En una semana cruzada por el reparto de cuasimonedas y un fuerte bypass de la Casa Rosada mediante la obra pública, Ricardo Quintela acelera su plan presidencial; la oposición afila sus listas y cruje el justicialismo local.
LA RIOJA.– La fisonomía política de esta provincia sumó en las últimas horas nuevos componentes que profundizan su distanciamiento del rumbo trazado por el gobierno nacional. Mientras el presidente Javier Milei apuntala variables de su programa económico apoyado en las reformas del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (Rigi), La Rioja opta por un repliegue sobre sus propias estructuras, levantando banderas de fuerte impronta ideológica setentista que la perfilan de manera nítida como una «isla» institucional de resistencia.
El plano de confrontación discursiva permanente con la Casa Rosada es la principal materia prima de la campaña con la que el gobernador Ricardo Quintela pretende disputar el liderazgo y la candidatura presidencial dentro del Partido Justicialista. En una réplica explícita a esa estrategia, el jefe de Estado ubicó a La Rioja en el lote de distritos «aislados» del flujo de capitales privados. «Por cuestiones ideológicas o por ponerse a todo lo que hace el Gobierno, están condenando a sus poblaciones», fustigó Milei, cuestionando que la Legislatura local —gracias a su abrumadora mayoría oficialista— haya clausurado de forma definitiva la adhesión al Rigi, obturando la llegada de inversiones mineras.
Para amortiguar los efectos de la recesión interna y contener los devaluados salarios de la administración pública provincial, la Casa de las Tejas formalizó el desembolso de una nueva recomposición que incluye el relanzamiento masivo de los bonos de cancelación de deuda («Chachos»). El uso de la cuasimoneda es defendido por los funcionarios riojanos como un dinamizador del consumo y la economía circular, pero desde el llano opositor lo interpretan como un disciplinador financiero ante el default de las arcas provinciales.
En este contexto de aislamiento autoinducido, La Rioja ha quedado marginada de los principales circuitos del turismo nacional de invierno, registrando una visitación baja que el oficialismo busca compensar con promociones subsidiadas. El movimiento más visible en la capital provincial no responde a contingentes recreativos, sino al desfile de delegaciones políticas, dirigentes gremiales y expositores nacionales convocados exclusivamente para dotar de volumen federal a la postulación del mandatario.
El show sucesorio y la subordinación partidaria
El despliegue de las ambiciones federales del gobernador obligó a forzar los marcos tradicionales de la gestión local. La reciente edición de la Feria del Libro trocó su habitual perfil cultural para convertirse en una pasarela electoral diseñada para el posicionamiento de Quintela y la unción anticipada de la diputada nacional Gabriela Pedrali como su sucesora natural para la gobernación en 2027.
Esta maniobra personalista provocó que la estructura tradicional del peronismo riojano quedara relegada al rol de un mero «convidado de piedra» frente a las decisiones de la cúspide. Los ministros del gabinete, carentes de agenda propia y replegados ante el inicio del receso invernal de dos semanas, limitan su participación a la disciplina de los actos institucionales.
La unción de Pedrali desató, no obstante, fuertes temblores en las terminales del PJ local. El prolongado silencio y la virtual desaparición de la agenda pública de la senadora nacional Florencia López alimenta las especulaciones sobre un profundo malestar en las filas de los dirigentes históricos. En paralelo, la vicegobernadora Teresita Madera ensaya complejos malabares políticos para contener el descontento de sus bases territoriales y evitar una ruptura explícita con Quintela ante lo que en el peronismo capitalino se percibe como una imposición vertical. Mientras la orden oficial es salir a buscar votos para la elegida, segundas líneas de la dirigencia herida expresan sus lamentos en el búnker del exgobernador Luis Beder Herrera, bajo la concreta advertencia de que cualquier disidencia los expone a un desplazamiento por decreto y a subsistir bajo las reglas de los devaluados bonos estatales.
Al emular la histórica construcción con la que Carlos Menem cimentó su proyección nacional desde el llano norteño, Quintela se recluye en su círculo íntimo para asegurar el control del feudo. Sin embargo, la herencia que pretende legar se asienta sobre bases frágiles y enfrenta desafíos institucionales inéditos.
El bypass de la Casa Rosada y las opciones de LLA
La principal estocada al relato de resistencia de la gobernación provino de un silencioso acuerdo técnico urdido en el Palacio de Hacienda de la Nación. En un movimiento de marcado pragmatismo, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, selló un pacto estratégico con el ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, para garantizar el financiamiento nacional de obras de infraestructura clave en la provincia.
La jugada representa un bypass directo a la administración de Quintela, ya que la Casa Rosada reactivará con fondos federales la finalización del estratégico gasoducto productivo a Chilecito —una obra que cuenta con el 97% de avance y cuya parálisis era denunciada penalmente por el peronismo— y ratificó el financiamiento de la traza vial hacia Sanagasta. Al asignarle todo el rédito político de la obra pública a Menem, el gobierno federal busca vaciarle la agenda de reclamos al gobernador y robustecer las posibilidades locales de La Libertad Avanza.
Con este espaldarazo financiero de la Nación, Martín Menem consolida su traje de candidato natural de la escudería libertaria para disputar la gobernación en 2027. No obstante, su postulación definitiva permanece sujeta al diseño macro de la Casa Rosada: en los despachos de Balcarce 50 no descartan preservarlo para integrar la fórmula presidencial como candidato a vicepresidente en una eventual búsqueda de la reelección de Javier Milei. Ante ese escenario, el armado de LLA en La Rioja ya tiene en funciones un «Plan B» corporizado en el diputado nacional Gino Visconti, encargado de articular las bases distritales para ofrecer una alternativa competitiva frente a la maquinaria electoral del justicialismo oficialista.