Inicio / Sociedad / Crisis en la UNLaR / Opinión: El futuro de la democracia riojana entre asambleas y ocupaciones

Opinión: El futuro de la democracia riojana entre asambleas y ocupaciones

Por Guillermo Quijano, licenciado en Ciencia Política. Los ciudadanos que protestan no tienen intención de convertirse en políticos. La protesta es como un sacudón que sirve para romper edificios viejos, pero no pone los ladrillos para los nuevos. La renovación política vendrá de la participación en partidos, agrupaciones, ONGs y sindicatos. UNLAR 5

Quienes hayan vivido los primeros años de la restauración democrática en la Rioja seguramente estarán sorprendidos ante el carácter masivo e intenso de las protestas recientes. En un periodo muy breve pasamos de la costumbre de decisiones políticas fundamentadas en los hechos consumados a protestas como la de los asambleístas del Famatina, que a base de persistencia lograron que el gobierno de la Provincia rescinda el contrato con la poderosa Osisko; o como la de los estudiantes de la UNLAR, que mediante una intensidad sin precedentes fuerzan hoy la renuncia del antes inamovible Rector.

¿Por qué se dan éstos fenómenos ahora? ¿Qué consecuencias tendrán para el futuro de la política?

Una nueva “normalidad” democrática

Levantarse temprano una vez cada dos años, votar. Comprar los diarios que uno elige, cada tanto ver un programa de política un domingo a la noche. Más o menos eso es lo que nos enseñaron a los que cursamos “Ética ciudadana” que es la “Democracia”. El problema es que no alcanza. Nadie nos asegura que los gobiernos electos garanticen el acceso a la salud y educación pública, combatan con éxito el desempleo o cuiden el medio ambiente. Los políticos, como cualquier vecino, frecuentemente se duermen en los laureles.

Por eso en todo el mundo, ese concepto viejo que nos enseñaron se abrió un poco. Sigue sirviendo, pero algo cambió. Entonces, en los últimos años nos acostumbramos a ver en todas partes lo que algunos analistas llaman “democracia inmediata”: cuando a un grupo de ciudadanos no les gusta una decisión o un estilo de gobernar sencillamente sale a la calle con lo que tiene a mano y lo expresa.  Pasa en todos lados. Claro, es distinto lo que reclama un brasileño de lo que reclama un tunecino o un español, pero en principio es un hecho normal y universal en la política contemporánea.

Lo nuevo en la Rioja es que se contagió de estas nuevas “buenas costumbres” del resto del mundo: aprendimos que si tenemos un problema y tenemos derecho a que se solucione, sencillamente nos juntamos y salimos a protestar. 

¿Y cómo sigue?

Tenemos que entender todos, ciudadanos y políticos, que no hay remedios mágicos. Las protestas en el marco de la “democracia inmediata” complementan a la democracia “representativa” (la que nos enseñaron en la escuela), pero no soluciona todos sus problemas. Los efectos positivos de las protestas son limitados.

Primero, los ciudadanos que protestan no tienen intención de convertirse en políticos. La protesta es como un sacudón que sirve para romper edificios viejos, pero no pone los ladrillos para los nuevos. La renovación política vendrá de la participación en partidos, agrupaciones, ONGs y sindicatos.

Segundo, los políticos normalmente no entienden o no quiere entender que se trata de algo normal ni lo ven como una oportunidad. Buscan maniobras opositoras o “destituyentes”. Siempre las hay, pero en el peor de los casos son chispas en un reguero de pólvora. Claro, en un principio pueden venir desde determinados sectores de opinión o clase social, pero si el reclamo tiene una base de legitimidad puede extenderse rápidamente. Los ciudadanos tienen derecho a pedir lo que quieran y los gobiernos tienen el deber de responder como puedan. No hace falta que nadie salga a formar un partido y ganar elecciones para tener derecho a protestar. Lo que si hace falta es que los políticos, al tomar decisiones, se esfuercen en generar consensos positivos y no crean que la falta de oposición sea lo mismo que un cheque en blanco. Los dirigentes inteligentes tienen que analizar para sus adentros que es un llamado de atención para suspender medidas o cambiar algunos nombres.  Pero sobre todo, serán astutos si previenen que el descontento de la gente se acumule por tanto tiempo.

Las protestas en forma de asambleas, tomas de colegios, hospitales y otras instituciones van a ser cada vez más frecuentes en la política argentina en general, y en la política riojana en particular. Los dirigentes que aprendan a escuchar bien, verán pocas; los que escuchen poco verán muchas. Pero sobretodo, los dirigentes que reaccionen mal terminarán pagando caro tarde o temprano en las urnas.

Etiquetado:

Descubre más desde Rioja Política

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo