El beneficio acumulado en términos reales superó todos los registros de la última década, según datos de Empiria en base a MECON y ANSES. La mejora del monto convive con una reducción sostenida de los receptores, un fenómeno que abre un debate sobre si el ajuste refleja recuperación económica o exclusión silenciosa.
Un dato que la gestión de Javier Milei exhibirá como logro y que la oposición leerá con reservas: la Asignación Universal por Hijo (AUH) alcanzó, en términos de poder adquisitivo real, sus niveles más altos desde 2015. El análisis surge de un informe de Empiria Consultores en base a datos del Ministerio de Economía (MECON) y la ANSES, difundido por la cuenta especializada Argentina en Datos, y mide el acumulado de seis meses del beneficio deflactado por inflación.
El punto de partida del rebote fue el piso histórico de diciembre de 2023, cuando la licuación inflacionaria del último tramo de la gestión Massa había erosionado el valor real del beneficio hasta niveles críticos. Desde ese mínimo, la recuperación fue sostenida y terminó superando registros que no se veían desde la primera mitad de la década pasada.
El valor real se recupera: qué explica el rebote
La mejora en términos reales de la AUH responde a una combinación de factores. Por un lado, las actualizaciones del beneficio durante 2024 y 2025 superaron, en varios períodos, la variación del índice de precios al consumidor, permitiendo que el monto recuperara terreno frente a la inflación. Por otro, la desaceleración inflacionaria registrada desde mediados de 2024 redujo la velocidad con que la licuación operaba sobre el ingreso de los beneficiarios.
El resultado es que una familia receptora de la AUH dispone hoy, en términos de capacidad de compra, de más recursos que en cualquier momento desde 2015 —año en que el beneficio había alcanzado uno de sus picos históricos bajo la gestión de Cristina Fernández de Kirchner.
La otra cara: 300 mil beneficiarios menos desde 2022
El dato que complejiza la lectura surge del mismo informe: la cantidad de beneficiarios se redujo en más de 300 mil personas desde marzo de 2022. La caída es significativa y admite al menos dos interpretaciones que no son necesariamente excluyentes.
La primera, que prefiere el oficialismo: la reducción refleja una mejora en la situación laboral de las familias, que al incorporarse al mercado formal pierden la condición de elegibilidad para la AUH —un beneficio destinado a hijos de trabajadores informales, desempleados o monotributistas de categorías bajas. En ese marco, menos beneficiarios significarían más empleo registrado.
La segunda lectura, que plantea la oposición y parte de los técnicos sociales: la caída en el padrón puede responder también a depuraciones del registro, barreras administrativas para el acceso o familias que dejaron de cumplir los requisitos de condicionalidad —asistencia escolar, controles sanitarios— sin que eso implique una mejora real en sus condiciones de vida.
Un beneficio clave en el esquema de protección social
La AUH es, desde su creación en 2009, el principal instrumento de transferencia directa de ingresos hacia la infancia vulnerable en Argentina. Cubre actualmente a millones de niños y adolescentes cuyos padres no tienen empleo formal o perciben ingresos por debajo de determinados umbrales. Su valor real impacta de manera directa en el consumo básico de los sectores más vulnerables del país.
El hecho de que el beneficio haya recuperado poder de compra en un contexto de ajuste fiscal severo representa una señal que el Gobierno utiliza para argumentar que el ordenamiento macroeconómico no vino a costa de los más pobres. Sin embargo, la reducción del padrón instala una pregunta que los datos agregados no responden solos: ¿quiénes son los 300 mil que ya no están, y por qué se fueron?
Fuente: Argentina en Datos (@arg_endatos) en base a Empiria Consultores, MECON y ANSES.





