El director del Centro Comercial e Industrial, Juan Keulian, anticipó que el 80% de los negocios aceptará los bonos provinciales si la emisión es limitada. No obstante, alertó sobre las serias dificultades de las pymes para afrontar los gastos fijos y el pago de aguinaldos en medio de una profunda recesión.
LA RIOJA.– En medio de un escenario de extrema asfixia para la actividad privada, los representantes de los principales sectores económicos de esta provincia mantuvieron un encuentro clave con el gobierno local para analizar la puesta en marcha de los Bonos de Cancelación de Deuda (Bocade), popularmente llamados «Chachos», y evaluar medidas de alivio fiscal. Tras la reunión, convocada por el Ministerio de Hacienda provincial con las distintas cámaras empresariales, de la construcción y el sector minero, desde el ámbito mercantil manifestaron una mirada pragmática aunque cargada de preocupación por la subsistencia de los comercios minoristas.
El director del Centro Comercial e Industrial de La Rioja, Juan Keulian, se refirió al inminente circuito de circulación de la cuasimoneda y la postura adoptada por sus representados. «Mientras emitan una cantidad limitada de Chachos, se va a poder manejar bien el tema y no va a haber problemas», afirmó el directivo. Según sus estimaciones, «el 80% del comercio local lo va a aceptar» como medio de pago habitual, reconociendo que puede funcionar como una herramienta para reactivar de forma parcial el deprimido consumo de la provincia.
No obstante, Keulian aclaró que todavía resta definir la «letra chica» del instrumento financiero para conocer con precisión bajo qué condiciones se realizarán los rescates de los bonos y cómo se podrán utilizar para el pago de servicios y tributos provinciales, un trabajo de simulación técnica que actualmente lleva adelante el área de Hacienda. Asimismo, el representante gremial anticipó una excepción insalvable: las grandes cadenas comerciales no podrán recibir la cuasimoneda debido a que adquieren sus mercaderías fuera de la provincia y no cuentan con mecanismos para pagarles a los proveedores nacionales con estos títulos de circulación restringida.
Una moratoria amplia para mitigar el ahogo fiscal
Además de la implementación de los bonos, durante las conversaciones con el Poder Ejecutivo se abordó el diseño de una «moratoria amplia» orientada a descomprimir las deudas impositivas acumuladas por el sector productivo. La medida, que incluiría la condonación de intereses anteriores y el establecimiento de tasas de financiación accesibles, es vista con buenos ojos por la dirigencia empresarial.
«Es una idea que tiene el gobierno provincial, pero debe pasar por la Cámara de Diputados para su aprobación. Estimamos que, entre una cosa y otra, recién en agosto podría estar en vigencia», explicó Keulian, señalando la necesidad urgente de contar con un puente de auxilio ante la caída sostenida de la recaudación y las ventas.
Comercios en «etapa terminal» y deudas de aguinaldos
La predisposición del comercio a aceptar los bonos provinciales se inscribe en un cuadro de fragilidad financiera inédito. El titular de la entidad comercial trazó un panorama sombrío sobre la realidad diaria de las pequeñas y medianas empresas riojanas, al advertir que la recesión ya cruzó límites críticos.
«Estamos bastante mal en el sector y hay algunos comercios que están en etapas terminales, al borde del cierre, porque ya no les alcanza para cubrir los gastos fijos», alertó Keulian.
Uno de los principales síntomas de esta parálisis es la imposibilidad de cumplir en tiempo y forma con las obligaciones laborales de mitad de año. «Muchos comercios todavía no han podido pagar el medio aguinaldo de los empleados y están rascando el fondo del tarro para juntar la plata», reconoció el dirigente. Según detalló, los costos operativos actuales resultan asfixiantes para las estructuras pequeñas: «Hoy en día, un comerciante que tiene apenas dos empleados necesita entre seis y siete millones de pesos para afrontar sueldos, aguinaldos y aportes patronales. Es una cifra enorme y muy difícil de reunir con el actual nivel de facturación».
Finalmente, Keulian se refirió a otra variable que condiciona de manera drástica la rentabilidad: el costo de los alquileres en el microcentro de la capital provincial. Al respecto, cuestionó las posiciones de algunos propietarios que prefieren mantener los locales vacíos antes que negociar bajas en los cánones, favorecidos por la alta concentración inmobiliaria en la zona céntrica, y lamentó el escaso atractivo que ofrece el área urbana debido al mal estado generalizado de las veredas rotas. «Hay mucho trabajo por delante, pero hoy la prioridad absoluta es lograr, aunque sea, un parche que mantenga el sistema funcionando», concluyó.