Desde su tierra natal, bajo un sol de 40 grados, el «Gallo» anticipa sus próximos shows en Berisso y la Calle Corrientes. En una charla íntima, reflexiona sobre el desarraigo, la inteligencia artificial en la música y por qué jamás renegará de sus clásicos: «El folklore se escribe para que dure toda la vida».
Con la inconfundible postal de su provincia de fondo, Sergio Galleguillo atiende el teléfono y transporta el calor del norte argentino a la conversación. «Estoy acá bajo un sol de 40 grados en La Rioja, viendo toda la naturaleza y el cielo azul tremendo», describe el músico, quien, aunque hoy divide sus días con el Gran Buenos Aires, sigue siendo el máximo exponente de la Chaya y la cultura riojana.
En diálogo con Radio Universidad Nacional de La Plata, el artista confirmó su regreso a la región para presentarse el próximo 5 de diciembre en el Teatro Victoria de Berisso. Sin embargo, la charla trascendió la agenda de conciertos para adentrarse en la esencia de un músico que, tras casi 30 años de carrera profesional, se define como un puente entre tradiciones.
Un «Gallo» suelto en el Conurbano
Galleguillo atraviesa una etapa de transición geográfica y emocional. Su vida hoy transcurre entre las giras nacionales y su residencia en Quilmes, ciudad natal de su pareja. Lejos de sentir el desarraigo como una pérdida, el riojano ha encontrado conexiones históricas sorprendentes en el sur del Gran Buenos Aires.
«Mi compañera es de Quilmes y estamos viajando mucho. Aprendí a quererlo muchísimo, el conurbano me atrapa cada vez más», confiesa. Fiel a su estilo curioso, Galleguillo investigó las raíces de su nuevo hogar: «No te olvides que el nombre de Quilmes viene de los Valles Calchaquíes, de Amaicha. Hay una conexión muy grande».
Esta nueva etapa lo ha llevado a definirse con una figura pintoresca: «Soy un gallo suelto en el conurbano», afirma, celebrando la posibilidad de encontrarse con la enorme comunidad del interior que reside en Buenos Aires. «El conurbano está lleno de gente de todas las provincias que no puede volver, y la única forma de volver es con la música», reflexiona.
Folklore vs. Inteligencia Artificial y la «era TikTok»
En tiempos de consumo efímero, Galleguillo se planta firme en la defensa de la música de raíz. Consultado sobre las nuevas tendencias y la inmediatez de las redes sociales, el cantor marcó una clara diferencia entre el contenido viral y la obra folklórica.
«Hoy un TikTok es de 6 segundos; si pasás ese tiempo, la gente te cambia. Están haciendo música para que dure en una plataforma un mes o dos», analiza con mirada crítica. En contraposición, destaca el valor perdurable de su género: «El folklore se escribe para estar toda la vida. Escribimos canciones que van a quedar en la historia».
Incluso se refirió al debate sobre el uso de la Inteligencia Artificial en la composición, alineándose con posturas como la de Paul McCartney. Para el riojano, hay una «magia» en la ejecución instrumental que la tecnología aún no puede replicar: «Todavía no llegaron a lograr una guitarra de una chacarera, de un escondido o de una zamba. Si le pedís una zamba, te hace una samba brasileña. Esa magia todavía no se la pueden sacar al folklore».
La memoria y los hits eternos
A diferencia de otros artistas que reniegan de los éxitos que los catapultaron a la fama, Galleguillo abraza sus clásicos. Ante la pregunta de si alguna vez se cansa de interpretar temas como El camión de Germán o Agitando pañuelos, su respuesta es contundente y evoca a otro grande de la música nacional.
«Jamás me cansaría de algo que me hizo bien», asegura, recordando una anécdota de Luis Alberto Spinetta en La Rioja cuando el público le pedía Muchacha (Ojos de papel). «No puedo dejar de cantar ‘Agitando pañuelos’. Cuando te la piden, te volvés a poner en el mismo lugar de cómo la sacaste y a dónde llegaste. Son canciones que van a quedar en el corazón de la gente siempre».
Para Galleguillo, el folklore cumple una función social vital: la memoria. Citando a su padre, comparte una lección de vida: «La peor muerte es el olvido». Según el músico, las canciones permiten «volver a estar con esas personas que siempre quisimos, admiramos y amamos, como fueron nuestros padres».
Una agenda cargada y la invitación a La Chaya
El futuro inmediato de Galleguillo es intenso. Tras su paso por Berisso, el 6 de diciembre desembarcará en el Teatro Broadway de la Calle Corrientes. «Nos ponemos las plumas y vamos a la Calle Corrientes para terminar el año», bromea.
El verano 2025 lo encontrará recorriendo los festivales más importantes del país, incluyendo Jesús María —donde actuará el martes 13 junto a la Banda de Carlitos ante una multitud esperada de 50.000 personas—, Cafayate y, por supuesto, la gran fiesta de La Chaya en febrero.
Como buen embajador, cierra con una invitación abierta a conocer su tierra: «Quien no haya ido todavía a La Rioja, tiene que hacerlo. Si es para la Chaya, mejor, pero siempre van a ser bienvenidos. Es un lugar muy cálido y su gente también».





