El operativo de Trump en Venezuela funcionó como un acelerador de partículas en la política riojana. Mientras el gobernador se refugió en la doctrina de la soberanía y la fe del Tinkunaco, los libertarios lanzaron una ofensiva total: equipararon el «modelo riojano» con el chavismo y contraatacaron el pedido de fondos con denuncias de corrupción en las empresas estatales.
Lo que comenzó como un terremoto geopolítico en el Caribe terminó por provocar, este sábado, la fractura expuesta definitiva en el sistema político de La Rioja. La caída de Nicolás Maduro no solo reconfiguró el mapa regional; sirvió de plataforma para que Javier Milei y Martín Menem desplegaran su «Principio de Revelación» sobre la administración de Ricardo Quintela, acorralando al peronismo local en una disyuntiva de hierro: o «libertad» o «complicidad».
La jornada expuso dos visiones de mundo irreconciliables que, sin embargo, conviven en el mismo territorio árido. La estrategia del oficialismo riojano consistió en apelar a los manuales clásicos de la diplomacia justicialista y a la reserva moral de la Iglesia; la de los libertarios, en demoler esos refugios equiparando la gestión provincial con el régimen depuesto.
La trampa de la «Tercera Posición»
Quintela intentó sostener la bandera histórica de la no intervención. Ante la irrupción de fuerzas estadounidenses, el gobernador condenó los hechos advirtiendo que «vulneran principios fundamentales del derecho internacional». Su gabinete cerró filas bajo esa premisa: «Reafirmamos la defensa irrestricta de la soberanía», sostuvo el mandatario, mientras el PJ local calificaba la acción de «ataque armado» y la dirigente Teresita Luna, con brutal pragmatismo, resumía el móvil norteamericano: «No es Maduro, es el petróleo. Stupid».
Pero en la era Milei, la neutralidad cotiza a la baja. El Presidente aprovechó esa defensa de las formas diplomáticas para acusar al gobernador de encubrimiento moral. «Del otro lado están aquellos cómplices de una dictadura narcoterrorista», sentenció Milei, borrando cualquier matiz. Para la Casa Rosada, quien pide diálogo ante un tirano, es parte del problema.
«Aves del mismo plumaje»: el modelo en juicio
Aquí es donde Martín Menem ejecutó la maniobra más lesiva para el gobierno provincial. El titular de Diputados no se limitó a celebrar el «Día Histórico»; utilizó la coyuntura para validar su tesis de que el quintelismo es la versión doméstica del chavismo. «Aves del mismo plumaje vuelan juntas», disparó, trazando un link directo entre Caracas y La Rioja.
Sus alfiles locales, como el concejal Luciana De León y el dirigente Gino Visconti, tradujeron esa consigna en clave electoral. «Capaz lo tienen naturalizado, porque en La Rioja lo hacen hace años», aguijoneó Visconti, instalando la narrativa de que la pobreza y la dependencia estatal riojana son espejos de la devastación venezolana. La oposición ya no discute gestión; discute régimen.
La batalla por la caja: Vidrios vs. Biblia
La disputa ideológica tuvo su correlato inmediato en la discusión financiera. Mientras la secretaria de Comunicación, Luz Santángelo Carrizo, denunciaba un sistema de «premios y castigos» donde La Rioja recibió «apenas 0,5%» de aumento real en transferencias, y la senadora Florencia López citaba al obispo Braida para exigir que «dejen de hacer sufrir a los riojanos», Menem desenfundó una carpeta letal.
El libertario contestó a la demanda de fondos con una auditoría forense sobre las empresas estatales (SAPEM), el corazón del modelo productivo de Quintela. «Queremos saber qué pasó con los más de 60 millones de dólares que la provincia destinó a la Sapem VIDRIOS RIOJANOS… y no produjo un solo envase», denunció.
El mensaje es cristalino: la Nación no girará plata porque, según su diagnóstico, La Rioja no tiene un problema de ingresos, sino de corrupción sistémica. Menem contrapone la «libertad» de mercado al Estado empresario que, a su juicio, es un agujero negro de recursos.
El refugio de la fe
Acorralado por la presión financiera de Buenos Aires y la ofensiva ideológica global, el quintelismo buscó oxígeno en la tradición. La vicegobernadora Teresita Madera y el intendente Armando Molina convirtieron el cierre del Tinkunaco en un acto de resistencia cultural.
Al pedir «Paz, Fe y Esperanza» frente a las imágenes del Niño Alcalde, el gobierno provincial intentó blindar el tejido social. «Un encuentro tan nuestro», enfatizó Madera, marcando la diferencia con las agendas foráneas. Pero incluso allí, en la explanada de la Catedral, la grieta se hizo sentir: mientras Zulemita Menem pedía que «Dios bendiga a Venezuela» celebrando la intervención, el oficialismo local rogaba a los santos por una tregua interna que, a la luz de los hechos de este sábado, parece imposible de alcanzar.
La Rioja inicia 2026 como un campo de batalla donde se dirime mucho más que una coparticipación: se enfrentan dos modelos de civilización política.





