El cuadro electoral negativo para el oficialismo no atañe solamente a la zona central del país -que incluye a la Capital pese a que la candidatura de Daniel Filmus está sólida- sino también a provincias periféricas en las que hasta las elecciones de 2011 ganó con comodidad, como Tucumán, La Rioja y Santa Cruz, donde el gobernador Daniel Peralta ya no integra la tropa kirchnerista.
Lo que se dice, pero también lo que no se dice. Eso es lo que debe tenerse en cuenta a la hora de analizar el mensaje de una figura política. Las frases más contundentes, enfáticas, relevantes, pero también los silencios, omisiones y medias verdades. Las primeras y segundas intenciones. Ayer, en La Matanza, la Presidenta pronunció un discurso que -en todos esos aspectos- puede ser revelador.
Cristina Kirchner goza de una capacidad oratoria y un dominio de la escena reconocido por todos en la política argentina. Tanto por los que aplauden desde el oficialismo, como por los que comparten pocos -o ninguno- de sus conceptos y definiciones. Su intervención en el distrito más importante de la Provincia no alcanzó la brillantez de otros discursos, pero reflejó el momento electoral del país.
A sólo una semana de las primarias abiertas conocidas como PASO, la mandataria buscó dejar en claro que tiene “convicción y coraje” para hacerle frente a situaciones adversas. Y advirtió que, para gobernar la Argentina, no solamente hay que “estar preparado intelectualmente, sino también emocionalmente”. Por eso, dijo que no basta con “la gestión” para que las cosas vayan bien.
MANO A MANO
Nunca lo mencionó, pero se estaba refiriendo a Sergio Massa, el candidato que está desplazando al FpV al segundo lugar en las preferencias electorales de los bonaerenses. Sin decirlo, la Presidenta confirmó así dos elementos centrales para entender lo que viene: que el Frente Renovador sigue arriba en las encuestas; y que buscará plantarse en un “mano a mano” con el intendente de Tigre.
Hasta el momento, la campaña proselitista se la había puesto al hombro Daniel Scioli, haciendo un gran esfuerzo para llevar de la mano al candidato Martín Insaurralde en una recorrida por la Provincia para darlo a conocer entre los bonaerenses. Esa estrategia resultó satisfactoria para el oficialismo, que consiguió achicar la brecha con Massa, pero no fue suficiente para doblegarlo.
Por eso irrumpió la Presidenta en la campaña provincial, con misiles teledirigidos -”hay candidatos que saben de los negocios de los bancos”, aguijoneó- que prometen ser lanzados con más asiduidad luego de las primarias del domingo que viene. Por ende, en los dos meses que transcurrirán hasta las elecciones de octubre se configurará, inexorablemente, un escenario de fuerte polarización.
En la vereda de enfrente, Massa viene evitando hacer críticas directas a Cristina Kirchner, porque conserva buena imagen en una porción importante del electorado bonaerense. Pero ya apuntó sus dardos contra La Cámpora, una agrupación impopular y estigmatizada -elija el lector el orden de los factores, pero eso no alterará el producto- y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.
De hecho, la incorporación de Roberto Lavagna a los equipos del Frente Renovador fue pensada como un gesto simbólico para representar la contracara de Moreno en cuanto al manejo de la economía. La de Eduardo Amadeo, en cambio, resultó un mensaje subterráneo al peronismo, sin incidencia electoral: “hay lugar para los que quieran dar el salto”, cursó la invitación massista.
Esa política de puertas abiertas -que sin embargo no se verificó en su momento con Francisco de Narváez- podría depararle a Massa algún dolor de cabeza interno en su flamante fuerza política, como el que todavía le da la incorporación del macrismo. Pero el líder del Frente Renovador construye con un criterio distinto al que primó en los últimos años de hegemonía kirchnerista.
“¿Qué está pasando en la política argentina que 20 intendentes de una provincia se convirtieron en el centro de todos los debates?”, se preguntó Massa, casi con ironía, la semana que pasó. Scioli recogió el guante rápidamente y se mostró en un acto en La Plata con 68 jefes comunales bonaerenses. En el fondo, sigue predominando en el peronismo la lógica de la territorialidad.
EL INTERIOR DEL PAÍS
Esa lógica llevó al desembarco en la Provincia de 14 gobernadores justicialistas y aliados de la Casa Rosada, incluido Scioli, para darle un envión a la candidatura de Insauralde y dejar en claro, al mismo tiempo, que el “fenónemo Massa” no traspasa las fronteras bonaerenses. Aunque el kirchnerismo tiene en el interior del país otros problemas electorales de cierta magnitud.
En Córdoba disputa el tercer lugar con el macrismo detrás del radicalismo y de los candidatos del gobernador José Manuel de la Sota. En Mendoza, observa con impotencia el resurgimiento político de Julio Cobos, mientras que en Santa Fe mejora su performance de la mano de Jorge Obeid -tras la salida forzada de Agustín Rossi- pero está lejos de hacerle frente al socialista Hermes Binner.
El cuadro electoral negativo para el oficialismo no atañe solamente a la zona central del país -que incluye a la Capital pese a que la candidatura de Daniel Filmus está sólida- sino también a provincias periféricas en las que hasta las elecciones de 2011 ganó con comodidad, como Tucumán, La Rioja y Santa Cruz, donde el gobernador Daniel Peralta ya no integra la tropa kirchnerista.
No obstante, el Frente para la Victoria seguirá siendo la primera fuerza política a nivel nacional; secundada por los radicales, socialistas e independientes de diversa índole -como Elisa Carrió, que se encamina a resucitar en términos electorales-. El dato novedoso es que el Frente Renovador massista se convertiría en la tercera referencia, relegando al macrismo y al peronismo disidente.
Eso revela la potencia electoral que tiene la Provincia y la importancia de su respaldo para cualquier Gobierno nacional, sobre todo para aquellos que no surgieron de sus entrañas. Las comparaciones que se hacen por estos días entre el massismo y lo que fue el duhaldismo llevan carga negativa, pero el trasfondo habla de la recuperación del protagonismo político para la dirigencia bonaerense.



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