El refugio de los «Chachos» y la trinchera sindical de Quintela

El gobernador riojano busca consolidar su alianza con la CGT local frente al ajuste de la Casa Rosada; el aval a los bonos provinciales como el eje de resistencia económica.

En el ajedrez de la política norteña, la resistencia a las reformas estructurales del Gobierno nacional ya no solo se dirime en los tribunales o en los despachos del Congreso, sino en la capacidad de los gobernadores para blindar sus propios territorios con herramientas heterodoxas. El reciente encuentro del mandatario riojano, Ricardo Quintela, con la cúpula local de la Confederación General del Trabajo (CGT) expone una foto de alto contenido político: la consolidación de un pacto sindical para sostener el consumo y el empleo a través de la emisión cuasi-monetaria.

«Defender el trabajo es defender la dignidad de las riojanas y los riojanos», ensayó Quintela en sus redes sociales tras recibir a los caciques sindicales. El mensaje, lejos de ser un mero formalismo de gestión, busca blindar internamente un esquema económico provincial que la Casa Rosada observa de reojo y con severo sesgo crítico.

El bono como bandera de paz social

El dato central de la reunión no fue la previsible catarsis compartida sobre el impacto de las políticas macroeconómicas nacionales, sino el explícito respaldo de la central obrera a la vigencia de los «Chachos». Los Bonos de Cancelación de Deuda (BOCADE), que nacieron como una respuesta de emergencia ante el recorte de fondos discrecionales por parte de la Nación, se han transformado en el principal combustible para dinamizar el alicaído comercio de la provincia.

Para el quintelismo, el aval de la CGT a los «Chachos» representa un triunfo político crucial:

  • Legitimidad interna: El respaldo del sector gremial amortigua el descontento que suele generar el pago de salarios con cuasimonedas y neutraliza los cuestionamientos de la oposición local.
  • Sostenimiento del consumo: Al ser aceptados en comercios y utilizados para el pago de servicios públicos locales, los bonos actúan como un paliativo que evita —por ahora— un enfriamiento total de la actividad económica riojana.

La trinchera federal ante el ajuste

La foto de Quintela con los gremios expone también la estrategia del riojano para sostener su centralidad en la Liga de Gobernadores del peronismo. Privado de los flujos de transferencias no automáticas que alimentaban las arcas provinciales en administraciones anteriores, el mandatario provincial apuesta a construir una «trinchera federal» basada en el consenso de los sectores productivos y del trabajo formal.

Sin embargo, esta estrategia de resistencia encierra sus propios desafíos de mediano plazo. La emisión de cuasimonedas tiene límites técnicos claros y la viabilidad de los «Chachos» depende de la confianza del mercado minorista y de la capacidad de la provincia para rescatarlos llegado el momento.

Al exhibir el acompañamiento de la CGT, Quintela le envía un mensaje nítido a Buenos Aires: en La Rioja, el costo del ajuste nacional intentará ser absorbido por una red de contención política y gremial que no está dispuesta a ceder los resortes de la economía local sin dar batalla.