El enviado del papa Francisco a La Rioja, Angelo Becciu, afirmó hoy que el obispo Enrique Angelelli y los otros tres mártires riojanos beatificados «fueron asesinados» durante la dictadura en 1976 por su «fuerte compromiso social» y que sus ejemplos exhortan a la sociedad argentina a «trabajar por la justicia» y «ser testigos de solidaridad».
«Fueron asesinados en 1976, durante la dictadura militar, marcado por un clima político y social incandescente, que también tenía claros rasgos de persecución religiosa. Fueron asesinados debido a su diligente actividad de promoción de la justicia cristiana», dijo el cardenal italiano en la homilía de la misa de beatificación que se celebró esta mañana en la ciudad de La Rioja.
Para Becciu, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, «el compromiso en favor de una justicia social y de la promoción de la dignidad de la persona humana se vio obstaculizado con todas las fuerzas de las autoridades civiles».
Frente a una multitud de peregrinos reunidos al aire libre en el Parque de la Ciudad, rodeados de cerros y con un cielo despejado, Becciu destacó el legado de los mártires como «modelos de vida cristiana» que dejan a la sociedad argentina el obispo Angelelli, los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville y el laico catequista Wenceslao Pedernera, que se convirtieron hoy en los primeros mártires de la Iglesia argentina asesinados por la dictadura.
«Se ofrecieron a Dios y al prójimo en un heroico testimonio cristiano, que tuvo su culmen en el martirio», remarcó en su mensaje y agregó: «Ellos fueron testigos fieles del Evangelio y se mantuvieron firmes en su amor a Cristo y a su Iglesia a costa de sufrimientos y del sacrificio extremo de la vida».
Al explicar el contexto en el que fueron asesinados, Becciu indicó que «el régimen dictatorial consideraba sospechosa cualquier forma de defensa de la justicia social» y los cuatro beatos «desarrollaban una acción pastoral abierta a los nuevos desafíos pastorales; atenta a la promoción de los estratos más débiles, a la defensa de su dignidad y a la formación de las conciencias, en el marco de la Doctrina Social de la Iglesia, para intentar ofrecer soluciones a los múltiples problemas sociales».
La labor que desarrollaban en ese contexto era «una obra de formación en la fe, de un fuerte compromiso religioso y social, anclado en el Evangelio, en favor de los más pobres y explotados, y realizado a la luz de la novedad del Concilio Ecuménico Vaticano II, en el fuerte deseo de implementar las enseñanzas conciliares».
«Oficialmente, el poder político se profesaba respetuoso, incluso defensor de la religión cristiana, e intentaba instrumentalizarla, pretendiendo una actitud servil por parte del clero y pasiva por parte de los fieles, invitados por la fuerza a externalizar su fe solo en manifestaciones litúrgicas y de culto», agregó.
Ante esta situación, los nuevos beatos «se esforzaron por trabajar en favor de una fe que también incidiese en la vida; de modo que el Evangelio se convirtiese en fermento en la sociedad de una nueva humanidad fundada en la justicia, la solidaridad y la igualdad».
En su mensaje, Becciu sostuvo que los mártires «vivieron y murieron por amor» y que su testimonio «anula la pretensión de vivir de forma egoísta o de construir un modelo de sociedad cerrada y sin referencia a los valores morales y espirituales».





