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La mujer baleada por su ex se recupera tras el grave hecho

f700x390-68031_107049_0Dijo que el día del hecho su ex se había subido a una higuera para vigilarla hasta que salió y le disparó.

Amanda Barrera (29), la joven que recibió dos disparos que comprometieron su vida llevándola al borde de la muerte el pasado 7 de marzo, aún convaleciente se recupera favorablemente.

En la casa de sus padres en la localidad de Anillaco, a unos 30 kilómetros al norte de Tinogasta (Catamarca), recibió a El Ancasti y brindó su testimonio como víctima de violencia de género que terminó finalmente con la tragedia de la muerte de su ex pareja, Segundo del Valle Godoy (37), padre de sus dos hijos. Su ex, tras dispararle, se quitó la vida utilizando una escopeta calibre 22.

«Hace 18 días que estoy sufriendo dolores, angustias. Estoy muy dolorida y por eso estoy en cama, pero puedo caminar», comentó.

La joven madre sufrió dos impacto de bala: uno en la espalda, cerca del pulmón, y el otro al lado del riñón. Los impactos afectaron los intestinos y la vena aorta, que los médicos del hospital Vera Barros (La Rioja) pudieron reparar, pero fue necesario hacer una cirugía muy grande para poder salvarle la vida. Aun así permaneció una semana en terapia intensiva y la recuperación demandará por lo menos un año.

Amanda cuenta con la contención médica y psicológica de profesionales del medio, a quienes reconoció como la doctora Estela Sosa y Graciela Bellummia, y una psicóloga con quien todos los miércoles tienen sesión, ella y los niños y va hasta la casa. «Trato de no pensar en lo que pasó, trato de estar bien por mis hijos, por mí misma y mi familia, no quiero pensar porque voy a caer”, dijo la mujer.

Víctima de violencia de género que terminó con tragedia ante el primer intento de poner fin a la traumática relación, la mujer alentó a sus congéneres a no permitir ser golpeadas. «A todas las mujeres víctimas de violencia les pido que traten de salir antes, que no sufran lo mismo que pasé yo, estuve 8 años pasando lo mismo. Muchos saben de mi caso, por eso les digo que traten de no llegar al extremo y que los hombres tomen conciencia de lo que tienen en su casa, de sus hijos, que hagan una vida como corresponde, porque convivir implica una responsabilidad tanto para la mujer como para el hombre», reflexionó.

Violencia

Barrera comentó que hacía dos semanas que se había separado porque su pareja era demasiado violento y que todo se agudizó a partir de la intervención de comentarios de terceros.

«Todo esto pasó por las malas lenguas, gente que a él en vez de orientarlo derecho, no, con habladurías, calumnias y bueno hasta que pasó lo que pasó. Se ve que las amistades de él querían eso. El día que me disparó yo no lo había visto, cuando ocurrió sentí que me agarraba la corriente, pero cuando caí al piso mis hermanos me dijeron que había estado arriba de una planta -una higuera ubicada en el frente de la casa de los padres de Amanda- y desde allí disparo.

La mujer admitió que durante la convivencia varias veces fue agredida y víctima de violencia de género, pero que nunca lo había denunciado, hasta que decidió irse de la casa donde convivían en la localidad de El Puesto a la de sus padres en Anillaco, unos 12 kilómetros más al norte. En esa oportunidad sí puso en conocimiento a las autoridades judiciales y policiales.

«Puse en conocimiento a la policía, en el Juzgado, pero no se hizo mucho, no le dieron mucha importancia, fue como algo pasajero digamos, hasta que pasó todo y recién empezaron a llegar de un lado y del otro, pero ya era demasiado tarde», dijo.

«La violencia era verbal y física. Me decía cosas, no me dejaba salir, yo no tenía amistades porque a él no le gustaba, era bastante celoso. Yo lo aguanté, esperaba que cambie todos estos años que estaba con él. A veces por mis criaturas aguanté muchas cosas y por eso me traté de separar y no valió de nada, porque todo pasó tan rápido y hoy me encuentro sin poder trabajar, sin nada».

Barrera sostuvo que el consumo de bebidas alcohólicas también influenciaba en la violencia de la que era receptora. «Él jugaba el fútbol los jueves, los viernes y a veces los sábados y tomaba mucho. Ahí se juntaban y cuando toman se dicen cosas», dijo. (El Ancasti)

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