El fraile capuchino Sebastían Glassman dio testimonio el viernes pasado en el juicio que se desarrolla en La Rioja por el asesinato de monseñor Enrique Angelelli. «El padre Sebastián» dijo desde Córdoba por videoconferencia que en julio de 1976 iba con Angelelli camino a Punta de los Llanos, una camioneta los sobrepasó, y desde adentro sus ocupantes, sacando las manos por las ventanillas, les hicieron señas como si les dispararan con una carabina o fusil.
En respuesta a una pregunta de uno de los abogados defensores, Glassman dijo que no tenía la menor duda de que la muerte de Angelelli un mes después de aquella intimidación fue un asesinato.
La audiencia nº 12 del juicio se inició con bastante retraso, exactamente al mediodía. La querella del Obispado de La Rioja presentó 5 artículos del diario “El Sol” del período 1973-1976 con declaraciones del comodoro retirado Luis Estrella (imputado) y del general Jorge Rafael Videla, pidiéndole al tribunal que los incorporase como prueba.
También la querella de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación solicitó que se sume como testigo a esta causa al teólogo Daniel García Carranza a causa de su importante testimonio en el Juicio de La Perla, Córdoba, relacionado directamente con esta causa.
Dieron su testimonio a través de videoconferencia desde Córdoba, además de Glassman, el también fraile capuchino Marcelo Kippes, el policía Luis E. Maidana y el sacerdote Roberto Queirolo.
Glassman dijo conocer a Angelelli desde los años 1963 /64 pero que recién en 1969 los capuchinos compartieron la pastoral del obispo. Y agregó que aunque en 1971 y 1973 estuvo en La Rioja de visita, recién en marzó de 1976 se instaló, con el plan de quedarse diez años.
Habló de la persecución que sufrían Angelelli y sus colaboradores. Con muchos detalles se refirió seguidamente a la carta que todos los perseguidos elaboraron en conjunto pidiendo el auxilio de monseñor Vicente Zazpe, arzobispo de Santa Fe luego de la Conferencia Episcopal de mayo de 1976 se negara a escuchar a Angelelli.
Aquella carta, leyó, decía «que la Iglesia hable en defensa del pueblo (….) desapariciones, torturas, muertes (…) no perder credibilidad», y fue entonces cuando Glassman dijo que «cuando ibamos en un Citröen (3 CV) camino a Punta de Los Llanos para que los sacerdotes de allí firmaran la carta, nos enteramos de lo de los palotinos (el asesinato de sacerdotes y seminaristas, en el barrio porteño de Belgrano, el 4 de julio de 1976), y pensamos que nuestra carta era tardía (…) nos siguió una camioneta, nos pasó y desde su interior nos hicieron señas c omo de que nos tiraban con un arma larga».
Ante una pregunta de uno de los defensores sobre su afirmación que Angelelli fue «eliminado», Glassman respondió con contundencia: «Fue a la conclusióna la que llegué por antecedentes, contexto, el asesinato de Carlos (de Dios Murías), Gabriel (Longueville) y Wenceslao (Pedernera), el espiral (dibujado por Angelelli explicando el grado de persecución y objetivos que tenía el terrorismo de Estado), fueron muchas cosas concordantes.»
Luego declaró el padre Kippes, que dijo conocer a Angelelli desde los años ’60 y particularmente de una experiencia que le resultó inolvidable en la visita Misionera de San Nicolás: «Conocí mucho más a Angelelli… Enri Praolini, el Obispo y yo hicimos la gira completa por los Llanos. Angelelli era dispuesto, se ponía al frente de todo acto religioso, se comunicaba mucho con la gente, que lo amaba. Tenía un gran sentido pastoral».
Como resumen de esta visita misionera, Kippes recordó que Angelelli dijo …”Qué linda yunta, qué buen equipo hacemos los tres…”.
Al referirse al momento del sepelio de Angelelli, se emocionó y expreso “fui valorado por él como amigo… yo lloré el 4 de agosto del 76, perdí a mi padre”.



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