Para El País de España, el Papa refuerza la Iglesia de los pobres con Angelelli

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Bajo el título “El papa Francisco refuerza la Iglesia de los pobres con la beatificación del obispo argentino Enrique Angelelli”, el diario El País de España entendió que los ‘curas villeros’ celebran como un triunfo el reconocimiento del sacerdote y tres de sus colaboradores, todos ellos asesinados en 1976 por la dictadura.

Ha sido una beatificación de alto contenido político. El obispo Enrique Angelelli y tres de sus colaboradores, dos de ellos sacerdotes y el otro laico, son desde este fin de semana “mártires de la Iglesia”, asesinados in odium fidei o en odio de la fe. Sus críticas a la dictadura les costaron la vida en la provincia de La Rioja, donde misionaban, apenas iniciado el gobierno militar, en 1976. Hasta La Rioja viajó desde el Vaticano el cardenal italiano Giovanni Angelo Becciu, para ponerse al frente de una ceremonia que reunió a medio centenar de obispos y miles de personas. Pero los herederos de Angelelli celebraron lejos de aquel acto institucional, a la vera de las vías del tren en José León Suárez, un barrio popular en las afueras de Buenos Aires. Allí trabajan los “curas villeros”, que vieron en la beatificación de Angelelli el reclamo del papa Francisco por una Iglesia más cercana a los pobres.

José León Suárez es la tierra del padre José María Di Paola, un cura “con los pies en el barro”, como le gustan al Papa. El padre Pepe, como le dicen, llega a la ceremonia con ropa informal y el alba en la mano. Dará una misa ante la gente que le sigue, reforzado en su militancia por la figura de Angelelli y los otros tres mártires: el franciscano Carlos de Dios Murias, el sacerdote francés Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera, un laico que era catequista. “Fray Murias vivió acá en José León Suárez, misionando. Lo importante para nosotros es que la Iglesia, a través de Francisco, nos propone un modelo de Iglesia comprometida con los demás”, dice Di Paola.

Angelelli murió el 4 de agosto de 1976 víctima de un accidente de carretera provocado, a unos pocos kilómetros de Chamical. Minutos antes había participado en el funeral de Murias y Longeville, torturados y fusilados por los militares tras su secuestro en una base aérea. Los grupos armados de la dictadura ya habían acribillado en su casa y delante de su familia a Pedernera. Los cuatro hacían trabajo social en los barrios más pobres de la provincia y quedaron en la mira después del golpe contra Isabel Perón.

Para el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, presente en José León Suárez, el reconocimiento a Angelelli está en línea con la santificación del obispo salvadoreño Óscar Romero, en octubre pasado. “Romero estuvo silenciado durante muchos años. Lo mismo pasa con los cuatro mártires riojanos, no solo Angelelli. Yo los conocí a todos. Eran pastores que caminaban y denunciaban las injusticias, y por eso los mataron”, dice Pérez Esquivel. Se trata, en cualquier caso, de sacar de la oscuridad a esos sectores de la Iglesia que no apoyaron el terrorismo de Estado, como sí hicieron tantos otros.

El público se reúne en un triángulo formado por las vías del tren y el puente que permite a la avenida Márquez cruzar sobre las vías. Es una zona comercial, pero muy deprimida. Los tenderos se quejan de que todo está “jodido, jodido”, como nunca desde la crisis de 2001, cuando tocaron fondo. Entre los comercios hay carpas de venta de comida montadas por las parroquias para recaudar dinero. Detrás se ven los murales pintados en honor a Angelelli y más allá el descampado de la pobreza. Di Paola celebra una misa sin protocolos sobre una tarima y pide por una Iglesia comprometida. Otro diácono toma el micrófono y arenga a la gente: “Tenemos cuatro mártires argentinos. Esto es un regalo del papa Francisco para los que critican, para los que hablan pavadas”, dice. Se refiere a los ataques que recibe el Papa por su mala relación con el Gobierno de Macri o su cercanía con el peronismo.

Los límites entre religión y política se difuminan. Entre familias con niños, vecinos de a pie y religiosos están los movimientos sociales que trabajan en la zona, como el Movimiento de Unidad Popular (MUP). María tiene 63 años y es la portavoz. “La situación está peor, cada vez hay más chicos que van a los comedores. La gente está muy enojada y también muy triste. Venimos todos los martes a repartir mate cocido y torta fritas acá, a la estación. Antes tardábamos dos o tres horas y ahora se nos va todo en menos de una hora”, dice. Ángel Bollero vende gorras en un comercio debajo del puente. Tiene 62 años y lleva 30 en ese mercado improvisado. “Está jodido. Se vende poco y la gente se queja. No estoy al nivel del 2001, pero se nota jodido”, cuenta.

La pobreza subió hasta el 32% en Argentina, según la última medición oficial, en un contexto económico recesivo y de alta inflación. Di Paola coincide en que la crisis pega con especial dureza en los barrios donde trabajan los curas villeros, pero enseguida aclara que saben soportar. “La gente está angustiada y preocupada”, dice el sacerdote, “pero en los barrios más humildes se aprende a compartir, a buscar de un modo ingenioso recursos”. En Argentina, país de crisis recurrentes, esa estrategia de supervivencia se llama solidaridad.

Argentina tiene 4,7 millones de niños pobres

La crisis económica que atraviesa Argentina golpea con dureza a las familias con niños. En 2018, 600.000 menores más quedaron bajo el umbral de pobreza multidimensional y la cifra total se elevó hasta los 4,7 millones, según la Universidad Católica Argentina (UCA). Los niños y adolescentes que viven en hogares que no logran reunir los ingresos necesarios para adquirir una canasta básica de bienes y servicios y que tienen vulnerados uno o más derechos fundamentales pasó del 37,1% en 2017 al 41,2% un año después, cuando el PIB retrocedió un 3,5%.

El informe Pobreza, derechos e infancias en la Argentina del Observatorio de la Deuda Social de la UCA analiza también por separado la pobreza monetaria y por privación de derechos. El 51,7% de los niños y adolescentes viven en hogares con ingresos económicos insuficientes, mientras que el 63,4% lo hace en hogares que carecen al menos de un derecho fundamental: alimentación, salud, educación, saneamiento, vivienda e información.

La elevada inflación argentina, que trepó hasta el 47,6% el año pasado, agravó la vulnerabilidad extrema en la que se encuentran casi medio millón de niños y adolescentes: pasaron hambre por falta de dinero en sus casas para comprar alimentos