
“Garantizamos la gobernabilidad”. Es una frase política muy escuchada. Son aquellos que fueron opositores y hoy son más oficialistas que los propios representantes del gobierno de turno.
La política riojana camina hacia el abismo, ya que la ambición de poder la transforma en una ambición personal. Es salvarse como sea y con quien sea. No importa que el archivo periodístico hable de improperios ni de denuncias.
Se llegó a tal punto que los de ayer que eran funcionarios, hoy son los principales opositores y aquellos que estaban en una vereda se cruzan sin ponerse colorados.
Hay una sociedad silenciosa que quizás votó a alguien que debía ser controlador, que hoy ocupa un cargo en el lugar que debía controlar. O viceversa, es decir, ser administrador y hoy es criticador, con el fin de mantener viva su ambición personal.
Podría dejarse algunas excepciones, pero desde allí es tenebrosa la estrategia política, ya que los propios votantes podrían reaccionar de la peor manera.
De derecha a izquierda y del neoliberalismo al otro frente se camina sin importarle una doctrina o una mirada política, con el fin que algo cambie. Hay radicales más peronistas que el propio Perón, como hay justicialistas más macristas que el propio Macri. Ayer le acusaban de todos los males y hoy lo defienden de todos los malos sin miramiento de partido político.
A este punto se ha llegado que la descomposición política es una realidad en La Rioja.



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