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La Asignación Universal por Hijo devaluada

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En noviembre del año 2009, luego de la derrota del oficialismo en las elecciones legislativas, la Presidente anunció la creación de una nueva política de protección social: la asignación universal por hijo (AUH). No era nada nuevo; proyectos de ampliación de las asignaciones familiares hacia los sectores sociales excluidos del sistema de previsión social tradicional se habían presentado en reiteradas ocasiones desde el año 1996 por parte de la oposición, desde donde provinieron algunas de las críticas más contundentes a la AUH anunciada desde el poder ejecutivo.

Los argumentos eran que no era realmente universal sino únicamente para hijos de padres desempleados, que no tenía la jerarquía de ley (ya que se había decidido instaurarla por decreto) y por ende podía ser desestimada con mayor facilidad por simples decisiones políticas y que, al no contar con un mecanismo automático de actualización, el ingreso real percibido por los beneficiarios sería vulnerable al contexto inflacionario, ya característico del país hace 6 años, y a arbitrariedades políticas.

En el siguiente gráfico queda demostrado justamente este último punto: la inestabilidad real y la pérdida de poder adquisitivo de la suma nominal percibida por los beneficiarios, como consecuencia del aumento de los precios al consumidor.

Desde su instauración, la AUH tuvo 6 ajustes (incluido el de hoy) siempre en los meses de junio o septiembre desde los iniciales 180 pesos por hijo de noviembre de 2009. Estos aumentos fueron, en promedio, del 30 % con extremos del 22 % (en septiembre de 2010) hasta el 40 % en junio del año pasado.

Pero estos ajustes, lejos de significar incrementos reales en los ingresos percibidos por las familias funcionan como actualizaciones y recuperaciones de la pérdida de poder adquisitivo que sufre el monto nominal como consecuencia del fuerte proceso inflacionario característico de la economía argentina. Debido a esto, como las actualizaciones son discretas (se dan una vez al año) pero la inflación es continua, es decir que los precios suben varias veces en un año (cada trimestre, mes a mes, etc.), en el tiempo que transcurre entre una y otra actualización, el dinero percibido por los beneficiarios del plan pierde poder adquisitivo, es decir, capacidad de comprar los mismos bienes y servicios que al momento del aumento.

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