Explicaron que la tarea de administrar el dinero recaudado era compartida y no sólo era tarea de la alternadora oriunda de La Rioja que fue detenida.
Las tres trabajadoras sexuales que fueron rescatadas en el allanamiento al bar pool “Candela” en Tinogasta, declararon ayer ante la Fiscalía Federal de Catamarca y explicaron que la tarea de administrar el dinero recaudado era compartida y no sólo era tarea de la alternadora oriunda de La Rioja que fue detenida.
De esta forma, las mujeres intentaron desvincularla de una posible imputación, ya que al momento del allanamiento, el personal policial constató que la riojana era quien tenía guardado el dinero de esa noche y debía repartirlo luego, dejando la parte que corresponde al propietario del lugar, quien aún no pudo ser detenido.
Según pudo conocer El Esquiú.com, luego de concluir con el trámite ante la Justicia federal, las dos mujeres oriundas de República Dominicana regresaron hacia Jesús María, donde tienen fijado domicilio. La alternadora oriunda de Mendoza regresó a Tinogasta, donde tiene una hija que cursa un embarazo de riesgo. Tanto el alojamiento, la contención
interdisciplinaria, los alimentos y los pasajes de ómnibus fueron brindados por el personal del programa Antiimpunidad, a cargo de Ana Laura Romero.
Resta definir la situación de la mujer riojana, quien quedó privada de su libertad hasta que la Justicia federal determine su grado de participación en la cadena de trata.
Fuentes policiales consultadas negaron que se haya detenido al propietario del lugar o a un proxeneta, como se deslizó ayer en otros medios. Por el momento, sólo se encuentra con arresto domiciliario una mujer.
El personal de la dirección de Trata de Personas de la provincia realizó una ardua tarea investigativa sobre el bar pool, que ya fue allanado y clausurado en numerosas ocasiones, antes conocido como la whisquería “La Torre”.
Parados
Fuentes policiales consultadas, criticaron que si bien la habilitación municipal pudo haber sido correcta, la falta de controles periódicos permitió que se volviera a incurrir en la explotación sexual de mujeres en el lugar.
Los servicios eran consumados en dos incómodas habitaciones -incluso sin cama- que había atrás del local comercial y en el descampado, donde el que podía mantenía relaciones dentro de sus automóviles y los otros, lo hacían de pie o en el suelo. Todas las inmediaciones estaban llenas de preservativos usados y envoltorios de la misma marca que los secuestrados a las mujeres.
Fuente: El Esquiú




