El intendente de la capital riojana y dirigente clave del oficialismo provincial pateó el tablero al cuestionar las fronteras fijadas en 1968 durante la última dictadura. Aseguró que se trata de un «acto de facto» y alineó su reclamo con la conducción del gobernador Ricardo Quintela.
Una vieja disputa limítrofe en el corazón del Norte Grande argentino volvió a encenderse con fuerza. El intendente de la ciudad de La Rioja, Armando Molina, lanzó una fuerte ofensiva política y comunicacional para reclamar la revisión de las fronteras con la vecina provincia de San Juan, denunciando formalmente que su territorio sufrió un «despojo» histórico que debe ser subsanado de manera urgente.
A través de un encendido descargo en sus redes sociales, acompañado por cartografía histórica de la región, el jefe comunal capitalino llamó a los ciudadanos a reabrir el debate por la soberanía territorial.
«Riojanos, recuperemos lo nuestro… Este mapa es el reflejo de los límites históricos de nuestra provincia antes del despojo territorial que durante muchos años nos intentaron instalar», disparó Molina sin rodeos.
Para el influyente dirigente peronista, la avanzada no es solo un trámite administrativo, sino una causa de Estado: «Recuperar y defender nuestro territorio es un acto de soberanía, identidad y memoria».
El origen del conflicto: un decreto de la dictadura militar
El nudo del reclamo que plantea La Rioja se remonta a fines de la década de 1960. Molina fue explícito al señalar que la delimitación geográfica actual carece de la legitimidad institucional necesaria, apuntando de lleno contra las resoluciones tomadas por la dictadura de Juan Carlos Onganía.
“Los límites fijados en 1968 nacen de un acto de facto, sobre una disputa histórica previa, con zonas mal resueltas», argumentó el intendente.
En ese sentido, Molina recordó que la Carta Magna es sumamente clara sobre qué estamento institucional debe resolver el conflicto definitivo de tierras que hoy separa a ambas provincias cuyanas: «Sólo el Congreso Nacional tiene competencia constitucional plena para revisar y fijar definitivamente los límites provinciales”.
Cuatro ejes clave y el alineamiento con Ricardo Quintela
Lejos de circunscribir la discusión a un simple debate de mapas abstractos, desde el oficialismo riojano dejaron en claro que la disputa esconde una fuerte pelea de fondo por el control del suelo. Según detalló Molina, el reclamo contra San Juan se fundamenta en cuatro pilares urgentes:
- Historia: El respeto a los antecedentes coloniales y de la organización nacional.
- Identidad: El arraigo cultural de las poblaciones que habitan las zonas en disputa.
- Recursos: El acceso clave a tierras productivas, fuentes de agua y un subsuelo con enorme potencial minero y energético.
- Futuro: Las bases del desarrollo económico para las próximas generaciones de la región.
Hacia el cierre de su descargo, Molina buscó nacionalizar el conflicto y mandó un fortísimo mensaje de alineamiento político interno hacia el interior de la Casa de Gobierno riojana. Con la frase «¡RQ, planta bandera!» —en directa alusión a las iniciales del gobernador Ricardo Quintela—, el intendente capitalino unificó el reclamo territorial bajo la conducción del mandatario provincial.
«Defendemos La Rioja que fue, que es y que será», concluyó, dejando planteado un escenario de inevitable tensión política y legislativa con la provincia de San Juan que promete trasladarse de inmediato a los pasillos del Congreso de la Nación.