Carlos Menem se convirtió en la principal atracción del Senado desde que hace un par de reuniones empezó a dar quórum, un alivio para el Frente para la Victoria que cada vez sufre más para buscar aliados.
En la tarde del miércoles el riojano rompió sus récords de los últimos años: llegó puntual a dar quórum y permaneció por dos horas en la sesión, lo suficiente para escuchar la posición de todos los bloques sobre la ley de telecomunicaciones. A mano alzado, votó todas las mociones para ordenar la sesión.
El ex presidente hace gala del carisma que tan popular lo hizo en la Casa Rosada. Ubicado en el sector del oficialismo, con la banca más cercana al estrado, saluda a cuanta mujer le pasa cerca. Ni se fija si es senadora o no.
La rionegrina Silvina García Larraburu le caminó cerca y una sonrisa del riojano la obligó a reclinarse y darle un beso. Lo mismo una empleada que repartió material en todas bancas. Menem no discrimina: acerca la mejilla con una mano, sonríe y besa con ganas.
Su presencia no pasa desapercibida a nadie. Su coterránea Hilda Aguirre, que le debe su banca a él, le habla de a ratos, pero no se queda sola. El formoseño José Mayans, corazón del bloque K, suele intercambiar algún chiste.
Cuando quiere irse, Menem tampoco está solo: una rubia alta, madura pero muy llamativa, lo ayuda a retirarse de la sesión. Los empleados la llaman “la Barbie del turco”
Hace dos años “la Berbie” deleitaba con vestidos de encaje, pero hoy prefirió uno con pollera abierta que alcanzó para robarse las miradas. Caballero, ni bien la vio el ex presidente se levantó de su banca, le pidió que pasara primero y recién después aceptó su ayuda para irse del recinto.
Llegó al inicio y estuvo dos horas escuchando. Sus cálidos saludos a senadoras y empleadas.





