Las fortalezas están claras. Las debilidades, también. Pese a que los primeros chispazos no tardaron en hacerse ver, en el Frente Progresista que integran radicales, socialistas, GEN y la Coalición Cívica, todos coinciden en el diagnóstico.
Confluir en un candidato a presidente que cautive y que conforme a todos, penetrar en la provincia de Buenos Aires con un aspirante a gobernador nuevo y atractivo, hacer pie en los distritos en los que el frente no existe (o logró resultados magros en octubre), sostener la visibilidad en el (largo) año y medio que falta para las PASO y trascender el Congreso como plataforma de acción política están al tope de la lista de retos.
La misión bonaerense, con epicentro en el GBA, se explica por el peso electoral del distrito (concentra el 38% del padrón) y por la histórica incapacidad de radicales y socialistas para hacerse lugar allí. En octubre, Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín quedaron en un lejano tercer puesto con el 11,8% de los votos.
La estrategia incluye desde hacer «estudios sociológicos» hasta tentar con candidaturas a figuras de la sociedad civil con buena imagen, como Juan Carr. «Los candidatos no pueden ser los mismos, necesitamos innovar», dijo a La Nación uno de los armadores del frente.
El resto del mapa también está claro. En Entre Ríos, la UCR y el FAP de Hermes Binner fueron separados en octubre y quedaron tercero y cuarto, respectivamente. «Si íbamos juntos, nos quedábamos con el tercer senador», calculó ante La Nación un encumbrado dirigente radical. Río Negro, Chaco y Chubut son tres ex bastiones radicales en los que el partido (solo o en alianza con el socialismo) quedó segundo o tercero, muy lejos de la punta. En Salta, San Juan, Santiago del Estero, San Luis, Tucumán y Tierra del Fuego, está casi todo por hacerse.
Córdoba hace equilibrio entre los fieles de la balanza. En la provincia, otro baluarte radical, la UCR quedó en octubre a cuatro puntos del delasotismo, el mismo caudal de votos que cosechó el Frente Cívico de Luis Juez.
En el haber se recortan Mendoza y Santa Fe, que catapultan a Julio Cobos y Binner a la carrera presidencial; la ciudad de Buenos Aires, con el auspicioso debut de UNEN, La Pampa, La Rioja, Jujuy, Catamarca, y Corrientes, donde resiste el único gobernador radical. En Santa Cruz permanece la esperanza de Eduardo Costa, posible candidato a gobernador.
Aunque no hay un solo dirigente que lo admita en público, el temor a las fugas hacia el massismo existe. Como muestra valen declaraciones del radical Ricardo Buryaille, reelecto diputado por Formosa, que, tras blanquear su deseo de ser gobernador, no descartó ir en una colectora del Frente Renovador. «No me voy de la UCR, pero seguiré con amigos del massismo que nos acompañan», dijo al sitio lapoliticaonline.
El intendente de Neuquén Horacio «Pechi» Quiroga es otro radical que Massa tiene en su radar. En la UCR saben que tienen que contenerlo.
Para la pelea por la visibilidad, las consignas son varias: machacar con «los temas que le importan a la gente» y «señalar la mezcla de incapacidad e incoherencia del Gobierno para resolver los problemas», según describió a La Nación un dirigente que estuvo en la cumbre de Rosario.
Aunque está decidido trabajar en una agenda parlamentaria común, a nadie en el frente se le escapa que el Congreso podría no funcionar como vidriera. Basados en la experiencia de los últimos años, no dudan de que el kirchnerismo restringirá la actividad legislativa al mínimo. Así, el bloque de 80 legisladores nacionales (58 diputados y 22 senadores) del frente se enfocaría más en dejar en evidencia la parálisis decidida por el oficialismo y en el debate en los medios que en el trabajo en el Parlamento.
Para resolver el dilema de las candidaturas hay coincidencia en que la vía es presionar por un cambio de ley para que las fórmulas puedan rearmarse después de las PASO, aunque, como quedó claro esta semana con el cruce entre Cobos y el socialismo, las diferencias sobre si corresponde o no hablar ya de candidaturas están vigentes y bien a la vista.ß



