El titular de la Cámara baja cerró un año de “intensa ingeniería política” logrando la aprobación de la “ley de leyes” y asegurando su continuidad al frente del cuerpo. Con el respaldo de Karina Milei, se consolida como el armador clave del oficialismo mientras prepara el terreno para disputar la hegemonía del PJ en su provincia natal.
En los pasillos del Palacio Legislativo, el aire que se respira es de alivio y fatiga. Tras una sesión maratónica que culminó en la madrugada del 19 de diciembre, Martín Menem logró lo que parecía improbable hace apenas unos meses: la aprobación del Presupuesto 2026, el primero que la administración de Javier Milei logra pasar por el Congreso tras haber reconducido el cálculo de gastos durante el ejercicio anterior.
Sin embargo, el triunfo no fue gratuito. El presidente de la Cámara de Diputados tuvo que desplegar lo que fuentes del oficialismo denominaron una “intensa ingeniería política” desde su despacho, flanqueado por su primo y mano derecha, Eduardo “Lule” Menem, y con la colaboración táctica de aliados del PRO como Diego Santilli.
La reelección de Menem al frente del cuerpo, concretada el pasado 3 de diciembre, fue el preludio de este cierre de año frenético. En aquella sesión preparatoria, el riojano dejó en claro el tono que busca imprimir a su gestión para la segunda mitad del mandato libertario, apelando a la institucionalidad pero sin ceder en el dogma económico del Gobierno.
“Respetar el equilibrio fiscal por sobre el despilfarro del gasto, buscar alivianar la carga impositiva burocrática y no volver a los piquetes y al clientelismo”, sentencian voceros de Menem desde el estrado, en una frase que resonó como una advertencia a la oposición dialoguista que exigía flexibilizaciones en las partidas para las provincias.
La “rosca” y los límites del poder
El debate por el Presupuesto expuso la fragilidad de los acuerdos en un Congreso fragmentado. Si bien el oficialismo consiguió la media sanción general, sufrió reveses en artículos clave, como el intento de derogar las leyes de financiamiento educativo y discapacidad, puntos donde la oposición —incluyendo sectores del radicalismo y Encuentro Federal— marcó la cancha.
Menem, consciente de que la matemática legislativa obliga a la negociación permanente, ha adoptado un perfil pragmático. “Mi despacho seguirá abierto para todos los que quieran trabajar por una Argentina mejor y más libre, con la convicción de que los acuerdos auténticos se construyen mirándonos de frente y con honestidad”, declaran cerca del presidente de la Cámara Baja tras ser ratificado en el cargo, un mensaje dirigido tanto a los gobernadores como a los bloques aliados que reclaman mayor participación en la toma de decisiones.
A pesar de las tensiones, en la Casa Rosada valoran la lealtad inquebrantable de Menem y su alineación total con Karina Milei. La Secretaria General de la Presidencia lo considera su alfil principal no solo para la contención legislativa, sino para el armado nacional de La Libertad Avanza (LLA), que ya cuenta con personería jurídica en los 24 distritos.
El frente riojano: la obsesión política
Más allá de la agenda nacional, la mirada de Martín Menem no se desvía de su objetivo de fondo: La Rioja. La provincia, bastión histórico del peronismo y actualmente gobernada por Ricardo Quintela —uno de los opositores más feroces al modelo libertario—, es el escenario donde el titular de Diputados proyecta el crecimiento territorial de LLA de cara a 2027.
La estrategia es clara: nacionalizar la gestión y contrastar el “orden fiscal” de la Nación con la situación financiera de la provincia. En el entorno de Menem aseguran que la consolidación del partido a nivel local es prioritaria. La reciente aprobación de la designación de auditores para la AGN (Auditoría General de la Nación) también fue leída en clave política, asegurando puestos de control que el oficialismo considera vitales para auditar la “herencia” en diversas áreas del Estado.
En medio de acusaciones cruzadas y rumores de pactos con la «casta» para sacar las leyes, Menem se defiende con el pragmatismo que le impone el cargo. Ante las críticas por la demora en tratar proyectos como la Ficha Limpia, fue tajante: “Es una barbaridad decir que queremos favorecer a Cristina Kirchner. Esas especulaciones espurias me parecen una locura”, afirman allegados a Menem, buscando despejar dudas sobre la pureza ideológica del espacio que representa.
Con el Presupuesto aprobado y su liderazgo ratificado, Menem encara el receso estival con dos certezas: el 2026 será el año de la gestión económica pura y, en lo personal, el momento de acelerar la construcción de una alternativa de poder real en su tierra natal.





