Mientras La Rioja apostaba al rechazo total, mandatarios del Norte y senadores del PJ negociaron en silencio con la Casa Rosada; la trastienda de una votación que expuso la fractura del justicialismo y dejó a la administración riojana sin fondos ni aliados.
La sanción definitiva del Presupuesto 2026 no fue un milagro legislativo de La Libertad Avanza, sino el resultado de una minuciosa operación de cirugía política que terminó por aislar a los sectores más duros de la oposición, con Ricardo Quintela como uno de los grandes derrotados de la jornada. La «trama secreta» detrás de la aprobación revela cómo el pragmatismo de las provincias venció a la ideología, dejando a La Rioja en una soledad política que le costará cara a sus finanzas.
El éxito del oficialismo nacional, que carece de mayorías propias, se cimentó en el “aval de senadores peronistas” que respondieron a sus gobernadores y no a la conducción partidaria nacional. La estrategia de la Casa Rosada, ejecutada por el jefe de Gabinete Guillermo Francos, fue quirúrgica: romper el bloque del Frente de Todos ofreciendo obras y recursos a cambio de gobernabilidad.
La fractura del Norte Grande
El golpe más duro para la estrategia de Quintela vino de sus propios vecinos. Mientras el gobernador riojano mantenía su discurso de confrontación total contra Javier Milei, sus pares del Norte Grande, como Raúl Jalil (Catamarca) y Gustavo Sáenz (Salta), activaron los teléfonos rojos con Balcarce 50.
“El apoyo de las provincias fue clave”, reconocen en los pasillos del Congreso. Estos mandatarios priorizaron la caja sobre la doctrina. Entendieron que, sin ley de presupuesto, la discrecionalidad del Ejecutivo nacional sería total y el ahogo financiero, letal. Así, mientras los senadores riojanos (como Florencia López y Fernando Rejal) votaban en contra y denunciaban «compra de voluntades», sus compañeros de banca de provincias vecinas levantaban la mano para garantizar la ley.
Pragmáticos vs. Intransigentes
La gestión de la ley expuso dos peronismos: uno que “se fabrica sus propias derrotas” al insistir en una resistencia sin números, y otro que decidió cogobernar de facto para sobrevivir. La Rioja quedó atrapada en el primer grupo. Al negarse a entrar en el «toma y daca» de la negociación política —bajo la premisa de que los fondos extra eran un derecho adquirido y no una moneda de cambio—, la provincia se quedó sin el dinero y sin la victoria política.
La lectura fina de la votación muestra que el Gobierno nacional supo explotar las necesidades fiscales del interior. “Hubo una alquimia legislativa donde muchos padres se atribuyen la victoria”, señalan analistas, pero la realidad es que Milei consiguió su herramienta de gestión gracias a que el peronismo federal decidió soltarle la mano a los líderes más combativos como Quintela y Kicillof.
De cara al 2026, la lección que deja el Congreso es amarga para la administración riojana: la lealtad partidaria no paga sueldos, y en la realpolitik del ajuste, la intransigencia se paga con aislamiento.