Del puyismo a Ramiro Agulla para Quintela como candidato a gobernador

Lunes 19 de agosto, 19.30 horas, llega un riojano de campera azul a aeroparque. No despacha equipaje y solo espera el llamado para subir al vuelo que lo depositará en La Rioja.

Un día antes había pasado por Paseo Alcorta en los bosques de Palermo. Una simple secuencia en el fin de semana largo previo a la definición política del peronismo.

Al llegar a La Rioja saluda a Nicolás Martínez, ex intendente de Arauco, quien estaba de casualidad en la estación aérea. Arriba una camioneta y parte a su casa el lunes que daba fin a días no laborables.

Ariel Puy Soria era el único convencido con argumentos políticos que Ricardo Quintela iba a ser el elegido de Sergio Casas para encabezar la fórmula a gobernador del Partido Justicialista. Ni el propio diputado lo daba por hecho, a raíz de la fuerte presión que sufría diariamente el mandatario provincial.

El secretario de Relaciones Institucionales del gobierno provincial y uno de los operadores políticos de Quintela (que no es lo mismo decir del quintelismo) lo convenció de bajar el tono a sus declaraciones y hasta guardarse en el cuartel de invierno hasta que el cielo se despejara en el mundo casista.

Y así fue, ya que el legislador provincial se cuidó con sus palabras y hasta escondió sus cuentas sociales para distraer a los demás con la idea que había desistido de su última oportunidad: la gobernación.

Puy Soria sostiene, y lo hizo públicamente, que Quintela debía encabezar la fórmula por dos razones: las encuestas y es capitalino. En la primera apreciación aparece liderando los sondeos del peronismo, al ser el mejor referente casista; y en lo segundo, ya que en la Capital se encuentra el mayor caudal de votos y además al ser una campaña corta, no necesita instalación en la sociedad.

Eso compró Casas a la hora de convocar el sábado al mediodía a una reunión a un pequeño grupo de colaboradores con el propósito de comunicar su decisión de cara a las elecciones provinciales del 27 de octubre. Previamente había hablado con Florencia López, no en los mejores términos, ya que la intendenta de Arauco le reprochó que aceptaba los lineamientos de Puy Soria. Pero finalmente aceptó acompañar en la fórmula oficialista.

El Grupo Talampaya, que integraba López, sospecha que también el ministro de Infraestructura, Juan Velardez, conocía previamente la decisión, aunque no la había comunicado. Por lo menos de eso se habló en la tarde noche del sábado en un hotel céntrico con la presencia de Griselda Herrera, secretaria general de la Gobernación.

López tras el diálogo subido de tono con Casas el viernes por la noche también tuvo la oportunidad de dialogar con el paredismo para buscar un acuerdo. Sin embargo, según el lopezismo, el intendente Alberto Paredes Urquiza solo aceptaba la unidad, si encabezaba la fórmula a gobernador.

Puy Soria además había convenido a Casas de avanzar en la decisión con la complicidad del ministro de Producción, Ariel Puy Soria, ya que es voz populi que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner no se olvida de la resolución 125, donde la ex senadora Teresita Quintela fue la gran protagonista al votar en contra y dejó tambaleando al kirchnerismo.

Fernández de Kirchner además mantiene una amistad con el ex gobernador Luis Beder Herrera, el único riojano que no la abandonó, al igual que la ex legisladora Hilda Aguirre de Soria.

Así Casas desoyó a todo el gobierno y hasta el partido judicial que no avalaron la avanzada de Puy Soria para imponer a Quintela como candidato a gobernador, cuya fórmula se informó por los grupos de Whatsapp casistas.

El desafió que tendrá el peronismo es instalar que Quintela está capacitado para gobierno en la turbulencia. Por eso, Puy Soria pensó en contratar a Ramiro Agulla, quien asesoró al gobernador electo de Santa Fé, Omar Perotti, ya que en La Rioja tendrá que convencer a los propios peronistas y a los opositores que el actual legislador podrá administrar la cosa pública.

Los antecedentes políticos de Quintela son el paso por la Intendencia capitalina, como así también por la Cámara de Diputados de la Nación.

“Extrañaba una epopeya”, fue el tweet que en la noche del triunfo en Santa Fé que irrumpió en la cuenta de Agulla, y que marcó nuevamente su regreso triunfal en el marketing político argentino, a 20 años de su debut en las grandes ligas electorales.

Fue la vuelta al juego de uno de los creativos más fuertes que tiene la comunicación política vernácula, responsable máximo del arribo de la Alianza al poder en 1999, propuesta que le hizo su amigo Darío Lopérfido para sumarse al comité de campaña también integrado por David Ratto, Carlos Souto y Luis Stuhlman, del entonces intendente de la ciudad de Buenos Aires, Fernando de la Rúa.

Diez años más tarde también fue artífice de la campaña del candidato Pro, Francisco de Narváez, que en 2009 logró imponerse al poderoso aparato del Partido Justicialista en la provincia de Buenos Aires.

Mientras, le volvieron a llover las ofertas para asesorar a otros candidatos incluso más allá de las fronteras. Con diferente grado de involucramiento, Agulla trabajó en las campañas del mexicano Vicente Fox y la chilena Michelle Bachelet y hasta le brindó algún asesoramiento al republicano John McCain en las elecciones que perdió contra Obama.

En 2011, trascendió que trabajó en la campaña del ex gobernador cordobés José Manuel de la Sota, cuando enfrentó a Luis Juez.

La última campaña diseñada por Agulla fue para el candidato a gobernador por el peronismo de Santa Fe y ya apuntaba a la militancia. “El gigante se ha despertado, y vos lo hiciste”, con una voz en off en tono épico. Para finalizar, agregó: “Que sea lo que Dios quiera y Dios quiera que Omar sea gobernador”.