira puesta en las elecciones del año próximo. En la mesa chica del oficialismo provincial repiten como un mantra que no cederán a ninguna exigencia de subordinación ideológica: «Por las buenas podemos dialogar, por las malas nada», suele advertir el mandatario.
El malestar del quintelismo también se digita hacia el plano doméstico, apuntando de manera directa contra los referentes locales de La Libertad Avanza (LLA), a quienes acusan de festejar el bloqueo de recursos públicos como si se tratara de un triunfo partidario y no de un daño estructural al tejido social riojano.
En el diagnóstico del Palacio de Gobierno, el freno a los Aportes del Tesoro Nacional (ATN), la parálisis de la obra pública y el congelamiento de los fondos extra no castigan a la burocracia estatal, sino que impactan en una carambola destructiva sobre el sector privado riojano, que subsiste gracias a la liquidez que el Estado inyecta mensualmente en el circuito comercial a través de los salarios públicos. «En algún momento se les va a volver en contra», vaticinan en el peronismo local, apostando al desgaste del humor social.
El desplome de la microeconomía y la encerrona de la coparticipación
Debajo de la pulseada de alta política, la realidad macroeconómica de la provincia se mueve en un terreno pantanoso. Los números del propio Ministerio de Hacienda de la Nación confirman la pérdida sistemática de poder de fuego de las arcas riojanas:
| Variables Económicas (La Rioja) | Período (Abril 2025 vs. Abril 2026) | Impacto Real |
| Aumento Nominal de Coparticipación | +28,3% | Frente a una inflación del 32,1% |
| Pérdida Real de Recursos Provinciales | -3,8% | Caída neta del poder de compra del Estado |
| Consumo en Supermercados | -21,1% | Desplome directo en el consumo de alimentos |
El dato del desplome de más de 21 puntos en las ventas de los supermercados es el indicador más alarmante de la profundidad de la recesión riojana. Explica, además, por qué la provincia ha decidido blindar la paz social garantizando que el aumento salarial anunciado para julio —a cobrarse en agosto— se pagará de manera exclusiva con fondos propios, despegándolo de la suerte del auxilio nacional.
Sin embargo, los técnicos del Ministerio de Hacienda provincial miran las planillas con extrema preocupación. Sin el auxilio nacional y con un goteo coparticipable que pierde sistemáticamente la carrera contra la inflación, el margen de maniobra para otorgar una suba salarial significativa es cada vez más estrecho. La Rioja se encamina a transitar el segundo semestre bajo una economía de guerra: administrando pesos devaluados, soportando una caída brutal del consumo y asumiendo que la autonomía política frente a la Casa Rosada se paga con el precio de la escasez.