Un trabajador que tenga una antigüedad de 24 años y 11 meses -vaya la diferencia con otro de 25 años-, se quedará fuera de la porra recategorizadora del bederismo asfixiado por las encuestas, donde miles de familias de estatales definen resultados estratégicos. La recategorización anunciada, no será más que un mero cambio de número en el recibo, pero ni un cospel de aumento. Literalmente una trampa repudiable sobre muchos seres humanos para quienes, por edad -vaya paradoja- esta sea su última recategorización antes de jubilarse.
Una recategorización para los trabajadores del Estado se está tornando en una cuestión demasiado seria y conflictiva para quienes vinieron imposibilitándola durante 17 años. Fueron Maza y Asis en el 96, quienes implantaron la Emergencia Económica y después Maza y Beder sucesivamente quienes vinieron cerrándole por dicha emergencia, ese derecho laboral a miles de empleados públicos hasta estos días, donde el gobernador apareció excitado electoralmente anunciándole a todo aquel que tenga 25 años de carrera, una recategorización selectiva, signada solamente por uno sólo de los tantos requisitos necesarios para ser promovido de categoría: La antigüedad.
Tal ítem sólo abarca a una parte significativamente menor de la planta permanente municipal y provincial. Más del 75% del personal no será recategorizado.
Beder acaba de adquirir un conflicto a nivel provincial que desde antes viene teniendo perjudicados por su cuenta y orden sólo a los municipales chileciteños. Efectivamente, este gobernador fue el que se negó a proveer fondos para la recategorización legal efectuada en 2007 en el Municipio local.
Este gobernador fue el que imponiendo a Rodrigo Brizuela y Doria como Secretario de Hacienda ordenó que se deje de pagar a los trabajadores enfermos, prontos a jubilarse o muy antiguos a los que se les había comenzado a pagar en un acuerdo con ATE, homologado por autoridad laboral competente en la propia sede de la Subsecretaria de Trabajo a propuesta de la Municipalidad. Toda una estafa implantada con la impunidad que daba -por aquel entonces- la prepotencia bederista en ejercicio discrecional del poder. Hoy, el mendicante gobernante sólo puede intentar una trampa digna de un fullero para salvar su pellejo del tembladeral político riojano.
Cerca de 30 mil trabajadores estatales quedarían con la misma sensación de discriminación que sintieron los municipales chileciteños, cuando este gobernante les privara del goce de un derecho genuinamente adquirido. Sólo que esta vez una electoral espada de Damocles pende sobre la contemporánea testa coronada de chichones de nuestro gobernador Herrera, que ya de nuestro tiene poco, debido a la falta de legitimidad que va adquiriendo con el paso de los días.
Los tiempos han cambiado. Y de los humores populares ni que hablar. En la epidermis del empleado público riojano, la bronca está que arde.
Un trabajador que tenga una antigüedad de 24 años y 11 meses -vaya la diferencia con otro de 25 años-, se quedará fuera de la porra recategorizadora del bederismo asfixiado por las encuestas, donde miles de familias de estatales definen resultados estratégicos.
Es indudable, aquel gobernante que llegó a creerse infalible hoy escupe para arriba segregando a gran parte del soberano del debido respeto a tantas carreras administrativas vueltas a postergar por imperio de su propia desorientación.
Beder se ha quedado vacío de ideas, aun cuando tenga llenas de dinero las reforzadas arcas del Estado por imperio de la necesidad electoral nacional. No sólo de colectoras vive la actualidad política.
La capital con alta proporcionalidad de estatales y el interior -donde su porcentualidad en relación a la población total es altísima- son actualmente una cuerda tensada en extremo. No se habla de otra cosa que de la injusticia humillante y el despojo de un derecho que debe alcanzar a todos por igual, justamente por ser eso, un derecho, no una graciosa dádiva patronal.
Por otra parte, entre aquellos trabajadores que ya han cumplido los 25 años -sobre todo en el interior de La Rioja- los supuestos beneficiarios revistan en categorías muy bajas, generalmente 18 y ya se han percatado que la tan cacareada promoción sólo le significará con las 2 categorías que se anunciaron ascender a la categoría 20, es decir un cambio de número en el recibo, pero ni un cospel de aumento. Literalmente una trampa repudiable sobre muchos seres humanos para quienes, por edad -vaya paradoja- esta sea su última recategorización antes de jubilarse.
La movilización ha comenzado ya y seguramente irá de menor a mayor, como lo fueron las causas del Famatina y de la UNLaR, pero lo cierto es que las exigencias sindicales hechas públicas por SOEM en la capital y ATE en el interior, engloban exigencias que son de sentido común y que pueden sintetizarse en cuatro reivindicaciones que los sectores hicieron públicas:
1) “Categoría 24 para todos aquellos que tengan entre 23 y 25 años por su cercanía a la situación jubilatoria”.
2) “Recategorización abarcativa para todos los trabajadores del Estado y que la misma implique un incremento resarcitorio concreto por el tiempo de suspensión de las recategorizaciones”.
3) “Devolución del 2% por antigüedad por año acumulativa con los años de antigüedad de cada trabajador”. Hoy perciben un mísero 0,5% por año, es decir que necesitan 4 años para sumar el porcentual que antes conseguían con 1 año. Así, desde 1996, en 17 años sólo han conseguido un 8,5% de aumento por antigüedad, cuando les correspondería un 34% si se restituyera el 2% por año para municipales y provinciales que lo exigen.
Plata hay, las SAPEM y las alabanzas oficiales sobre nuevos ingresos a las arcas oficiales hablan de ello.
4) “Sanción de una Ley de Paritarias que permita la discusión salarial entre la patronal estatal y los sindicatos que los nuclean”. Es sabido que la recomposición salarial a los estatales traerá un shock distributivo absolutamente distinto al actual cuadro de reparto de las finanzas públicas entre los poquísimos amigos del poder.
El 17 de Octubre (Día de la Lealtad Peronista) los laburantes riojanos proclamaron lealtad a su historia de lucha y trabajo.
¿Podrá el gobierno referirse a este día con otro tema que no sea de su permanente deslealtad con los valores que otrora acreditaban apego a la Justicia Social?. Sinceramente, no lo creemos.
Vagos y resentidos
Fueron los adjetivos que utilizó el gobernador –frente a su prensa-, mientras el pasado viernes entregaba computadoras en la escuela de Los Altos de Chilecito.
“Vagos y resentidos”: Así llamó a quienes piensan distinto, a quienes cuestionan sus arbitrarias maneras de hacer política, a quienes repudian el abuso, el atropello, el avasallamiento e intentan cambiar lo que está mal. Independientes de pensamiento y acción. Para Beder Herrera “son los que crean un mal clima y nunca trabajan, nunca trabajaron”. Y dice que los conoce “uno por uno”…
Frente a miles de pequeños estudiantes, jugó sus últimas cartas de campaña, aunque éstos no le prestaran ni la más mínima atención. Pidió hacer política y echar a los que no sirven. Y a quienes son “más cultos” -según los calificó- les pidió votar por La Rioja, o sea por sus candidatos.
Y todo Chilecito lo escuchó. También, quienes “hablan macanas” como insiste son los que desean vivir sin megaminería contaminante.
Su acción, tuvo reacción. Al salir de la escuela, protagonizó un fuerte enfrentamiento con la chileciteña asambleísta Marcela Crabbe. Y por primera vez cara a cara. Él, totalmente fuera de sí -frente a unos cuantos seguidores-, le gritó: “Devolvé lo que te presté” no sin antes esbozar su sonrisa característica. Ella, sin quedarse atrás y portando la bandera y remera en defensa de “El Famatina No se Toca” le dijo lo que muchos piensan pero no se animan a decirle a Beder Herrera: “Mentiroso, traidor, perverso”.
Ese día, el gobernador tenía la mejor oportunidad para acercarse y exponer las razones y fundamentos por las que los “antimineros” como él los llama, están equivocados respecto a la actividad. Pero no hizo nada, más que “provocar, ningunear y denigrar a quienes no pensamos como él”, ratificó la asambleísta. Una situación desagradable.
Varios minutos y a un metro de distancia. El pasado viernes, Crabbe y Herrera, se gritaron en la cara y sacaron a luz lo que uno piensa del otro. La ciudadana intentó debatir, pero el gobernador la evitó y una vez más, se fue.



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