Según el INDEC, la utilización de la capacidad instalada cayó a uno de los niveles más bajos de los últimos años. La Rioja, donde el rubro textil concentra cerca de la mitad del empleo del Parque Industrial, aparece entre las provincias más expuestas por la caída del consumo y la apertura de las importaciones.
La crisis de la industria textil comenzó a reflejarse con mayor fuerza en los indicadores oficiales y vuelve a encender las alarmas en La Rioja, una de las provincias con mayor dependencia del sector manufacturero.
El último informe del INDEC reveló que en mayo las fábricas textiles utilizaron apenas el 42,2% de su capacidad instalada, lo que significa que casi seis de cada diez máquinas permanecieron sin producir.
El dato representa una caída de 5,2 puntos porcentuales respecto de mayo de 2025, cuando la utilización alcanzaba el 47,4%, y muestra un deterioro aún mayor si se compara con noviembre de 2023, antes de la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada. En aquel momento el sector trabajaba al 59,1% de su capacidad.
La diferencia resume el impacto que la recesión y la apertura comercial tuvieron sobre una de las ramas industriales más sensibles al consumo interno.
Para La Rioja, el dato tiene un peso especial.
La industria textil explica alrededor del 50% del empleo del Parque Industrial, por lo que cualquier retracción de la producción repercute directamente sobre la actividad económica provincial y el mercado laboral.
Durante los últimos meses, empresarios, sindicatos y el propio gobierno de Ricardo Quintela advirtieron sobre el aumento de la capacidad ociosa, las suspensiones y la pérdida de puestos de trabajo en un sector que históricamente fue uno de los principales beneficiarios del régimen de promoción industrial.
En la Casa de las Tejas atribuyen el deterioro a una combinación de factores: la fuerte caída del consumo, la apertura de las importaciones y el incremento de los costos de producción, un escenario que redujo la competitividad de las plantas instaladas en el interior del país.
Los números del INDEC parecen confirmar ese diagnóstico.
Con un mercado interno deprimido, las ventas de indumentaria continúan retrocediendo y las empresas producen muy por debajo de su potencial.
A ese cuadro se suma otro fenómeno que preocupa al sector: el crecimiento de las compras de ropa mediante plataformas internacionales, que presiona sobre los fabricantes locales y limita la recuperación de la producción nacional.
Paradójicamente, el rubro textil aparece además entre los que registran menores incrementos de precios dentro de la industria manufacturera, una señal de que las empresas tienen escaso margen para trasladar costos a los consumidores debido al derrumbe de la demanda.
La utilización de la capacidad instalada es uno de los principales indicadores para medir el nivel de actividad industrial. El relevamiento del INDEC se realiza mensualmente sobre unas 600 a 700 empresas de distintos sectores manufactureros y refleja qué porcentaje de la infraestructura productiva disponible se encuentra efectivamente en funcionamiento.
En el caso del sector textil, el 42,2% registrado en mayo confirma que la recuperación todavía está lejos y que buena parte de las plantas continúa trabajando muy por debajo de su potencial.
Para La Rioja, donde la industria sigue siendo uno de los principales generadores de empleo privado, el deterioro del sector trasciende el dato estadístico. La continuidad de la caída de la actividad amenaza con profundizar un escenario que ya combina menor producción, pérdida de puestos laborales y una creciente presión sobre el esquema de asistencia que la Provincia mantiene para sostener a las empresas radicadas en el Parque Industrial.
El desafío para la administración de Quintela será contener el impacto social mientras espera una recuperación del consumo que, por ahora, los indicadores oficiales todavía no muestran.