Tal y como ocurre cada año, el 1º de enero es la fecha donde un grupo importante de fieles se reúne en barrio Laprida, para conmemorar el tradicional “Tinkunaco”. Es decir, una ceremonia donde los devotos peregrinan por calles opuestas, con las imágenes de San Nicolás de Bari y el Niño Alcalde, para luego representar el encuentro entre los Aíllis diaguitas con los Alferéces españoles.
El Padre Juan, de la iglesia Sagrado Corazón de Jesús explicó que “hace años es una tradición de Laprida, que convoca a los fieles de La Rioja a la fiesta del Niño Alcalde y de San Nicolás, es un encuentro que se llama Tinkunaco, una tradición que traen de allá con cantos en quechua, que representa una historia en la cual ante un litigio que tenia el gobierno colonial de la provincia de La Rioja, ponen como testigo al Niño Alcalde y se logra la paz”.
Esta tradición se realiza en Laprida desde hace aproximadamente 30 años, y ayer los fieles se volvieron a reunir para continuar con la ceremonia. Al mediodía iniciaron la procesión desde la iglesia, y con cantos en quechua los devotos peregrinaron de manera separada por las calles del barrio llevando, por un lado, la imagen de San Nicolás de Bari, y por otro, las de Aíllis y el Niño Alcalde, cuyos devotos caminaron al ritmo del tambor y llevando el tradicional arco.
Ambas procesiones se encontraron en calle Paraguay, donde está la ermita de la virgen, según explicó el padre “una vez que se encuentran, rememorando la unión del pueblo y la paz, vienen todos juntos a la parroquia, se termina de cantar la ceremonia y se imparte la bendición religiosa de fin de año”.
Mantener vigente la identidad
Con cantos en quechua, oraciones, canciones y reverencias, los devotos conmemoran el “Tinkunaco”, palabra quechua que significa encuentro, fusión o mezcla, y cuya fiesta es tradicional en La Rioja, durante cada año nuevo, momento en que recuerdan los acontecimientos de la Pascua de 1593, momento en que los diaguitas, agobiados por los insufribles tratamientos por parte de los españoles, no soportaron más su trato, y resolvieron atacar la ciudad.
La historia, cuenta que las armas apostadas en el fuerte de Las Padercitas fueron insuficientes para resistir el ataque de más de 9000 pobladores originarios conducidos por 45 caciques de diferentes poblados, de modo que los españoles recurrieron a los oficios de San Francisco Solano, quien logró restablecer la paz yendo al encuentro de los aborígenes mientras tocaba su violín, y llevaba una imagen del niño Jesús. A partir de allí, la imagen fue conocida como Niño Alcalde.
De esa manera, muchos de los riojanos que viven en Comodoro Rivadavia, se reúnen en barrio Laprida, para recrear y mantener vigente su identidad, a partir de la recreación de sus costumbres y creencias religiosas.



