Una de las monjas que estaba con a los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville la noche en que fueron asesinados, Lilia Cabas, aseguró que «quienes se llevaron a Carlos y Gabriel dijeron que eran de la Policía Federal y que tenían que tomarles declaración sobre unos temas que no dijeron».
La religiosa declaró en el juicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo en La Rioja en contra del alférez retirado Angel Ricardo Pezzetta por el asesinato de ambos sacerdotes en la ciudad de Chamical durante la última dictadura.
La causa es residual de otra en la que fueron condenados por el mismo crimen a prisión perpetua el ex teniente general Luciano Benjamín Menéndez; el vicecomodoro retirado Luis Fernando Estrella -que era entonces el jefe de la Base Aérea del Chamical- y el comisario Domingo Benito Vera, jefe de policía de la ciudad.
Cabas señaló que «cuando golpearon la puerta, Carlos (Murias) dijo que él atendería, lo que nos pareció raro ya que en la casa parroquial siempre atendíamos las hermanas y esa noche llegaron dos personas que según Carlos, eran de la Policía Federal y querían tomarnos declaración sobre algunos hechos sin que nos precisara cuales».
«Estas personas ingresaron a una habitación contigua a la entrada y hablaron con los sacerdotes y unos minutos más tarde se fueron en un auto con rumbo al sur (Ciudad de Córdoba) pero no pude ver qué auto ni con quién iban porque era una noche muy oscura».
Al ser consultada sobre si integrantes de la Base Aérea Militar de Chamical realizaban tareas de inteligencia a los sacerdotes, expresó que «sabían que las hacían porque algunos sacerdotes lo comentaron pero a mí personalmente nunca me lo dijeron».
En relación al hecho en sí, la hermana Lilia Cabas dijo que «nos enteramos al otro día lo que había pasado con Carlos y Gabriel, pasamos por el lugar y vimos que la guardia la hacían personal de la Fuerza Aérea, no de la policía, y también concurrieron algunas autoridades al velorio de los sacerdotes».
«Cuando regresamos a la casa parroquial, notamos un auto detenido al frente de la misma como si lo hubieran roto y una persona estaba en la parte del baúl y cuando nos bajamos nos siguieron con la mirada atentamente como si nos estuvieran persiguiendo».
Finalmente, Cabas expresó que «el padre Francisco Canober, quien vio los cuerpos, nos contó que sobre el de Carlos había un papel con un listado de nombres como si fueran los que seguían para matar; que yo estaba en esa lista y que todos los nombres era de personas de la pastoral de Monseñor Enrique Angelelli».
Las audiencias se reanudarán mañana con la declaración de los últimos dos testigos y se espera que se anuncie la fecha de los alegatos de las partes y el posterior veredicto.





