Vivir en el interior profundo las peleas intestinas son tan lejanas como el agua potable y la verdadera inversión en infraestructura. Se ponen contentos cuando llegan desde la Capital y se entristecen cuando los dejan solos. Piden que no se olviden de ellos y dejan mensajes todos los días con su pelea ante la adversidad.
Cada uno de los habitantes de la zona rural de la Capital escuchan radio y los que pueden ven televisión. Escuchan los grandes anuncios y las obras que vendrán, y hasta ven como se arrebatan las autonomías entre uno y otros.
Son luchas intestinas de la clase política, pero el quehacer diario los hace priorizar otras cosas. Desde este sábado tienen energía eléctrica, pero no cuentan con agua potable. Sus rutas son intransitables, aunque pasen camiones de Vialidad. Son verdaderos caminos de un safari, que no está en agenda de aquellos que solo tienen su mente en el domingo 27 de octubre.
Lloran en silencio y gritan en soledad sus problemas, pese que viven a menos de 50 kilómetros del centro de la ciudad. Son peleadores natos de lo diario, de levantarse temprano cuando la noche todavía está presente para llevar sus cabritos a lugares con agua y pasto.
Miran de lejos cómo emprendimientos tienen perforaciones y hasta energía eléctrica favorecidos por los beneficios promocionales. Eso no los detiene para seguir y luchar por un porvenir mejor.
Cantan y bailan en medio de la tierra polvorenta, comparten lo que no tienen: locro, empanadas y carne no están ausentes en las mesas de fin de semana. Son de corazón abierto y se ponen contentos cuándo llega alguien de la ciudad.
Son riojanos que tienen los mismos derechos que todos los demás, aunque no tengan señal en sus teléfonos celulares. Son esos mismos que en cada elección son vitales para votar.
Hay algunos que hablan que hay que llenarse de tierra los zapatos y ni conocen como llegar a la zona rural, castigada y olvidada.
No será el tiempo de dejar de crear obras faraónicas para favorecer a esos que hacen patria desde el «lejano» interior. No será tiempo que haya inversiones en infraestructura, como agua potable y rutas asfaltadas, que llevará el verdadero desarrollo.
Son tímidos habitantes de la zonas rurales, en este caso de la Capital, pero dan todos los días mensajes, que la vida no solo pasa por un cargo en la administración pública.
Se les llena los ojos de lágrimas cuando despiden a los capitalinos y les piden que no se olviden de ellos. Son esos mismos que muchos dicen conocer, pero solo lo saben porque les cuentan.














