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El ajedrez federal de Milei: una provincia por mes, sin gobernadores y con el Gabinete en el interior

El Presidente lanza una gira nacional para agradecer el voto y cimentar la base libertaria, evaluando llevar las reuniones de Gabinete fuera de la Casa Rosada. La clave: priorizar la liturgia con la militancia y evitar el contacto con la “casta” provincial.


El mapa político se redibuja en la Casa Rosada tras el contundente resultado de La Libertad Avanza (LLA) en las elecciones legislativas, donde el oficialismo se impuso en quince distritos y cosechó un 40,6% del voto nacional. El balance interno, liderado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el asesor presidencial Santiago Caputo, activó una nueva estrategia territorial: el presidente Javier Milei planea visitar, al menos, una provincia por mes.

Este cronograma, que busca evitar que el Presidente «pierda pie en el territorio», viene con una novedad institucional que eleva la apuesta política: la evaluación de realizar reuniones de Gabinete en el interior del país.

La militancia primero: el bypass a los gobernadores

Lo más significativo de este plan de desembarco federal es el protocolo estricto que lo acompaña. Fuentes oficiales confirmaron que el jefe de Estado no tiene previsto reunirse con gobernadores en sus viajes. El foco de la agenda será, exclusivamente, la conexión directa con la base: «La idea es que agradezca el voto» en actos con la militancia y participación en eventos que mantengan viva la épica anticasta.

La puesta en escena refuerza la distancia que Milei busca mantener con la dirigencia provincial tradicional, priorizando la comunión con sus seguidores por encima de las alianzas institucionales.

Los primeros destinos, seleccionados quirúrgicamente, serán aquellos donde la ola libertaria fue más fuerte: Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Entre Ríos y Chaco, distritos donde LLA superó cómodamente el 40% de los votos. En este despliegue, el Presidente también tiene en carpeta la posibilidad de viajar acompañado por ministros y dirigentes partidarios, para consolidar la estructura del partido a nivel federal.

Elogio al “esfuerzo” y fricciones en el bunker de campaña

La mesa de estrategia que analizó los resultados electorales, de la que participaron Karina Milei, Santiago Caputo, Pilar Ramírez, Sharif Menem e Iñaki Gutiérrez, no solo definió la hoja de ruta territorial. También hubo un ajuste fino en el discurso económico presidencial.

Un punto clave remarcado por el equipo fue la necesidad de moderar la retórica oficial. Los indicadores sociales y económicos empujaron la recomendación de reducir las declaraciones sobre el «mejor gobierno de la historia» para centrarse en el “esfuerzo” que exige el proceso de saneamiento. Una recomendación directa de su círculo íntimo para sintonizar mejor con las dificultades cotidianas de los ciudadanos.

Sin embargo, el clima no fue de consenso absoluto, especialmente en lo referente a la estrategia parlamentaria y la relación con los gobernadores.

  • El ala Karina: Cerca de la secretaria general, las críticas apuntaron a los equipos de Caputo por un presunto error en los pronósticos de encuestas y, fundamentalmente, por su intención de acordar con los gobernadores catalogados como «dialoguistas». “Se equivocó en provincias como Neuquén, en Córdoba y en Santa Fe”, expresaron, señalando la preferencia por mantener la pureza ideológica por sobre el pacto político.
  • El ala Caputo: Desde el entorno del consultor, la crítica es la inversa y mira al Congreso. Se sostiene que la decisión de no sellar acuerdos con los dialoguistas antes de la elección tuvo un costo legislativo y un impacto negativo en los mercados (suba del dólar, riesgo país). “Esas decisiones estuvieron mal por cómo afectó el Congreso, no a las elecciones. Si sumamos nuestros números con los de los gobernadores, la foto queda mejor”, remarcan.

La nueva gira presidencial, por lo tanto, es el reflejo de esta tensión: una estrategia de conquista territorial basada en el contacto directo y la negación de la «casta», que al mismo tiempo intenta compensar las complejidades de la gobernabilidad parlamentaria que demandan los acuerdos con esa misma dirigencia.


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