A más de cuatro mil metros de altura, la reserva de vicuñas y flamencos bautizada Laguna Brava es un paraíso semioculto en lo alto de la cordillera riojana. Sin embargo, la Secretaría de Ambiente autorizó que haya exploraciones mineras en esa zona.
En ese marco, el director general de Fiscalización Ambiental de la Provincia, Víctor Gigena, informó que en Laguna Brava se realizan trabajos de exploración además de investigaciones científicas.
Pese que en las alturas de la cordillera riojana, una laguna azul rodeada de sal duplica las siluetas invertidas de un centenar de flamencos rosados. Las aves, guardianes del silencio, permanecen indiferentes al avance de nuestro vehículo a través de la huella que bordea la laguna. En un marco de cumbres nevadas y suaves lomadas, un viento helado sacude sin pausa la escasa vegetación, compuesta por algunos molles y coirones secos de color dorado.
Avanzamos sin premura por un ambiente árido en extremo pero muy colorido, dispuestos a sumergirnos en un espejismo al que el hombre valorizó como reserva natural.
Laguna Brava es una reserva natural creada en 1980 para preservar las comunidades de vicuñas y guanacos que estaban al borde de la desaparición. La reserva tiene una extensión de cuatro mil cincuenta kilómetros y abarca además una serie de lagunas menores, formadas de manera temporal como consecuencia de los deshielos. Está ubicada al oeste de la provincia, abarca parte de los departamentos de Vinchina y Gral. Lamadrid, a cuatrocientos cincuenta kilómetros de la capital riojana.
El nombre de la Laguna Brava se debe a que es la más grande de la reserva, con una superficie de diecisiete kilómetros de largo por cuatro de ancho. Además de las vicuñas y guanacos, en Laguna Brava se protegen diversas especies de patos, chorlos, águilas moras, halcones, pumas y zorros colorados.


