La especialista Verónica Dobronich analizó el estrés que genera el cierre del calendario y advirtió sobre los peligros de vivir bajo amenaza constante. Cómo distinguir lo urgente de lo importante y por qué el dinero no asegura el bienestar emocional.
El mes de diciembre llega cargado de una tensión particular: embotellamientos, altas temperaturas y la sensación generalizada de que el mundo se termina el 31 a la medianoche. En este contexto, Fénix Multiplataforma dialogó con la licenciada en Recursos Humanos y especialista en inteligencia emocional, Verónica Dobronich, quien desmenuzó el llamado «síndrome de diciembre» y ofreció herramientas prácticas para no sucumbir ante la vorágine.
«Terminar una fecha calendario no significa que todo se tenga que terminar en ese momento», definió de entrada Dobronich, poniendo en jaque la creencia de que todos los objetivos anuales deben cumplirse antes del brindis. Para la especialista, la clave reside en la organización y en la capacidad de discernir: «Es ver qué realmente es urgente, qué sí o sí vence y qué otras cosas se pueden hacer el 3 de enero».
El cerebro bajo amenaza
Uno de los puntos centrales de la charla fue el impacto biológico del estrés. Según explicó Dobronich, cuando intentamos llegar a todo a cualquier costo, entramos en lo que ella denomina «modo supervivencia».
«Estar en modo supervivencia es estar bajo amenaza. Y el organismo genera cortisol para evitar esa amenaza o dejarnos vivos», detalló. El problema radica en que el cerebro no distingue si el peligro es una ficción creada por nuestra exigencia o una realidad tangible, activando los mecanismos de defensa de igual manera. La pregunta que plantea la experta es crucial: «¿Quiero llegar sobreviviendo o quiero llegar bien?».
La trampa de la «agenda completa»
A la presión laboral se le suma la agenda social: despedidas, fiestas y eventos que parecen obligatorios. Dobronich fue tajante al respecto: nuestra energía es finita y es necesario aprender a poner límites. «No es el último mes para hacer lo que no hiciste en un año», sentenció.
La recomendación es clara: elegir dónde y con quién estar. «Hay que aprender a decir que no. ¿Tengo que estar en todos lados? Yo creo que no», afirmó, sugiriendo que postergar compromisos para enero —un mes tradicionalmente tranquilo en estas latitudes— es una estrategia de salud mental válida.
Dinero vs. Propósito
Consultada sobre si «la plata es el mejor antidepresivo», la especialista desmitificó la idea de que el bienestar económico garantiza la felicidad. «Conozco personas con dinero y con un trastorno mental como la depresión. Conozco gente con dinero que es infeliz», aseguró.
Para Dobronich, la ecuación suele estar invertida en la sociedad actual. Mientras muchos persiguen el esquema de «Hacer para Tener y luego Ser», el camino hacia el bienestar real es el opuesto: «Es Ser, Hacer y por último Tener». La felicidad, explicó, está ligada a tener un propósito, un «para qué», y al autoconocimiento.
«Vas a llorar igual en un subte que en una Ferrari», ilustró con ironía sobre cómo los bienes materiales no blindan contra el sufrimiento emocional, aunque reconoció que las condiciones económicas influyen en el confort.
Desde Asunción, Paraguay, donde se encontraba durante la entrevista, Dobronich cerró con un mensaje de optimismo y una invitación a la introspección para encarar el 2026: «Paz y amor. No nos estresemos».





