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Eduardo «Lule» Menem, el operador invisible: coraza en el Congreso y la ingeniería final para destronar al peronismo en La Rioja

Desde la Secretaría General de la Presidencia, el primo de Martín Menem se consolidó como el estratega en las sombras de Karina Milei. Tras asegurar los votos clave para el Presupuesto 2026, acelera el armado de La Libertad Avanza en el interior con un objetivo que mezcla política y mandato familiar: recuperar la provincia que vio nacer al menemismo.

En el primer piso de la Casa Rosada, cerca del despacho de Karina Milei, opera un hombre que prefiere el silencio a las cámaras y la planilla de cálculo a los discursos estridentes. Eduardo «Lule» Menem, subsecretario de Gestión Institucional, cierra el 2025 convertido en el engranaje insustituible de la maquinaria libertaria. Si Martín Menem es la cara visible y la voz institucional en Diputados, «Lule» es la letra chica, la negociación de madrugada y el control de daños.

Su rol en la reciente aprobación del Presupuesto 2026 fue determinante. Mientras el recinto ardía en debates ideológicos, él monitoreaba el «poroteo» en tiempo real, asegurando que los aliados del PRO y los gobernadores dialoguistas no rompieran el quórum.

“La política real no se hace en Twitter, se hace contando los votos uno a uno y cumpliendo la palabra. Nosotros no vinimos a jugar, vinimos a cambiar las bases del sistema”, suele repetir en la intimidad de su despacho, una frase que resume su pragmatismo: una mezcla de la escuela política de los 90 —se formó al lado de su tío Eduardo Menem— con la vertiginosidad de la era libertaria.

El guardián del sello y la «marca» Menem

La misión de Lule trasciende la coyuntura legislativa. Como mano derecha de la Secretaria General de la Presidencia, ha sido el arquitecto de la nacionalización de La Libertad Avanza (LLA) como partido propio, una maniobra diseñada para terminar con la dependencia de sellos de goma prestados.

Pero su obsesión tiene coordenadas geográficas precisas: La Rioja. Para el clan Menem, la provincia no es solo un distrito electoral; es el solar histórico que sienten el deber de recuperar de manos del peronismo de Ricardo Quintela. Lule es el encargado de diseñar la estrategia de desgaste contra el gobernador, aprovechando la asfixia financiera provincial para posicionar figuras libertarias.

“La Rioja dejó de ser un feudo inexpugnable. El modelo de Quintela está agotado financiera y moralmente; la gente pide orden y gestión, no más emisión descontrolada ni caudillismo”, deslizó recientemente ante dirigentes del interior, marcando la línea discursiva que bajará al territorio en el verano de 2026.

Entre la «casta» y la renovación

La paradoja de Lule Menem es su mayor activo: es un apellido histórico de la «casta» operando para el gobierno que prometió destruirla. Sin embargo, en el Gobierno valoran su know-how. Es quien traduce los deseos de Javier y Karina Milei al lenguaje de la política tradicional.

Su influencia se extiende a organismos clave como la ANSES y el PAMI en las provincias, donde ha ubicado a tropa leal para construir estructura territorial. En La Rioja, esto se traduce en una red de contención que busca competirle al clientelismo estatal del PJ local.

“No somos la vieja política, pero entendemos cómo funciona el Estado. Esa es la ventaja táctica que tenemos sobre los que solo gritan desde la tribuna y no saben redactar un dictamen”, argumentan en su entorno para defender su estilo de conducción, a menudo criticado por ser demasiado hermético.

El 2026: la batalla final

De cara al próximo año, Lule tiene dos frentes abiertos. En Buenos Aires, mantener la cohesión del bloque oficialista ante el desgaste natural de la gestión. En La Rioja, preparar el terreno para que LLA dispute la gobernación en 2027, posiblemente con Martín Menem a la cabeza, aunque bajo su estricta dirección estratégica.

Para Eduardo «Lule» Menem, el poder no es algo que se exhibe, sino que se ejerce. Y en la nueva configuración del poder en Argentina, pocos ejercen tanto con tan pocas palabras.


Análisis: El método Lule

  • Bajo perfil: A diferencia de otros funcionarios, evita las entrevistas. Su poder reside en la invisibilidad y en ser el último filtro antes de Karina Milei.
  • Gestión de la «rosca»: Es el enlace con los gobernadores y legisladores que no se sienten cómodos hablando con los interlocutores más técnicos del gobierno.
  • Objetivo La Rioja: La recuperación de la provincia es un proyecto personal y familiar. Utiliza la estructura nacional para asfixiar políticamente a Quintela y empoderar a la oposición local.

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