En las tierras del Qhapaq Ñan -Camino del Inca-, a su paso por Famatina, en la provincia de La Rioja, el único Cristo Articulado proveniente del Perú ubicado en la Iglesia de San Pedro, con sus 400 años de antigüedad, es un lugar venerado al que llegan miles de fieles locales y turistas en el marco de los festejos de la Semana Santa. El Cristo Articulado forma parte del itinerario de Semana Santa por caminos de La Rioja, que es como una carta gourmet, una propuesta para cada gusto y desafío, lugares de extraordinaria belleza paisajística, cultura, arqueología, remontarte en el tiempo y ser capaz de identificarte con sus costumbres, sus relatos y vivencias.
Único –por sus características y procedencia – la fe y la devoción, confluyen en esta imagen de tamaño natural traído desde el Alto Perú en 1856 a través de Chile.
La imagen del arte barroco americano fue tallada en madera y revestida en cuero, y se articula por el cuello permitiéndole mover su cabeza y extremidades superiores.
Este monumento histórico de estilo neoclásico, cuyas paredes son de grandes adobes y tienen 1,5 metros de ancho, posee una gran torre y campanario central, rematada por una hermosa cruz de hierro forjado con la imagen de Jesús.
La piedra basal fue puesta en 1904, donde su máximo valor radica en su imaginería. La imagen más antigua fue traída de la primera iglesia, que se encontraba localizada en Capayan, en el límite sur del departamento.
Se la conoce como San Pedro viejo, patrono de la iglesia, con su principal celebración el 29 de Junio.
Esta imagen fue traída del Alto Perú por el hijo de Ramírez de Velasco, fundador de la Ciudad de todos los Santos de la Nueva Rioja, es decir, tiene más de 400 años de antigüedad.
Cada Viernes Santo se rememora la Pasión del Hijo de Dios haciendo descender a las 15 al Cristo de la Cruz, se lo pone en un sepulcro y se hace un vía crucis por las calles del pueblo junto a los feligreses.
Se trata de una ceremonia que año a año se repite y profundamente sentida y revivida por los peregrinos que acompañan, y que también portan las imágenes también de tamaño natural, de San Juan el Bautista y la Virgen Dolorosa.
Famatina y sus Gigantes de blancas vestiduras nevadas, de impactantes imágenes que hacen del centro y ladera oriental, una perspectiva única y privilegiada del macizo, atractivo mundial cuya latitud supera los 6200 metros sobre el nivel del mar.
En un impresionante recorrido que asciende tortuoso por el pedemonte, angostos valles intermontanos y estrechas quebradas por donde discurre el río amarillo, se llega a la Mina la Mejicana, desde donde se conduce a Tres Piedras, pasando por Los Ramblones.
Ahí se descubren vestigios de antiguos lavadores de oro frente a un escenario de impactantes hitos de la naturaleza y geoformas tales como Agua Salada, El Agencal y la Junta.
Una casa de adobe de 1890, en el kilómetro 19, conforman este paisaje que junto a restos de los hornos de fundición componen insólitas y coloridas formas como «El Pesebre», un cañón horadado por el agua y que ha dejado al descubierto formaciones de limonita y conocida como la Mina de ocre que se alzan junto a cuevas naturales.
Las mismas que eran habitadas ocasionalmente por pobladores en el arreo de su ganado en la zona conocida como «Las Cuevas», entre otros hitos como La Encrucijada, Cuesta Amarilla y Cueva de Pérez, para dar paso luego a las estaciones 8 y 9 del Cablecarril, por donde se conducía los minerales hasta Chilecito.
En el trayecto de impactante belleza se cruza por curiosas geoformas como Ampallao, Los Bayos, Los Caracoles, Pampa de Tamberia, el Volcán y la Junta.
La arqueología permitió que, el afán del hombre por descubrir nuevos lugares, se encontrara un impresionante y profundo cañadón formado por la erosión hídrica donde aflora una enorme veta de limonita u «ocre» de un color amarillento muy intenso.
El incalculable paisaje ofrece al turismo un enorme potencial por descubrir donde no sólo contrasta el color con el medio natural circundante, sino la energía de relieve y sus extrañas geoformas, producto de la erosión hídrica.
Lugares de extraordinaria riqueza arqueológica, espejos de agua en el Dique de Chañarmuyo para la práctica de la pesca del pejerrey o disciplinas náuticas forman parte del recorrido turístico, donde la imaginaria lo lleva al visitante a formar parte de estas bellezas naturales.
Contrariamente a la manifestación de religiosidad, y rozando la realidad con lo mitológico se encuentra otra Salamanca o «Cueva de Brujas», convertida en mito para propios y extraños.
Sorprende cuando cada martes y viernes reunidas brujas y brujos conjuran maldades y sacrilegios.
Este lugar forma parte del llamado Circuito del Encanto que comienza en la Vieja Usina Hidroeléctrica que dejó de funcionar en la década del 70.






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