Las voces de las urnas

El periodista Eduardo Anguita del diario Tiempo Argentino remarcó que «Julio Martínez se impuso por tres puntos al peronismo encabezado por el gobernador Beder Herrera, alineado con el gobierno nacional, quien dijo haberse sorprendido porque la imagen positiva que le devolvían las encuestas era del 70 por ciento».Las voces de las urnas

En La Rioja, la Fuerza Cívica Riojana, encabezada por el radical Julio Martínez, se impuso por tres puntos al peronismo encabezado por el gobernador Beder Herrera, alineado con el gobierno nacional, quien dijo haberse sorprendido porque la imagen positiva que le devolvían las encuestas era del 70 por ciento.

En San Juan, la lista del oficialista Daniel Tomas, alineado con el gobernador José Luis Gioja, obtuvo el 37% de los votos, pero el Frente Compromiso Federal, alineado con los hermanos Rodríguez Saá, sumaba 42,4% con cinco listas que compiten entre sí. Cabe recordar que Gioja, en mayo de 2011, lograba imponerse en un plebiscito para la reelección indefinida de gobernador con el apoyo del 65% de los sanjuaninos.

En Misiones, el Frente Renovador, liderado por el gobernador Maurice Closs, alineado con el gobierno nacional, obtuvo el 36,3% de los votos, mientras que el radicalismo llegaba al 28% de los votos. Cabe recordar que Closs sacaba el 70% de los votos para gobernador en 2011.

En Mendoza, la lista del radical Julio Cobos sacó el 44,3% de los votos, mientras que la lista peronista encabezada por Alejandro Abraham, alineada con el gobierno nacional, llegaba al 26% de los votos. Cabe recordar que Francisco Paco Pérez en las elecciones para gobernador de 2011 le sacó al radicalismo una ventaja de siete puntos.

En Santa Cruz, el radical Eduardo Costa lograba una amplia mayoría en las internas del Frente Unión para Vivir Mejor, que cosechaba un 45% de los votos. El Frente para la Victoria, alineado con el gobierno nacional, obtenía el 23% mientras que la lista del Partido Justicialista, alineado con el gobernador Daniel Peralta, llegaba al 21,4 por ciento.

En Río Negro, el Frente para la Victoria se impuso con 42,4% al radicalismo que sacaba el 24,7% de los votos.

En Neuquén, el Movimiento Popular Neuquino fue a internas y la Lista Azul, liderada por el gobernador Jorge Sapag, aliado del gobierno, obtenía el 44% de los votos mientras que la Azul y Blanca, liderada por Guillermo Pereyra, lograba el 54,5% de los votos. Pereyra, dirigente sindical petrolero, está alineado con Hugo Moyano.

En Catamarca, el Frente Cívico y Social, liderado por el radicalismo, sumando dos listas internas, obtenía el 37,7% mientras que el Frente para la Victoria, con lista única sacaba el 36,6 por ciento.

En Corrientes, las seis listas de Encuentro por Corrientes, de orientación radical, llegaban al 47,7% de los votos. El Frente para la Victoria, con tres listas, lograba el 38,7 por ciento. Cabe recordar que el gobernador provincial es el radical Ricardo Colombi.

En La Pampa, el Partido Justicialista, con ocho listas internas, obtenía el 50% de los votos. Quien llevó la delantera fue Gustavo Fernández Mendía, alineado con el gobierno nacional. Segunda fuerza resultó el Frente Pampeano Cívico y Social, con cinco listas y preeminencia radical, que llegaba al 32 por ciento.

En Tierra del Fuego se impuso el Frente para la Victoria con 25% de los votos y el Movimiento Popular Fueguino, actualmente en el gobierno y aliado al gobierno nacional sacaba el 18% de los votos.

En la provincia de Buenos Aires, donde se concentra el 40% de los electores del país, el Frente Renovador liderado por Sergio Massa, obtuvo 35,05%, mientras que la lista de Martín Insaurralde llegaba al 29,65 por ciento. Cabe recordar que Massa, hasta el 22 de junio formaba parte del espacio del Frente para la Victoria y que la campaña de Insaurralde fue motorizada tanto por la presidenta Cristina Kirchner como por el gobernador Daniel Scioli.

En la Ciudad de Buenos Aires, el frente UNEN lograba una ventaja muy leve sobre el PRO en Senadores (32,01% sumando las cuatro listas mientras que Gabriela Michetti con lista única sacaba el 31,4%) y Daniel Filmus llega al 19,85% de los votos encolumnado en el Frente para la Victoria. En Diputados, UNEN amplía su ventaja, al sacar 35,58%, con la ventaja de Elisa Carrió sobre sus competidores internos. El PRO lograba 27,54%, el Frente para la Victoria el 18,99 por ciento.
En Santa Fe se impuso cómodamente el Frente Progresista Cívico y Social, que lleva al ex gobernador Hermes Binner al frente de la lista, con el 41% de los votos. El PRO lograba el 26% y el Frente para la Victoria llegaba al 21 por ciento.

En Córdoba, la lista encabezada por Juan Schiaretti, encolumnado con el gobernador José Manuel de la Sota, peronista enfrentado a la Casa Rosada, lograba el 30% de los votos seguido por el radicalismo, con el 22%, luego el PRO con el 12%, mientras que el Frente para la Victoria llegó al 11 por ciento.

En Chubut, la lista del Partido de Acción Chubutense, orientada por el ex gobernador Mario Das Neves, peronista enfrentado con el gobierno nacional, se impuso a la lista del Frente para la Victoria, liderada por el ministro Norberto Yauhar, que sacó el 28,4 por ciento.

Hasta acá, los resultados de 16 de los 24 distritos federales de la Argentina. Esos dos tercios sirven para sacar algunas conclusiones y alimentar el debate necesario al que invita cada elección. En Formosa, Entre Ríos, Santiago del Estero, Tucumán y Chaco, el kirchnerismo hizo muy buena elección.

En Salta, el Frente para la Victoria se impuso para el Senado sobre el frente del ex gobernador Juan Carlos Romero, mientras que en Jujuy el kirchnerismo se impuso por un punto sobre el radicalismo. En San Luis ganaron los hermanos Rodríguez Saá.

Reflexiones

No es cierto que se impusieron los oficialismos en casi todos lados. Ni tampoco que las PASO no se utilizaron en casi ningún lado. Respecto del tema sobre el que se posan todas las miradas, la brecha lograda por Massa es más amplia de lo que auguraron los encuestadores aun en las bocas de urnas de ese mismo día.

El intento de nacionalizar la elección sirve para mostrar que la primera minoría política del país es el Frente para la Victoria. Pero esa observación debe complementarse con que logró un resultado apenas algo menor, a nivel nacional, que en 2009 y con la salvedad de que faltan las elecciones vinculantes.

En efecto, las PASO dejaron al Frente para la Victoria con el 26,31 % de los votos, a los que deben agregarse los del Frente Cívico por Santiago del radical K Gerardo Zamora (1,42%) y los de Unión por Chaco, de Jorge Capitanich (1,01%) y habrá que ver cómo se comporta el Movimiento Popular Neuquino, que tiene internas. Es decir, el kirchnerismo está en los mismos números que en 2009, cuando, sumando aliados, llegaba al 30 por ciento.

En 2009, el Acuerdo Cívico y Social (liderado por Elisa Carrió) más el radicalismo hacía una sumatoria de aliados que luego no se sostuvo en los hechos y también decía haber obtenido otro 30 por ciento.

Esta vez, si bien estos números van a modificarse en octubre, la segunda fuerza a nivel nacional resultó el Frente Renovador, ya que en la provincia de Buenos Aires logró más de tres millones de votos, lo cual le permite lograr el 13,54% de los votos.

El espacio que podrían lograr los socialistas, los radicales y los cívico-sociales de Carrió es una incógnita pero expresa a un porcentaje similar al de Massa a nivel nacional.

¿Puede hablarse de un cambio de escenario político con estos resultados? En principio sí, porque el kirchnerismo no llega al tercio de votos nacionales. No sólo muy lejos de cualquier aspiración reeleccionista para la presidenta, sino también con unos números que indicarían la necesidad de hacer alianzas con otras parcialidades políticas.

Sin embargo, es muy prematuro hablar de cambios por varios factores. El primero es que esta es una elección no vinculante para ocupar cargos institucionales y eso será el 27 de octubre. El segundo es que, dada la composición parlamentaria, después del 10 de diciembre el kirchnerismo tendrá una buena situación en Diputados y deberá –de acuerdo al resultado de octubre– hacer alianzas puntuales para la aprobación de las leyes. Pero hay otro factor importante: pese a la mayoría simple en ambas cámaras, las medidas económicas del gobierno (restricciones cambiarias, restricciones para remisión de utilidades, permisos para importaciones) se hicieron sin recurrir al tratamiento parlamentario. Otras, más recientes, con leyes mediante como el blanqueo de capitales y los títulos para intentar disminuir la presión del dólar ilegal o paralelo, no mostraron resultados.

El gobierno, después de esto, tal como lo dijo la presidenta a pocas horas de conocerse la tendencia de las urnas, va a seguir su rumbo. Lo razonable es que haga cambios, correcciones. Pero también es comprensible que, en su primera aparición, el peso de sus palabras haya sido para agradecer a todos, por la jornada cívica nacional y, en particular, para «bancar» a sus candidatos sin pases de facturas ni autocríticas apresuradas que puedan ser tomadas como debilidad en la carrera a octubre.

Es muy difícil saber si realmente la inseguridad pesó en el humor de los votantes a los niveles que indican las encuestas. Si es así, lo que propone Massa está más asociado a aumentar las penas, aumentar la población carcelaria, poner cámaras y crear policías municipales que a reconocer la delicada y perversa relación que la mayoría de las jefaturas policiales tienen con magistrados, fiscales y dirigentes políticos. Una reforma en serio no parece en marcha, ni por decisión del gobierno nacional, que dejó de lado el intento iniciado en diciembre de 2010 con Nilda Garré al frente del Ministerio de Seguridad, ni por parte de los opositores que surfean el tema con breviarios de la derecha tradicional, aunque sepan cuáles son las verdaderas calamidades que pesan en este tema. A los manejos perversos se suman, como en casi toda América Latina, condiciones de exclusión social altas con un alto grado de sectores lúmpenes, más dispuestos a continuar con culturas marginales asociadas al delito que a las llamadas políticas de inclusión.

Por último, todo indica que la marcha de la economía tiene muchos puntos delicados, no sólo de inflación, trabajo informal y de alta carga tributaria para sectores populares. Los paliativos intentados como las tarjetas de créditos para supermercados, el control de los precios pactados con esas empresas o los Cedin, no tuvieron efecto. Nada indica que el gobierno decida, al menos ahora, formar un nuevo equipo económico o convocar a espacios de integración sectorial como el Consejo Económico Social. Los números del consumo y la producción parecen darle impulso al gobierno a no hacer modificaciones. En 2009, la crisis económica internacional había impactado en el comportamiento del electorado. En esta oportunidad debería estudiarse más seriamente cómo es la situación de los bolsillos populares o es que la propaganda sobre el dólar y los precios hizo más mella psicológica que real. En cualquier caso, un debate nacional sobre impuestos, precios y estímulos para terminar con el empleo informal parece necesario. En eso, la convocatoria a los sectores gremiales, empresariales y académicos daría un oxígeno interesante.

Muchos analistas y dirigentes políticos sostienen que la merma de los votos para el oficialismo se debe más a motivos políticos (estilo, comunicación, sospechas de corrupción, intentos de reforma constitucional asociados a la reelección) que a motivos de tipo económico. Tal vez ni los estudiosos de marketing electoral, ni los publicitarios de la política, ni los especialistas en campaña estén mirando con suficientes herramientas lo que pasa en el día a día de los trabajadores y los sectores medios de la población argentina. Quedan unas semanas de análisis y debate como para saber cuántas historias de la Argentina secreta laten a diario en este gran país.