El ministro del Interior inició su gira en Chubut con una oferta clara: fondos y obras a cambio de apoyo legislativo en febrero. Mientras la Casa Rosada busca seducir a los gobernadores aliados con la billetera de la ANSES, el peronismo riojano advierte sobre la “trampa fiscal” y ratifica su rechazo a la flexibilización, anticipando un febrero caliente en el Congreso.
El Gobierno de Javier Milei no quiere sorpresas en febrero. Con la lección aprendida tras el debate del Presupuesto, el oficialismo decidió mover primero y envió a su alfil político más pragmático a recorrer el país. El ministro del Interior, Diego Santilli, inauguró esta semana su “gira federal” con un objetivo que no admite dobles lecturas: conseguir los votos que faltan para aprobar la reforma laboral en el Congreso.
La estrategia de la Casa Rosada, descrita en los pasillos del poder como un “plan canje” explícito, tiene su primer laboratorio de ensayo en la Patagonia, pero sus efectos se monitorean con lupa desde La Rioja. Mientras el funcionario nacional negocia con los “amigos” ofreciendo el pago de deudas históricas, la administración de Ricardo Quintela se mantiene como el bastión de la resistencia dura, denunciando que la reforma es la puerta de entrada a un desfinanciamiento mayor de las provincias.
La parada en Chubut y el “toma y daca”
El debut de Santilli fue en Chubut, donde fue recibido por el gobernador Ignacio “Nacho” Torres. Si bien la agenda oficial se vio alterada por la urgencia de los incendios forestales en la zona de El Hoyo, la rosca política no se detuvo. “La idea es buscar soluciones posibles y avanzar en acuerdos que permitan sancionar la Reforma Laboral”, admitieron fuentes de la cartera de Interior, blanqueando el mecanismo de negociación.
¿Qué piden las provincias a cambio de levantar la mano? La lista es concreta y tiene precio. Torres, por ejemplo, puso sobre la mesa una deuda previsional de la ANSES que supera los 51.000 millones de pesos. A esto se suma el reclamo generalizado por la reactivación de la obra pública, paralizada desde el inicio de la gestión libertaria. El mensaje de los gobernadores dialoguistas es simple: sin fondos, no hay ley.
La Rioja y la resistencia al “látigo y chequera”
Para La Rioja, los movimientos de Santilli confirman la vigencia de la vieja política del “látigo y la chequera”, ahora ejecutada por las “Fuerzas del Cielo”. En la Casa de las Tejas interpretan esta gira como una maniobra para aislar a los distritos opositores. “Van a arreglar con los aliados dándoles lo que les corresponde por ley, mientras al resto nos siguen asfixiando”, analizó un operador del peronismo local.
El temor en el norte es que el avance de Santilli sobre gobernadores radicales y del PRO —sus próximos destinos son Mendoza (Alfredo Cornejo) y Chaco (Leandro Zdero)— termine de inclinar la balanza en el Senado, dejando a los legisladores riojanos como Jesús Rejal en minoría. La reforma laboral, que incluye la eliminación de cuotas solidarias y la supremacía de convenios por empresa, es vista por el quintelismo no solo como un ataque a los derechos de los trabajadores, sino como una herramienta para debilitar el poder de fuego de los sindicatos y las estructuras peronistas provinciales.
Febrero, el mes de la verdad
El cronograma de Santilli contempla visitar diez provincias en enero. El apuro tiene fecha de vencimiento: el Gobierno quiere tratar la reforma en sesiones extraordinarias a principios de febrero. Para La Rioja, esto implica un mes de trinchera política. Sin el acceso a los ATN que fluyen hacia Tucumán o Misiones, la provincia apuesta a abroquelar a su tropa legislativa y a coordinar con el kirchnerismo y los sectores rebeldes del radicalismo para frenar la iniciativa.
“Santilli escucha, anota y promete”, dicen desde el entorno del ministro. Lo que resta saber es si esa billetera selectiva alcanzará para romper el bloque federal que, encabezado por provincias como La Rioja, promete dar batalla hasta el último voto en el recinto.





