Ramona Reyna pretendía abordar un colectivo en la ciudad de Córdoba con destino a la ciudad de La Rioja con menos de un kilo de la droga. Tiene 69 años.
María Ramona Reyna no puede escapar de su pasado. Más conocida en el ámbito del narcotráfico de Córdoba como «la Gorda Kika», volvió a ser detenida con cocaína en su poder, meses después de su liberación.
La mujer, de 69 años, fue detenida en la medianoche en la plataforma 26 de la Terminal de Ómnibus con 884 gramos de clorhidrato de cocaína de máxima pureza, según dijo a La Voz el director de Drogas Peligrosas, Daniel Nis.
Reyna estaba a punto de abordar un colectivo con destino a La Rioja cuando fue arrestada, luego de una investigación iniciada por un llamado anónimo. Se cree que la mujer pretendía vender el estupefaciente en la vecina provincia.
«Teníamos la información de que una persona conocida vinculada al narcotráfico iba a realizar un viaje llevando cocaína. Chequeamos en las empresas y comprobamos que estaba por viajar», explicó el comisario mayor.
La mujer quedó detenida a disposición del Juzgado Federal Nº2 de la ciudad de Córdoba.
El secretario penal del juzgado, Maximiliano Davies, dijo a este diario que incluso se allanó una vivienda de la mujer en barrio Müller, en la periferia este de la ciudad de Córdoba, pero no hubo secuestro ni de droga ni de documentación alguna.
Conexiones internacionales
La «Gorda Kika» tiene antecedentes que la vincula a redes internacionales de narcotráfico.
En 1987, el juez federal Raúl Sánchez Freytes la condenó a 20 años de prisión por integrar la denominada «Conexión Holanda», pero la Cámara le redujo la pena a 13 años y medio.
El 28 de abril de 2000 obtuvo la libertad condicional y cinco años después, el 13 de mayo de 2005, fue condenada a 8 años de prisión. La condena se le unificó en 18 años.
Dos hijos varones de Reyna fueron abatidos por la Policía de Rosario durante un robo a un banco. Sus hijas y hasta sus nietos estuvieron presos por narcotráfico.
Palabras
«¿Por qué otra vez, “Kika”?”.
Tras detenerla, los policías no aguantaron la curiosidad. La mujer de rostro con arrugas y pelo claro no se anduvo entonces con demasiadas vueltas para responder.
“Porque necesito la plata y no sé hacer otra cosa”.
Habían pasado pocos minutos de la medianoche del martes. Los policías de civil de Drogas Peligrosas subieron al ómnibus de larga distancia que, en la Terminal de Córdoba, estaba por partir hacia la ciudad de La Rioja. Fueron directo hacia el asiento de la mujer. Cuando los vio acercarse, no dudó de que esta vez, como otras, tampoco iba a zafar. Le pidieron sus pertenencias. Tomaron una bolsa de cartón en la que había ropa y algo más: 882 gramos de clorhidrato de cocaína envueltos.
“Kika” fue bajada del colectivo. Fue entonces que a uno de los policías le atrajo la duda. El diálogo, informal, extraoficial, no quedó asentado en ningún expediente. Pero existió, según revelaron fuentes oficiales.
La que respondió fue Ramona Reyna, la mujer conocida como “la Gorda Kika”, quien el pasado 11 de noviembre cumplió 69 años. Dos veces condenada por violar la ley de estupefacientes, es un triste ícono del auge del narcotráfico en Córdoba. Pasó gran parte de su vida en la cárcel y conoció prisiones de Holanda, Italia y España.
Prontuario. En 1987, la Justicia Federal cordobesa la condenó a 20 años de prisión por integrar la “Conexión Holanda”, una banda internacional de tráfico de cocaína. El 31 de marzo de 1997, la Cámara Federal de Córdoba le redujo la pena a 13 años y seis meses de prisión. El 28 de abril de 2000 salió en libertad condicional.
Sin embargo, “Kika” reincidió: el 21 de diciembre de 2003 fue sorprendida en el aeropuerto Taravella junto a tres personas a punto de viajar en avión con cocaína escondida rumbo a Madrid. Ellas y otras 10 personas fueron llevadas a juicio y el 13 de mayo de 2005, “Kika” fue condenada a ocho años de prisión, pena que se le unificó en 18 años, por violar la libertad condicional.
En 2009, cuando gozaba de salidas transitorias, brindó una entrevista a La Voz del Interior , en la que hizo un repaso de su vida delictiva. Una historia que dice mucho más que su prontuario.
Nació en un hogar pobre y pronto se volcó al delito. De adolescente, una tía le enseñó a robar en la modalidad de “mechera” y se convirtió en una experta ladrona que se fue del el país para recorrer el mundo. Buscada por policías de 10 países europeos, dijo que robó en las carreras de Fórmula 1, los festivales de San Remo y Cannes y hasta en el Vaticano. Conoció a “Ringo” Bonavena y a Jean Paul Belmondo, compartió un aeropuerto con Carlos Monzón y se fotografió con Diego Armando Maradona.
Familia en el delito. Su descendencia no escapó a su destino. Dos hijos murieron abatidos por policías de Rosario y su hija fue procesada por narcotráfico. Hoy, varios nietos y otros parientes están presos por droga y en la Policía la sindican como la cabeza del “árbol genealógico” del narcotráfico en la zona del cementerio San Vicente. “Cuando salga (de la cárcel) sé que tengo mucho para dar humanamente. Quiero dedicar lo que me queda de vida a una fundación, predicar todo lo que yo viví para que nadie vuelva a cometer mis errores”, aseguró en aquella entrevista de 2009.
En los últimos días, el dato anónimo llegó a los detectives de Drogas Peligrosas, según señaló ayer el comisario mayor Daniel Nis. “Kika”, de nuevo en libertad, había regresado a las andadas.
Bajo directivas del Juzgado Federal Nº 2, se diagramó el operativo que finalmente la sorprendió con drogas arriba del colectivo. “Kika” regresó a la cárcel y ahora se intenta establecer dónde se proveía de la cocaína y quién era el destinatario. Su domicilio de barrio Müller fue allanado, pero no se encontró droga alguna.



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