Seis segundos para bajar y seis segundos para subir. Ese es el tiempo exacto en el que Carina López descenderá un piso para abrir el portero. Un estrecho tramo de reloj la lleva a separarse de su hijito Gerónimo para atender alguna visita. Minutos antes pondrá llave a la puerta y le pedirá al bebé que por favor no llore. “Mamá vuelve enseguida”. Y partirá con velocidad de Superman.
Según Día a Día, Mamá y bebé se encuentran en Córdoba desde hace un año. Ambos son oriundos del interior de La Rioja y tuvieron que mudarse a esa provincia en busca de la mejor atención para el chiquito. Gerónimo Lionel Carrizo nació el 24 de junio del año pasado con 2.900 gramos y 39 semanas de gestación. Desde el comienzo sus padres supieron que algo no andaba bien: no se prendía a la teta y respiraba con dificultad.
“Andate ya a Córdoba o Buenos Aires. Tu hijo no está bien”, le dijeron los médicos de sus pagos. Y así fue cómo el 1º de julio a las 2.45, el niño ingresó a la terapia de neonatología de la Clínica Reina Fabiola de Córdoba.
Gero no respiraba por sus medios y tenía además una cardiopatía congénita. Pero en ese momento no se sabía bien qué era. Los médicos de la clínica tomaron muestras de sangre y, 15 días más tarde, el resultado llegó.
Carina supo que las noticias no eran alentadoras. En parte por su intuición. Y en parte por la cara de los médicos. Gero había nacido con el Síndrome de Edwards, un trastorno genético que provoca problemas en el corazón y retrasos en el conocimiento, entre otras cosas.
“La vida no te prepara para recibir este tipo de noticias. No hay un manual de instrucciones que te indique qué hacer. Yo saqué fuerzas de todos lados y la luché hasta las últimas consecuencias”, cuenta Carina en la casa que alquilan en barrio General Paz.
Así fue cómo la familia quedó dividida en forma temporal. En La Rioja quedó Nicolás, marido de Carina, con sus tres hijos Constanza, Gabriel y Matías. En Córdoba, la mujer y el bebé fueron sorteando obstáculos en la clínica de barrio General Paz.
“Una vez me paró un médico en el pasillo. Me dijo que era muy buena la contención que le daba a Gerónimo. ‘Vos no le exigís cosas todo el tiempo. Vos esperás y celebrás los resultados que él te puede dar’”, contó la mujer. Gerónimo fue intervenido cinco veces quirúrgicamente: de corazón, una traqueotomía y por una hernia. Por el trabajo persistente de la familia, logró ser dado de alta el martes pasado. Justo al día siguiente, fue su primer cumpleaños.
En el departamento de barrio General Paz hubo una linda fiesta en la que participaron médicos y enfermeras de la clínica. Cada vez que Carina bajaba a abrir el portero tardaba seis segundos de ida y seis segundos de vuelta.
El amor de familia es vital
El Síndrome de Edwards es un trastorno genético a nivel de los cromosomas. Las características se reconocen desde el nacimiento. Los chiquitos tardan mucho en prenderse de la teta y pueden presentar algunas anomalías mayores, como cardiopatías congénitas y retrasos del aprendizaje.
Según información de la Organización Mundial de la Salud, la mayoría fallece en los primeros seis meses de vida. Otros tantos logran sobrevivir con el apoyo incondicional de la familia y de los equipos de salud, siempre que sean interdisciplinarios.
La mayoría de los bebés presenta las manos de la siguiente forma: los puños cerrados, con dificultad para abrirlos, y con el segundo dedo montado sobre el tercero y el quinto sobre el cuarto.




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