La idea de transformar la Escuela Normal de La Rioja en un mero shopping-center dejó a medio país con la boca abierta. La obra es un papelón de envergadura que retoma el mismo símbolo de la frivolidad rentable del menemismo, la escuela-shopping, que en su momento salió en los diarios del mundo como un extremo de privatización que asombraba hasta a los norteamericanos. La obra mereció hasta un durísimo editorial de La Nación, que se permitió decir que más que un negocio parecía un negociado.
Lo divertido del asunto, por así decirlo, es que los fondos vinieron de una partida para restaurar edificios históricos. La Rioja no tiene tanto patrimonio, pese a su antigüedad como ciudad, y el Normal es una belleza de porte y el sitio del primer experimento con esa novedad llamada jardín de infantes. Según fuentes riojanas muy enojadas, la historia comienza con un proyecto de pedir a la Comisión Nacional de Sitios y Monumentos Históricos que declarara el colegio un monumento histórico. Al acercarse el Bicentenario, el gobierno nacional puso a disposición de las provincias partidas para restaurar edificios emblemáticos. El trámite lo empieza Hilda Soria, secretaria de Cultura, y lo sigue Amelia Montes cuando Soria es electa diputada nacional.
En la ciudad corrían rumores de otros usos para el colegio, que arrecian cuando en 2007 trasladan la secundaria con la promesa de devolverla cuando terminara “la restauración”. La dirección de Conservación de Edificios Públicos, al mando de la arquitecta Valeria Soriano, comienza un relevamiento del edificio, que dirige la arquitecta Mariana Romanazzi, una profesional que tiene un posgrado italiano en restauración. Esto resulta en un proyecto de puesta en valor, con planos, que exalta los valores del edificio y recomiendan eliminar los agregados que “contaminan la estructura original de la escuela”. El proyecto preserva, sin embargo, algunos agregados, como las graderías de piedra construidas en los sesenta para las canchas, y las fuentes de los patios, que según algunos estudios fueron realizadas en el taller de Lola Mora.
El presupuesto para las obras venía del Plan de Mejoramiento de la Infraestructura Escolar, un convenio firmado con el gobierno nacional por el que los riojanos recibían 40 millones de pesos y sirvió para reparar y equipar a muchas escuelas. El convenio referente al Normal se firma el 27 de mayo de 2009, luego de que el gobierno riojano presentara el plan de puesta en valor.
Pero resulta que pronto queda en claro que la obra es otra. No fue muy difícil enterarse, ya que los riojanos pudieron ver volar mármoles y pisos originales, y caer muros y elementos del colegio. Para octubre de 2009 había un amparo y reuniones casi feroces, donde por fin se pudo ver la obra que realmente querían hacer. Resulta que los planos no aparecían ni se mostraban, pero se insistía con que la obra era la pactada con el gobierno nacional. En una reunión con el ministro provincial de Educación Walter Flores y la arquitecta Soriano, al fin aparecieron. Soriano insistía en que lo que estaban haciendo era una puesta en valor y que la escuela “quedaba más bonita”. Finalmente, desplegó los planos y ahí apareció por primera vez en público el Paseo Ramírez. Según Soriano y Flores, cuentan los asistentes a la reunión, la obra era una decisión política del gobernador. En la obra campeaba un cartel que decía “Ministerio de Planificación Federal, Plan de Mejoramiento Escolar”: Con lo que a todos les quedó en claro que el shopping se construye con fondos públicos y federales destinados a otras cosas.
A todo esto, el gobierno riojano había abandonado el proyecto de que la escuela fuera monumento nacional –lo que impediría hacer shoppings–, con lo que no cayó muy bien que también en mayo de 2009 la senadora nacional Teresita Quintela presentara el proyecto 1255-S-2009 justamente para eso. El gobierno de La Rioja, sin embargo, no frenó nada y el 18 de junio adjudicó la obra a G&S Proyecto y Construcción, del arquitecto Rodolfo Guell, por $ 7.066.907,54. Curiosamente, en septiembre se sanciona la ley provincial 8510/09 que declara, al Normal, Monumento Histórico Provincial. Nada curiosamente, la ley nunca se reglamentó.
El 7 de octubre se blanqueó el tema, presentando en sociedad al Paseo Ramírez, lo que disparó la movilización vecinal. A todo esto, seguía el trámite en la Comisión Nacional para ver si se declaraba monumento nacional. Los riojanos le afirmaron a la comisión que el edificio ya estaba transformado, con lo que la Comisión lo declaró apenas Lugar Histórico, luego de consultar con su delegado en la provincia, el arquitecto Luis Orecchia. Pero resulta que el arquitecto Fabrio Grementieri acababa de visitar La Rioja y sacar fotos detalladas del edificio, que demuestran que las obras no estaban ni remotamente tan avanzadas como afirmaba Orecchia… En lo que va del año, llovieron notas e informes sobre la comisión nacional, que no se mueve de su posición. Hasta rechazaron un proyecto de la Cámara de Diputados –de Julio Martínez, que buscaba declarar el Normal monumento pero con actividad escolar– diciendo que ellos ya habían considerado el caso y lo había rechazado.
Este espectacular papelón debería resolverse con una simple pregunta desde Buenos Aires: ¿no era que los fondos eran para restaurar el edificio, como monumento histórico? Ese llamado, llegado desde el poder nacional, pondría orden en este atropello tan desganado a la historia.



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