Politica

El FMI se infiltra en la campaña

Por Emiliano Rodríguez, secretario general de Noticias Argentinas

Roberto Lavagna salió un instante de la oficina en la que estaba reunido con delegados del FMI y pidió expresamente a sus colaboradores que no tomaran fotografías del encuentro.

“Esto es algo muy serio”, argumentó el ex ministro de Economía y actual precandidato presidencial de Consenso Federal, antes de retomar la discusión con el director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner, y el representante residente en la Argentina, Trevor Alleyn.

Junto a su compañero de fórmula, el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, Lavagna resaltó ante Werner y Alleyn la necesidad de que la Argentina renegocie el acuerdo “stand-by” que suscribió con el Fondo por unos 57.000 millones de dólares.

El ex funcionario considera que una revisión del convenio favorecería el crecimiento económico del país, al tiempo que reclamó al gobierno de Mauricio Macri que comience de inmediato a gestionar con el FMI una prórroga de los vencimientos previstos para 2021 y 2022.

Con los mismos delegados del Fondo se reunió el jueves pasado también el postulante a la Presidencia de la Nación por el Frente de Todos, Alberto Fernández, que planteó un escenario similar al expuesto por Lavagna.

“Le transmití al FMI nuestra disposición a reformular los acuerdos sin exigirle más esfuerzos a nuestro pueblo”, enfatizó.

En este caso, el ex jefe de Gabinete sí permitió que se registraran imágenes del encuentro en sus oficinas de San Telmo.

Si bien resta más de un año y medio para que la Argentina se enfrente a la obligación de comenzar a devolver esa friolera de dinero prestado, el acuerdo con el Fondo se ha convertido en una discusión de campaña, sobre todo después de estas reuniones con los dos principales aspirantes de la oposición a la Jefatura de Estado.

El “bolsillo de la gente”

El mismo convenio con el FMI establece para el país el mandato de avanzar hacia un déficit fiscal “cero”: una premisa que en pleno año electoral ofrece al arco opositor argumentos para advertir que después de los próximos comicios el Gobierno seguramente le aplicará otra vuelta de tuerca al ajuste -en caso de ganar- tras haber postergado, por ejemplo, nuevos aumentos de tarifas.

“Hay que ponerle plata en el bolsillo a la gente”, solía decir Lavagna, antes de que sus asesores de campaña le recomendaran retocar la frase aplicándole un maquillaje proselitista: “Vamos a ponerle plata en el bolsillo a la gente” endulza más los oídos, si el objetivo que se persigue es sumar votos.

De cualquier manera, los eslogans de campaña relacionados con la situación económica nacional parecen ser los que mejor se ajustan a la realidad por la que transita el país, en momentos en los que las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) ya están a la vuelta de la esquina.

En el macrismo -y también en la oposición- son conscientes de que es definitivamente improbable que la economía argentina repunte lo suficiente como para otorgar un espaldarazo significativo al Gobierno antes del primer llamado a las urnas previsto para este año en el calendario nacional: el próximo domingo 11 de agosto.

En este contexto está lanzada una campaña electoral 2019 en la que paradójicamente, después de que comenzara a acomodarse el tablero con la confirmación de precandidaturas, incluyendo la del senador Miguel Pichetto como compañero de fórmula de Macri, la figura del jefe de Estado empezó a robustecerse en mediciones sobre intención de voto.

En este sentido, una reciente encuesta de Synopsis mostró que si bien Macri se ubicaría por debajo del binomio Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner en el caso de que las elecciones se celebrasen hoy (36,2 por ciento frente a 40,3%), en una eventual segunda vuelta el Presidente obtendría una ventaja mínima sobre la dupla del Frente de Todos en busca de su reelección.

De todos modos, se trata de un escenario en el que analistas políticos hablarían de un “empate técnico” (por el momento) entre las dos principales fuerzas nacionales, más allá de que Cambiemos, o Juntos por el Cambio ahora, está recuperando terreno con relación al kirchnerismo.

El balotaje, la tierra prometida

“Las encuestas que manejamos nosotros nos dan que en un balotaje ganamos en todos los escenarios. El asunto es llegar a esa segunda vuelta”, aseguran en el lavagnismo. Los estrategas de Consenso Federal entienden que en las PASO deberían alcanzar los 18-20 puntos como mínimo y quedar a lo sumo a 7 puntos del segundo para fortalecer las chances de dar un “batacazo” en los comicios generales del 27 de octubre próximo.

“Batacazo” significaría, justamente, acceder a un balotaje en principio.

A la fórmula Lavagna-Urtubey la encuesta de Synopsis le otorga una intención de voto de apenas el 9,1%, cinco puntos por delante del binomio José Luis Espert-Luis Rosales, de acuerdo con el relevamiento efectuado entre el 23 y el 24 de junio.

A propósito de Espert, si bien la Justicia Electoral autorizó su precandidatura con vistas a las PASO, está por verse qué consecuencias -o qué daño- pudo haberle ocasionado el hecho de sumergirse en el “barro de la política”, dejando de lado su simpático perfil de “outsider”, al tener que apelar a un sello de goma para mantener vivas sus aspiraciones de competir por la Primera Magistratura.

Claro está, es cierto también que el oficialismo intentó aplicarle una zancadilla con la maniobra que tuvo a Alberto Assef como protagonista, tomando en cuenta que Espert seduce en especial a aquellos que se sienten “desencantados” con la gestión de Macri después de haber votado al líder del PRO en 2015.

En el lavagnismo vienen siguiendo de cerca este “culebrón”, dado que entienden que ese espacio podría beneficiarse con las dificultades que afronta el economista Espert -infligidas o no- para mantenerse en la carrera electoral.

Mientras tanto, el binomio Lavagna-Urtubey planea visitar en los próximos días Córdoba (capital), donde no está previsto en principio un encuentro con Juan Schiaretti.

¿Por qué? Puertas adentro del lavagnismo consideran al gobernador cordobés responsable de la implosión de Alternativa Federal y por ende, funcional a los intereses del macrismo, que pugna por generar un escenario de polarización nacional con vistas a las elecciones.