El peronismo sufre lo que le ha sucedido a otros partidos en La Rioja: la falta de liderazgo. Los que lo quieren ser no cuenta con el aval de los suyos y los que fueron no tienen intereses personales para pelearlo.
Hasta ahora, el peronismo estuvo tranquilo, es decir sin problemas. Cada uno en su espacio interno logró algún objetivo, pero hoy el Justicialismo es un barco a la deriva o un avión sin piloto.
Hay dirigentes que pretende ser el sucesor de Sergio Casas, aunque no tienen votos (las encuestas son destructivas), y otros se valen de eso para tratar de manejar la caja, que hoy solo piensa en pagar los salarios (cumple órdenes el ministro de Hacienda, Ricardo Guerra).

Podrían ser normal las peleas internas, si habría un referente que esté por encima y sea la unidad dentro de un partido, que siempre ha demostrado ambición de poder.
Luis Beder Herrera es traicionado por sus más íntimos, Sergio Casas solo busca no pelearse con nadie, Alberto Paredes Urquiza busca ser algo lejos de los que están, y de allí en más el panorama es oscuro. Cómo será que Carlos Menem tiene un 46% de imagen positiva en toda la provincia y los demás que aspiran al 2019 no pasan el 10%.
Al peronismo le escondieron la caja y se perdió. Inició el operativo de autodestrucción, sin importarle si ellos mismos son los afectados. Quizás que Casas haya sido el más sensato, al manifestar en la Casa de Todos que pueden ir presos en caso que gane Cambiemos (usó otras palabras).
Un beso o abrazo y luego llega el puñal. Intendentes contra intendentes, diputados contra diputados, ministros con ministros, y la lista continúa. La desconfianza llegó a tal extremo que de una cena en la casa de un legislador del lejano oeste apareció un audio en la casa de Beder Herrera.
Hay un dirigente que es conocido como «Dron», ya que lleva y trae información (el que lo conoce se reirá).
Las elecciones internas podrían ser la salida, aunque sin recursos no habrá candidatos.






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