El viernes pasado, en la audiencia del juicio oral y público que investiga la muerte de Enrique Angelelli, y que lo tiene como imputado, Luciano Benjamín Menéndez pidió ampliar su declaración para negar cualquier relación con el obispo. “Yo nunca hablé con Angelelli y nunca me ocupé de lo que hacía… y él lamentablemente no está acá para confirmarlo”, afirmó, en consonancia con declaraciones previas.
Lo hizo en el marco de una nueva audiencia judicial en el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de La Rioja, de la que Menéndez participa desde la Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba, por sistema de videoconferencia. Cabe acotar que en la misma causa está como imputado Luis Fernando Estrella, presente en la sala judicial riojana. Tanto Menéndez como Estrella están acusados de los delitos de homicidio calificado, tentativa de homicidio calificado en calidad de autores mediatos y en concurso real.
En la oportunidad, Menéndez también dijo desconocer la carta que Angelelli enviara a monseñor Zaspe, entonces arzobispo de Santa Fé, el 13 de Julio de 1976, días antes de su muerte. En esa misiva, Angelelli relataba su entrevista con el militar, mostrando su preocupación por “la manera de pensar ´desde lo católico´ del general. Tal escrito fue presentado como prueba por el Obispado de La Rioja, que en esta causa es querellante.
En la misma audiencia se receptó la declaración de Fernando Perota – también por videoconferencia desde Córdoba – quien en los años 70 era viajante de una empresa y el día de la muerte del obispo, 4 de agosto de 1976, recorría la ruta entre Chamical y La Rioja Capital. La importancia de su testimonio reside en que sería una de las primeras personas que pasó por el lugar a pocos minutos de la muerte de Angelelli, observando su cadáver en medio de la ruta y, a metros, un auto blanco. «Recuerdo que estaba un policía de consigna, vi un Renault 12 color blanco a mano derecha, detrás del alambrado en forma transversal con el capot hacía la ruta (…) La visión de este auto y su ubicación me causó mayor impacto que el propio cuerpo del sacerdote», recordó. Ante una pregunta del Tribunal sobre si en el auto blanco había personas (como dijo en su declaración anterior) respondió: «Es posible que me haya parecido ver a alguien». Así lo cronica el sitio web que sigue el desarrollo del Juicio, denominado “Diario del Juicio Oral y Público por el Asesinato de Monseñor Enrique Angelelli”, realizado por ex presos políticos, organizaciones sociales, de Derechos Humanos independientes y comunidades cristianas.
León y cazadores
En la misma jornada declaró también Julio Guzmán, por aquel entonces sacerdote, haciendo mención a la reunión entre Angelelli, monjas y curas realizada el último día del novenario de Carlos Murias y Gabriel Longeville, dos sacerdotes asesinados en Chamical en julio de 1976. Entre los puntos tratados, destacó las amenazas hacia Monseñor Angelelli por parte de la llamada “Triple A”, la entrevista con Benjamín Menéndez y la decisión del Obispo de quedarse en la provincia. En referencia al fatídico 4 de agosto, relató el momento en que arribó al lugar de la muerte del obispo: “Cuando llegamos al lugar estaba el (policía) Bruja Romero (Juan Carlos), militares del Ejército, policías de la provincia y un escribiente haciendo el acta…lo vimos a Monseñor, estaba tapado… (era como) un león muerto y los cazadores a la vuelta”.
Asimismo, el Dr. Pedro Goyochea, que representa al Obispado riojanopresentó como prueba documental una carta que monseñor Cándido Rubiolo (administrador diocesano en reemplazo de Monseñor Angelelli) envió al Obispo castrense Adolfo Tortolo. Allí le expresa que va a autorizar al sacerdote Julio Goyochea (de manifiesta actuación opositora a Angelelli) a ser capellán del CELPA (Base áerea). Asimismo le advierte que dado el comportamiento de este sacerdote, le solicitó que no interfiera en la Parroquia de Chamical. Este documento demuestra que quien autorizó a Goyochea fue Rubiolo y no Monseñor Angelelli como afirmaba el imputado Luis Estrella.
En la tarde de ese viernes 28, se reanudó la Audiencia con el testimonio de Noemí Bustos de Jatuff, quien habló de su llegada a La Rioja en los años 70. Consideró que la pastoral de Angelelli era justa y respondía al Concilio Vaticano II: «Mi esposo se hizo muy amigo de él. A pesar de que algunos lo cuestionaban, abrazamos su pastoral”. Refiriéndose al día del sepelio de Angelelli, relató que no había quién despidiera sus restos y que fue su marido y dos personas más quienes se encargaron de tal tarea. Días después, el 18 de agosto de 1976 su esposo fue detenido permaneciendo en tal condición hasta noviembre de ese año. Finalmente, se receptó la declaración del policía Alfredo Casiva.
La audiencia se cerró declarándose un cuarto intermedio hasta el viernes 4 de abril, cuando se reinicie a las 9.30 horas.




