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El voto útil, la tendencia para octubre

El «voto útil» concede máxima importancia a ganar la elección concentrando el voto, a la vez que busca evitar la dispersión del voto en múltiples alternativas. En este sentido muchas veces, aunque no siempre, el voto útil se conforma como un voto negativo, en contra de un adversario común.voto-util

Se denomina voto útil a una modalidad de decidir el voto ciudadano en función del eventual resultado de las elecciones.

El «voto útil» concede máxima importancia a ganar la elección concentrando el voto, a la vez que busca evitar la dispersión del voto en múltiples alternativas.

Requiere un análisis de las posibilidades de cada candidato y de sus probabilidades reales en una elección, y busca consolidar esas tendencias sumando el voto individual a una corriente colectiva perceptible. Habitualmente el «voto útil» tiende a polarizar una elección.

El voto útil tiene defensores y detractores. Quienes defienden el voto útil, suelen destacar el aspecto colectivo del voto y la necesidad de concentrarlo para obtener resultados.

En general los candidatos o partidos que aparecen como receptores de la mayor cantidad de adhesiones, suelen invitar a los eventuales votantes de candidatos de tendencias cercanas o a los indecisos a votar por ellos sobre la base de grandes cuestiones o problemas (por ejemplo, expulsar del poder a un gobernante con el que muchos están disconformes, obtener un objetivo político largamente anhelado, etc.).

En este sentido muchas veces, aunque no siempre, el voto útil se conforma como un voto negativo, en contra de un adversario común.

En elecciones pluripartidistas muy bipolarizadas entre dos partidos, también suele solicitarse el voto útil como forma de captar los votos de votantes no tradicionales de esos partidos, basándose en el miedo a que gane el otro, favoreciendo de hecho el bipartidismo.

Quienes cuestionan el voto útil destacan que el mismo tiende a favorecer a los partidos que ya son poderosos, impidiendo el crecimiento de nuevas alternativas. Sostienen también que este tipo de voto es de dudosa legitimidad moral, y que el ciudadano debería votar al candidato que más le guste, independientemente de que tenga o no tenga posibilidades de ganar.

El lunes 14 de mayo de 2007, Clarín informó que según los encuestadores, cuando a los porteños les preguntan por quién van a votar a jefe de Gobierno el 3 de junio cerca del 30% aporta a la categoría «indecisos». El porcentaje puede bajar a 15 puntos si al consultado le nombran los candidatos. El número sigue siendo alto (casi medio millón de electores) y desvela a los postulantes. Se preguntan adónde irá a parar semejante tesoro. ¿Volverá el «voto bronca», con miles de blancos e impugnados? ¿Habrá un «voto apuesta» por alguna fuerza nueva? ¿O se afianzará nomás el «voto útil», eligiendo a alguno de los que pueden llegar al ballottage?

Para Alejandro Catterberg, director de Poliarquía (una de las consultoras que mide para el jefe de Gobierno, Jorge Telerman), «no parece probable que este año haya un voto bronca». El pico de este fenómeno se produjo en 2001 en Capital, cuando en la elección para diputados, entre blancos e impugnados se acercaron al 30%.

Catterberg aporta otra información interesante: «Hay datos que señalan que alrededor del 50% de los votantes se define la semana previa a la elección.» Esto atentaría con las nuevas fuerzas, que piden un «voto apuesta», como aquel 12,53% que en 2003 le permitió al partido de Luis Zamora conseguir ocho bancas en la Legislatura. En la consultora Equis, donde coinciden en que no hay escenario de «bronca», advierten que «el final de la campaña es complicado para los ‘otros’ candidatos, porque desaparecen de los medios y les cuesta mantener intención de voto».

En este rubro habrá que ubicar a Claudio Lozano y Patricia Walsh. Según los sondeos, pugnan por un cuarto lugar, detrás de Mauricio Macri, Jorge Telerman y Daniel Filmus. «Acá quieren adelantar la discusión de la segunda vuelta a la primera. La gente debe votar por lo que más cree. También se votan legisladores y permitir el ingreso de nuevas fuerzas es la manera de recuperar el sistema institucional», dice Lozano. Walsh agrega: «¿Qué es el voto útil? En 2003 lo votamos a (Aníbal) Ibarra para frenar a Macri y miren cómo nos fue.» Ella, que además de a jefe de Gobierno es primera candidata a legisladora, también pide un voto pensando en el recinto.

Cerca de Macri, Telerman y Filmus no parecen preocuparse. Insisten en que la pelea es de a tres y «mi jefe es el mejor». O el menos malo.

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