Desde el gremio SOEVA cuestionan que la cooperativa declare crisis financiera justo antes de la temporada alta. Advierten sobre la caída de ventas y un stock varado hasta 2026.
A semanas de una nueva vendimia, la tensión entre los trabajadores y la conducción de la Cooperativa La Riojana volvió a escalar. El Sindicato de Obreros y Empleados Vitivinícolas (SOEVA) salió al cruce de los argumentos empresarios sobre la falta de fondos, calificando la situación como una maniobra repetida que pone en jaque la recolección y los salarios en Chilecito.
César Taquía, referente gremial, fue tajante al cuestionar el manejo cíclico de las alertas financieras por parte de los directivos. «Siempre es el mismo cuento. Llega esta época y ya quieren, ya están fundidos, no tienen para levantar la cosecha, no tienen para la poda, siempre no tienen nada», disparó el dirigente, poniendo en duda la oportunidad del reclamo empresario justo cuando se necesita liquidez para levantar la uva.
Si bien el gremio desconfía del timing de la crisis, los números que maneja la propia cooperativa describen un colapso comercial real. Según explicaron, la empresa necesita colocar 1.200.000 litros mensuales para ser sustentable, pero hoy los despachos no superan los 600.000 litros. Este freno en la comercialización generó un tapón logístico inédito: «La Riojana tiene vino acumulado hasta junio del 2026», detalló Taquía sobre el sobrestock que inmoviliza capital.
Dudas sobre el manejo financiero
La indignación de los trabajadores no solo se basa en la falta de previsión, sino en el contraste con otras unidades de negocio vinculadas a la firma. Taquía apuntó contra la existencia de una financiera, conocida como «Fagro», que opera en el entorno de la cooperativa. «No tienen plata para pagar por falta de venta, pero tienen una financiera que da préstamos. No conozco el manejo de fondo, pero genera dudas», sostuvo.
Derrumbe productivo y salarios
El escenario de fondo muestra un achicamiento estructural de la vitivinicultura en la zona. De los históricos 95 millones de kilos de uva que la cooperativa supo procesar en sus mejores épocas, las proyecciones actuales apenas rozan los 25 millones, una caída vertical que amenaza la continuidad de la actividad en la región.
En este contexto de incertidumbre, los sueldos han quedado bajo la lupa. Actualmente, un trabajador de bodega inicial percibe cerca de $700.000, mientras que un empleado de finca cobra alrededor de $640.000, montos que el gremio busca defender ante la amenaza de que la «falta de fondos» se traduzca en ajustes o retrasos salariales.




