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Los muchachos peronistas hacen gobernador a Julio Martínez

Una locura es lo que sucede dentro del peronismo riojano. Una pelea sin cuartel, a raíz de la finalización del mandato constitucional del gobernador.

Acusaciones, chicanas, denuncias y “carpetazos” son sinónimo de la descomposición de poder del hombre que llegó desde Famatina hace más de 30 años.

Mientras el bederismo se encamina a una interna propia, el gobernador echó a un docente de Chilecito por haber reclamado sus derechos.

Mientras el gobierno organiza un Mega Desfile de Modas que ronda $1.800.000, sostiene que no tiene recursos para otorgar el anunciado bono navideño para los empleados estatales.

Mientras se acusa de “ñoquis” a los médicos, todo el sistema de salud está parado debido a las medidas de fuerza por mejoras salariales y en rechazo al trabajo en negro.

Mientras se defiende a las SAPEM como única salida de la provincia, silenciosamente se despide a los directivos de las empresas ante la sospecha de casos gravísimos de corrupción.

Mientras el gobierno desconoce a los PIL, rompe la relación con Lázaro Fonzalida, actual intendente de Chilecito y ex ministro de Gobierno de la administración de transición tras la caída de Ángel Maza.

Mientras la Casa de las Tejas construye el Superdomo con recursos para los municipios, reconocido por el gobierno, trata de quebrar financieramente al Palacio Municipal de la Capital, ya que Ricardo Quintela se posiciona como el mejor hombre del peronismo rumbo a las elecciones del 2015.

Mientras eso pasa, que es una pequeña síntesis, existe en la sociedad riojana un hartazgo de las peleas del peronismo, que gobierna la provincia desde el regreso a la democracia.

Más allá de los sondeos que hablan del 70 por ciento de imagen positiva, la comunidad es partícipe indirecta de la pelea por la sucesión, pese que en las elecciones PASO ya envió un mensaje: que puede votar a la oposición.

Hasta Fuerza Cívica Riojana reconoce que su jefe de campaña es la Casa de Gobierno por los errores garrafales y por este motivo, el radical Julio Martínez se llamó a silencio, y hasta sus socios, viendo la destrucción del justicialismo.

Cuando Beder Herrera anunciaba que no tenía fondos para el bono navideño, Martínez festeja el triunfo de Racing en el estadio de Avellaneda.

Cuando el bederismo confirmaba las internas para el 8 de marzo, Inés Brizuela y Doria se mostraba con autoridades del gobierno de Córdoba para aplicar en la provincia el Programa Primer Paso (PPP).

Cuando se conocían gravísimas irregularidades en las SAPEM, especialmente en la empresa EDELaR, Fuerza Cívica compartía un acto en Famatina con críticas hacia el oficialismo.

De esa forma, la oposición liderada por Martínez se beneficia por la pérdida de rumbo del gobierno. En otras palabras, si hoy fueran las elecciones, Beder Herrera le debería poner la banda al radical.

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