En un clima de fuerte tensión política, la provincia fue sede del X Encuentro Internacional de la Economía Obrera. Alertaron por la desaparición de 30 firmas autogestionadas y el desplome de salarios del 50%. La organización denunció un operativo inusual de Migraciones en el hotel de las delegaciones extranjeras.
La Rioja se convirtió en el epicentro de la resistencia del cooperativismo y la autogestión mundial a finales de 2025. La provincia, que alberga a 17 empresas gestionadas por sus trabajadores, recibió el X Encuentro Internacional de la Economía Obrera, un evento que expuso con crudeza el impacto de las políticas libertarias sobre el sector productivo social. Con la participación de más de 200 delegados de América y Europa, el cónclave estuvo marcado por un diagnóstico lapidario sobre la realidad económica y un episodio de hostigamiento estatal inédito en la historia de estas cumbres.
Denuncia de «intimidación» y tensión política
El encuentro se desarrolló bajo la sombra de lo que la organización calificó como una persecución política directa. Durante las jornadas, se reportó una «inusual visita de agentes de la Dirección de Migraciones a uno de los hoteles donde se alojaban los participantes extranjeros».
Los organizadores denunciaron este hecho como un «claro intento de intimidación, algo que nunca había ocurrido en las numerosas reuniones celebradas anteriormente en Argentina». Este episodio tensó el clima del evento, confirmando para los asistentes el contexto de hostilidad y ataques que enfrentan los movimientos sociales ante el auge de la «derecha radical y el neofascismo a nivel mundial».
El saldo del «ultraliberalismo»: cierres y recortes
El análisis económico presentado por Andrés Ruggeri, referente del sector, arrojó cifras alarmantes sobre el retroceso de la autogestión en el primer tramo de la gestión de Javier Milei. El movimiento de recuperación obrera en Argentina se encuentra en «grave peligro», registrando una disminución de 30 empresas recuperadas, una pérdida de puestos de trabajo del 10% y reducciones salariales de hasta el 50%.
Los debates apuntaron directamente a las «políticas económicas ultraliberales de Milei» como las causantes de este deterioro. Sin embargo, la discusión también abordó una problemática interna y cultural: la «penetración de las ideas libertarias de Milei en los colectivos obreros», lo que plantea interrogantes sobre la supervivencia de la cultura de la solidaridad y la autogestión en las propias bases trabajadoras.
Menos recursos, menos voces internacionales
La crisis económica impactó directamente en la convocatoria. La participación y diversidad de representantes fueron menores que en ediciones anteriores debido a «razones puramente económicas» que impidieron viajar a muchas cooperativas. Las delegaciones históricamente numerosas, como las de México o Uruguay, enviaron este año grupos reducidos, integrados principalmente por académicos.
La excepción fue la delegación chilena, liderada por la Federación de Cooperativas de Trabajo y Solidaridad (TRASOL), que aportó vitalidad con 35 representantes, en su gran mayoría mujeres, quienes desempeñaron un papel muy activo en las discusiones. Por el contrario, se notó una baja participación europea, reflejo del limitado número de experimentos de autogestión en ese continente.
Solidaridad y resistencia
La declaración final del encuentro reafirmó la necesidad de superar la fragmentación impuesta por el «capitalismo neoliberal» y defender las experiencias de autoorganización. En el plano internacional, se expresó la solidaridad activa con el pueblo palestino y el rechazo a la «agresión imperialista de Estados Unidos contra Venezuela».
En clave local, el documento condenó situaciones críticas específicas: la orden de desalojo de la fábrica La Litoraleña en Buenos Aires, la amenaza de reventa de Gráficos Asociados en Mendoza y el corte de suministro de gas a la Cristalería Vitrofín en Santa Fe.
De cara al futuro, y ante las crecientes dificultades logísticas y el aumento de tarifas, se acordó que la próxima cita internacional podría celebrarse recién en julio de 2027, con Chile, Bolivia, Uruguay o Italia como posibles sedes, siempre que las condiciones políticas permitan sortear la «creciente persecución por parte de la extrema derecha».





