El gobernador riojano invitó al líder de La Cámpora a los actos por el aniversario del asesinato de monseñor Angelelli; el trasfondo de una interna feroz que paraliza al espacio y la sombra constante de Cristina Kirchner.
En medio de una crisis de liderazgo que erosiona las bases mismas del peronismo, el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, ha decidido activar una audaz maniobra de diplomacia interna. Con el pretexto ecuménico e histórico de conmemorar los 50 años del asesinato de monseñor Enrique Angelelli, el mandatario provincial extendió una invitación formal a Máximo Kirchner para que visite el noroeste argentino. El objetivo de fondo excede largamente el homenaje religioso: Quintela aspira a erigirse en el articulador necesario de un espacio atomizado, intentando tender puentes en la descarnada batalla que sostienen el líder de La Cámpora y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof.
Fuentes del kirchnerismo confirmaron que el diputado nacional tiene previsto viajar a la provincia norteña, aunque se apresuraron a aclarar que el jefe camporista no será el único invitado de peso a las ceremonias. La efeméride posee una fuerte carga simbólica. El 4 de agosto de 1976, el entonces obispo de La Rioja falleció en la ruta 38, cerca de Punta de los Llanos, tras un supuesto accidente automovilístico mientras regresaba de celebrar una misa en El Chamical junto al vicario episcopal Arturo Pinto. La posterior investigación judicial, alimentada por el testimonio de Pinto —sobreviviente del hecho—, demostró que se trató de un asesinato perpetrado por la dictadura militar con el fin de silenciar las denuncias del prelado. Quintela pretende utilizar este marco de memoria compartida para sentar las bases de una tregua política.
La ambición del riojano de convertirse en el «médico de cabecera» del peronismo fracturado fue refrendada por su entorno. «Es verdad que Quintela viene trabajando muy fuertemente para unir lo que pareciera ser que está dividido», reconoció la senadora nacional Florencia López. La legisladora admitió la complejidad de la empresa, pero respaldó la estrategia del gobernador: «Hay que sentarse a hablar. Seguramente no nos vamos a poner de acuerdo en un primer momento, pero vamos a ir encontrando canales».
La raíz de la discordia
La tensión entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof alcanzó su punto de ebullición en las últimas semanas, espoleada por encuestas que vuelven a posicionar a Cristina Kirchner como la figura opositora con mejor medición en los sondeos de opinión. Este escenario envalentonó a la cúpula de La Cámpora para salir a cuestionar de manera frontal el proyecto presidencial de Kicillof, cuya postulación asomaba como la única certeza indiscutida y consolidada dentro de la estructura justicialista tradicional.
«Los que todos los días hablan de la unidad ni siquiera son capaces de ir a verla a San José 1111 para ver cómo está y si necesita algo, esa es la verdad», lanzó Máximo Kirchner en un claro tiro por elevación hacia el gobernador de Buenos Aires.
En su reciente derrotero por el interior bonaerense, que incluyó una escala en Carmen de Areco, el hijo de la exvicepresidenta no ha dejado dudas sobre su alineamiento absoluto, insistiendo en que su madre debe encabezar la propuesta electoral. Los dardos más envenenados se arrojaron durante un masivo acto en Lezama, donde Máximo Kirchner reprochó con dureza la supuesta indiferencia del kicillofismo respecto de la situación personal de la líder del movimiento, quien actualmente cumple arresto domiciliario en su residencia de la calle San José al 1100.
De proscripto a componedor
Para Ricardo Quintela, este rol de pacificador representa una notable pirueta política si se analiza su propio historial reciente con el universo kirchnerista. En octubre de 2024, el gobernador riojano tenía prácticamente pavimentado su camino para asumir la conducción formal del Partido Justicialista (PJ) nacional, con el decisivo auspicio del propio Kicillof. Sin embargo, la irrupción sorpresiva de Cristina Kirchner como candidata dinamitó sus aspiraciones y forzó un reordenamiento general.
En aquella oportunidad, la guardia pretoriana de La Cámpora le exigió una sumisión inmediata que Quintela y Kicillof rechazaron, marcando el inicio de la ruptura definitiva entre el mandatario bonaerense y el Instituto Patria. No obstante, el tiempo parece haber cicatrizado las heridas del riojano con la jefa del espacio. Quintela no solo restableció el diálogo, sino que visitó a Cristina Kirchner en su domicilio porteño y adoptó una postura de confrontación directa con la cúspide judicial. «A la Corte se la presiona primero tomando el poder y hablando con ellos», disparó recientemente el riojano, en sintonía con el histórico reclamo de la militancia dura de revisar la condena penal de la exmandataria.
El peronismo observa ahora el experimento riojano con una mezcla de escepticismo y expectativa. Mientras la provincia norteña se prepara para conmemorar el martirio de Angelelli, la verdadera feligresía política estará atenta a las fotos, las ausencias y los gestos subterráneos de una liga de gobernadores y dirigentes que busca desesperadamente un árbitro en su hora más incierta.