Sucedió en Elinco Pinturas, a una cuadra de la plaza. Robaron casi $50 mil en efectivo, cheques por más de $300 mil, joyas y elementos de valor. La policía no sabe nada. La Justicia pidió silencio y los ladrones desaparecieron.
Estaba en la oficina del dueño del comercio Elinco Pinturas. Los delincuentes “saltaron la tapia, ingresaron por la puerta trasera, uno se metió por un ventiluz y les abrió la puerta a los demás”. Entre todos, alzaron la pesada caja fuerte de 300 kilos de acero (de más 150 años de antigüedad), y la bajaron por la escalera. Al salir, “con una maza destrozaron la cerradura”. A una cuadra de la plaza principal y de Tribunales, en pleno casco céntrico y con policías dando vueltas… nadie vio –ni escuchó- nada.
Sin dudas es el robo más grande en la historia de Chilecito, mientras la policía y la Justicia callan. Es el actual escenario luego que el fin de semana pasado, delincuentes ingresaran al tradicional comercio de pinturas, Elinco, sobre calle San Martín.
“Los dueños del negocio denunciaron que entraron personas desconocidas y sustrajeron la caja con más de 40 mil pesos en efectivo y muchísimos valores en cheques. Estamos recabando pruebas importantes que están siendo procesadas en este momento. Tenemos tres líneas de investigación en las que trabajamos para dar con él o los autores del hecho. La información es retaceada habida cuenta que estamos trabajando y la juez dijo que no brindemos mucha información”, informaba brevemente el jefe de la Unidad Regional II, comisario Carlos Madrid.
Lo llamativo es que un robo de esta magnitud, recién fuera dado a conocer el martes. Varios días después de perpetrado, mientras los medios trabajaron incansablemente para obtener mayor información e intentar alertar a la sociedad sobre la inseguridad que reina en el departamento. El argumento: “La juez dijo que no brindemos mucha información”.
“Nadie vio ni escuchó nada”. Por lo menos es la respuesta de la policía ante el requerimiento insistente de la familia, que en busca de una explicación, recurrió a la fuerza de seguridad. La misma que envió a los efectivos y aspirantes a recorrer las calles de la ciudad, porque desde la semana pasada, no pasan desapercibidos. Dos aspirantes en cada una de las equinas céntricas y otros tantos, recorriendo las calles. Pero… nadie vio nada.
Diario Chilecito accedió al lugar del hecho, e hizo el recorrido que realizaron los delincuentes. La caja fuerte estaba en la oficina del dueño (en un entrepiso), sobre una estructura de hormigón recubierta por un mueble de madera “adorno nada más”, porque pesa poco más de 300 kilos.
Para ingresar, saltaron la tapia (que no es muy alta), y falsearon la puerta de chapa del fondo. Una vez adentro, no pudieron abrir la puerta -también de chapa- que separa el depósito del local porque tenía la llave puesta. Entonces, colocaron unos tachos de pintura para subir hasta una pequeña ventana por donde uno de los delincuentes ingresó directamente a la oficina. Después de ello, bajó las escaleras, sacó llave y le abrió a sus compañeros.
Con el objetivo en la mira, se habrían colocado unos guantes y bajaron la caja fuerte al piso. A tal punto fue el cuidado que tuvieron, que el piso no registra rastro ni daño alguno: “Bajaron una caja fuerte de más de 300 kilos como si fuera de cartón”.
Luego, la colocaron en una fuerte carretilla y ayudados por sogas, descendieron los 12 escalones. Como el delincuente había saltado la tapia, sólo restaba destruir la puerta hacia la calle. Con una maza, rompieron la cerradura y la sacaron en carretilla hasta un vehículo que suponen, “estaba estacionado en la vereda o muy cerca”.
La situación es sólo la hipótesis de quienes conocen el lugar y luego de investigarlo varias veces, llegaron a esa conclusión. Sólo quienes perpetraron este robo saben realmente cómo hicieron para poder llevar una caja fuerte de más de 300 kilos de acero y que nadie vea o escuche el sonido del delito.
Usaron: Una carretilla, cinco guantes, una soga y una maza. “Todo nuestro. Vinieron con las manos en los bolsillos”, recalcó el dueño del comercio. “Sin querer hacerlo, les hemos provisto de todas las herramientas para el robo”.
El robo del siglo
Entre las pertenencias, el damnificado detalló que en dinero en efectivo, la suma asciende a más de 50 mil pesos. “Me dieron 8.200 pesos para que los guarde, para que esa plata esté segura…”, sostuvo.
También, mencionó “una chequera completa de mi cuenta, 32 cheques a cobrar por aproximadamente 300 mil pesos, tarjetas de crédito y un reloj Rolex de oro”.
Como anécdota, relató que “hace unos años, estaba por viajar a Córdoba y me cuestionaron ¿te vas a ir con ese reloj? Tienen razón les dije, entonces lo envolví en un papelito y lo guardé en la caja fuerte”.
Otro de los objetos de gran valor: “Una joya, una medalla enchapada en oro. Esa medalla se repartió como suvenir en la cena del Primer Centenario de la Independencia (hace casi 100 años) y de esas, ya no debe haber muchas en el país. Me duele mucho”.
“Fe ciega. Tenía la caja fuerte desde hace más de 10 años, pero es una caja antigua de 150 años. Y si algo estaba seguro, era que jamás iban a abrirla. El único que podía abrirla era yo. Hace unos días, saqué la tapa para limpiar todo el sistema, el mecanismo de combinación. Después, me dio fiaca ponerla y es lo único que me quedó”.
El lunes, el despertar para esta familia, fue distinto. Al llegar a su comercio, el dueño nunca imaginó lo que habían hecho: “Pensé que nos habían robado sólo herramientas”, sostuvo en referencia a los objetos e insumos que tienen para la venta. Nada estaba fuera de lugar… excepto la desaparición de una caja de acero de más de 300 kilos que hasta ahora, la policía no pudo encontrar.



