Una estimación del resultado de las elecciones de octubre y su posible conformación en ambas Cámaras. Contra las ilusiones opositoras y mediáticas, el kirchnerismo podría sumar un puñado de bancas más de las que dispone en la actualidad, según Miradas al Sur del multimedio del diario Tiempo Argentino, ligado al gobierno nacional. 
A dos semanas de las primarias y a más de tres meses de los comicios generales parecería aventurado hacer pronósticos electorales. Pero recorriendo el mapa del país, husmeando encuestas y guiados por la experiencia de los protagonistas es posible hacer algunas aproximaciones racionales. Y la primera conclusión entre sumas y restas de hipótesis es que a partir del 10 de diciembre la composición del Congreso no va a cambiar demasiado respecto de la actual.
Las PASO, como ocurrió en 2011, deberían marcar una tendencia muy difícil de modificar en las elecciones del 27 de octubre, salvo en los casos de gran paridad. Y lo que se supone es que estas primarias dejarán al kirchnerismo en condiciones de sumar entre cuatro y seis diputados; al panradicalismo junto al socialismo, próximos a perder una cantidad equivalente; y a las distintas expresiones del peronismo liberal conservador, la posibilidad de mantener el mismo número de bancas o ganar una o dos más. En el Senado el panorama que se presenta es similar: el kirchnerismo y el peronismo anti K ganarían una banca cada uno y la UCR perdería dos.
El kirchnerismo tiene a su favor que pone en juego muy pocas bancas como producto del resultado electoral de 2009. Aunque ese año ganó el total país con un 31%, el porcentaje es muy pobre si se lo compara con el de 2011, cuando obtuvo más del 50% tanto para diputados como para senadores.
Por eso es que tiene más para ganar que para perder. De los 126 diputados kirchneristas (sin contar aliados), 86 seguirán en sus cargos hasta 2015 y sólo 40 pondrán su banca en juego. En cambio, el grupo UCR-FAP-Coalición Cívica sufrirá el proceso inverso: de 62 diputados, continuarán 23 y deberán defender 39 bancas.
Como siempre, la provincia que puede mover con más fuerza estos números para arriba o para abajo es Buenos Aires, donde está centrada la pelea entre el candidato oficialista Martín Insaurralde y el más fuerte de la oposición, Sergio Massa. Hasta este domingo las encuestas muestran al intendente de Tigre por encima del de Lomas de Zamora, pero las variaciones en los porcentajes son notorias de un encuestador a otro. De cualquier manera, Massa aparece superando a Insaurralde por entre 6% y 11%.
En lo que sí coinciden casi todas las encuestas es que un 6% o un 7% de los que dicen que votarán a Massa, tienen una valoración positiva o muy positiva de Cristina y del gobierno nacional en general. Por eso el kirchnerismo ve necesario demostrar que Massa es opositor. Si ese 6% o 7% lo entiende, la elección, suponen, sería mucho más pareja.
El problema que trae aparejado esta decisión es que no se le puede ir explicando uno a uno a cada ciudadano «filokirchnerista votante massista», por lo que es de suponer que si el mensaje es efectivo y muchos se convencen de que Massa es opositor, buena parte de los que hoy votarían a Francisco de Narváez podrían inclinarse por el ex jefe de Gabinete, quien en ese caso, lo que perdería por izquierda lo ganaría por derecha.
Atendiendo estas probabilidades, el cálculo sobre la composición final del Congreso está basado en un pronóstico pesimista para el kirchnerismo: que repita el resultado de 2009 y mantenga los diez diputados. Si Insaurralde achica la diferencia con Massa y suma más diputados que hace cuatro años, el kirchnerismo se aproximaría más a incorporar diez bancas que a las cinco estimadas en párrafos anteriores.
¿Y para Massa, con un partido nuevo, todo lo que sume será ganancia neta? No, en absoluto. Porque el armado de Massa incluye a doce dirigentes que ya son diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires, de los cuales nada menos que once ponen en juego su banca (entre ellos tres del PRO). Justamente el éxito del «rejunte» de Massa, como lo definió Cristina, radica en parte en una asociación mutualista con esos diputados, que si no se colgaban de la boleta del intendente de Tigre hubieran tenido pocas chances de seguir en el Congreso cuatro años más. Es decir que a Massa le tiene que ir muy bien para aumentar el bloque que hoy ya tiene de hecho.
Para el resto de las principales fuerzas de la oposición en la provincia de Buenos Aires, De Narváez y a dupla Raúl Alfonsín-Margarita Stolbizer, la lucha es más dura, ya que, entre otras contrariedades, los principales grupos mediáticos, encabezados por Clarín, pusieron toda su artillería al servicio de Massa.
De Narváez apuesta todo a mostrarse con el más acérrimo opositor a Cristina y a asociar a Massa al oficialismo, mientras trata de ocultar el error de haber sumado a su lista a Hugo Moyano, que es totalmente refractario a la clase media donde busca los votos el empresario. Si las encuestas se parecieran a las elecciones, estaría perdiendo tres de los diez diputados que tiene.
El esfuerzo de Alfonsín y Stolbizer está puesto en incluir a Insaurralde, Massa y De Narváez en el paquete peronista para concentrar los votos que huyen al sello justicialista cualquiera sea el nombre al que se lo asocie. Su destino parece estar entre perder dos bancas o salir hechos.
El otro gran distrito en votos, la Ciudad de Buenos Aires, es uno de los ocho donde, además de diputados, se eligen senadores. Si las preferencias que marcan las encuestas se constatan en las urnas, podría haber un considerable corte de boletas, lo que especialmente preocupa al PRO. Es que sus candidatos a diputados, encabezados por Sergio Bergman, están muy parejos con los de la boleta que lidera Elisa Carrió, que competirá en la interna de UNEN con Victoria Donda y Martín Lousteau. En cambio, entre los postulantes para el Senado Gabriela Michetti es clara favorita.
¿Y el kirchnerismo? Su performance en la elección de diputados podría estar condicionada por el resultado de la interna de UNEN. Si la gana Carrió, dependerá de cuánto baje Bergman para que Juan Cabandié sea segundo o tercero. Aun así, el saldo puede ser positivo para el kirchnerismo, ya que sólo pone en juego una banca (la que ganó Carlos Heller en 2009). En tanto Daniel Filmus podría retener su banca de senador, pero también dependerá de quien gane la interna de UNEN entre Pino Solanas, Rodolfo Terragno y Adolfo Prat Gay.
En suma, la Capital Federal no variaría demasiado su representación en el Congreso. El kirchnerismo ganaría uno o dos diputados más, UNEN perdería uno o quedaría igual, y el PRO perdería uno o dos. En cambio, en el Senado, el PRO sumaría dos bancas que perderá la Coalición Cívica.
En las otras provincias grandes, Córdoba y Santa Fe, que eligen nueve diputados cada uno, ganarían los oficialismos provinciales, el delasotismo y el socialismo, respectivamente. En Córdoba el kirchnerismo pone en juego sólo una banca y es difícil que pueda ganar dos esta vez, enfrentando a rivales fuertes a nivel local como el oficialismo, la UCR y el juecismo.
En Santa Fe el triunfo del socialismo parece asegurado, aunque está por verse cómo le irá al cómico Miguel Del Sel, del PRO, luego del susto que se llevaron sus comprovincianos en 2011, cuando fueron tantos lo que coincidieron en el voto bronca contra el socialismo y el peronismo, que casi lo consagran gobernador. La otra incógnita es si al kirchnerismo le irá mejor con Jorge Obeid que con Agustín Rossi. En las elecciones 2009, aún estigmatizado como enemigo del «campo», Rossi logró tres bancas que ahora se ponen en juego ¿Las podrá mantener Obeid?
En Entre Ríos, que elige cinco diputados y tres senadores, el panorama es alentador para el kirchnerismo, que en 2009 había perdido con el Acuerdo Cívico y Social y ahora podría alzarse con tres bancas.
En Mendoza, que también elige cinco diputados, el favorito es Julio Cobos, tanto para sortear la interna del radicalismo como para los comicios de octubre. Si las encuestas aciertan, el segundo lugar lo disputarán el ex gobernador radical Roberto Iglesias (que se candidatea por el Partido Federal) y el kirchnerista Alejandro Abrahan.
En la gran mayoría de las provincias restantes todo seguiría como está. En Chaco, Chubut, Corrientes, Formosa, Jujuy, La Pampa, Neuquén, Río Negro, San Juan, San Luis, Santiago del Estero y Tierra del Fuego, según la fotografía de hoy cada fuerza mantendría las bancas que pone en juego.
Por el contrario, en La Rioja, Misiones, Salta y Santa Cruz podría haber variantes. En la primera de ellas, uno de los que ponen en juego su banca es Jorge Yoma, que abandonó el bloque kirchnerista. Por lo tanto, si, como se supone, ganan los candidatos del gobernador Luis Beder Herrera, el kirchnerismo obtendría dos diputados con que agregaría uno más al bloque en el Congreso.
En Misiones, los resultados adversos para el gobernador Maurice Closs en las últimas elecciones locales, abren un interrogante: ¿podrá mantener las dos bancas en juego o ganará sólo una? En Salta se da la situación inversa. El kirchnerismo tiene una banca para renovar y un casi seguro triunfo de la lista de Rodolfo Urtubey (hermano del gobernador) le aportaría dos.
Por último, en Santa Cruz, donde se eligen tres diputados, el paso del gobernador Daniel Peralta a la oposición hace que el panorama aún no esté demasiado claro. El kirchnerismo tiene casi asegurada una banca al igual que el radicalismo. La tercera sería para un candidato K o para el oficialismo provincial que lleva tres postulantes a las PASO.
Además de la Ciudad de Buenos Aires, elegirán candidatos a senadores Chaco, Entre Ríos, Neuquén, Río Negro, Salta, Santiago del Estero y Tierra del Fuego. En la mayoría todo quedará como está, salvo en Salta, donde el kirchnerismo sumaría un senador más, y en la Capital Federal, donde el PRO ganaría los primeros senadores de su historia.
Si no se producen grandes sorpresas, la próxima Cámara de Diputados podría quedar integrada con aproximadamente 140 diputados del kirchnerismo y sus aliados; 60 del radicalismo y sus aliados; y unos 50 del peronismo liberal. En el Senado esos tres grandes grupos sumarían 38, 20 y 14 integrantes respectivamente.
Todo esto habrá que tomarlo a cuenta de inventario, con el cuidado con que hay que atender las encuestas. La verdad, como siempre, estará en las urnas.



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